Según Metroscopia, Albert Rivera ganó el pasado debate de investidura, a pesar de no presentarse al cargo, y aunque encuestas las hay para todos los gustos, no parece que ésta ande muy desencaminada, lo que tiene mucho mérito, pues él no era en absoluto la estrella, sino más bien el comparsa que acompañaba a Sánchez, y tenía el riesgo de quedar muy desdibujado. Puede que según avance el tiempo, Rivera resulte ser el único candidato posible, visto que los otros dos no se tiene mucho cariño, y asistamos a una solución a lo Borgen, esa serie danesa en la que acaba gobernando el tercero en discordia, apoyado por los otros dos que antes se han desgarrado en la batalla. Un sarcasmo que recuerda a aquel episodio de “Yo Claudio”, en el que tras asesinar al César y no sabiendo a quien ceñir ya la corona, encuentran a Claudio temblando tras una cortina y le hacen nuevo emperador. Rivera no es tartamudo, ni se esconde detrás de nada, más bien muestra sus intenciones de ser el nuevo Suarez, pero lo tenía difícil si no fuera porque los que van delante se han acuchillado. En España tendríamos hace tiempo un gobierno estable si el PSOE hubiera querido hablar con el PP y acordado alguna fórmula, pero esto a Sánchez le produce urticaria, y mira a la derecha como un marqués a la plebe, mientras que a su izquierda está dispuesto a pasar por alto la cal viva, ser tratado como sicario de la oligarquía –por algunos no pasa el tiempo-, o escuchar que su partido pierda la S y la O del nombre, con lo que se quedaría en PE. Rivera sería el primer presidente catalán desde Prim, lo que es una ventaja, pues necesitamos alguien experto para encarar el asunto de allá, y él ya está entrenado. Una Cataluña que pretenda la independencia frente una España presidida por un catalán, además, sería algo incongruente. Por lo demás, presidir el gobierno no deja de ser un regalo envenenado. Es un puesto que da muchos disgustos. Que se lo digan a Rajoy, que se duele de habernos sacado del apuro y que nadie se lo agradezca. Según Metroscopia, todo el mundo quiere prescindir de él.
(Publicado Diario de Navarra 7 de marzo)
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lunes, marzo 07, 2016
lunes, marzo 16, 2015
Albert
“No queremos en Andalucía a un político que se llame Albert”, ha declarado el delegado del gobierno en esa comunidad, Antonio Sanz. “No me gusta que se la gobierne desde Cataluña”. No sabemos de dónde hay que ser y como llamarse para que le parezca bien a este hombre. ¿Hay que ser Pepe y de Chipiona, o vale con ser de Murcia? Habíamos oído acusar al Cs de ser muy de izquierdas o muy de derechas, depende, o de haber crecido a cualquier precio, pero esto es distinto. Este tipo de veto a los catalanes para acceder al gobierno es ridículo y no hace sino dar pábulo a todo el victimismo con que algunos se presentan, y a la idea de Mas y compañía de que a los catalanes, en el fondo, no se les quiere ni se les respeta y lo mejor que pueden hacer es abandonar España. Es cierto que en campaña se dicen muchas tonterías, y que el aumento de expectativas de Cs, junto con Podemos, crean alarma entre sus competidores -incluida Rosa Diez, que no da crédito a tanta injusticia- pero a Sanz habría que sacarle tarjeta roja. Poner el veto a alguien por su origen, algo que ha dado lugar a tantos abusos y horrores en el pasado, es inaceptable y recuerda, por cierto, a los feos escraches que hemos visto por aquí, en los que se ataca al alcalde por ser uruguayo –al parecer hay que ser de Pamplona de toda la vida para gobernar- y no son sino pura caverna. Lo malo, en el caso de Sanz, además, es que esta descalificación se haga con alguien como Albert Rivera y su partido, que han sido los que con más claridad e inteligencia han mantenido la oferta de un españolismo integrador en Cataluña, explicando las ventajas de vivir en común y la ruina moral y económica de la deriva independentista. Es el PP el que se ha puesto de perfil allí, y les ha dejado el campo libre. La agresividad de parte del PP contra el partido de Rivera que es, posiblemente, el único con el que le sería posible llegar a algún acuerdo tras elecciones, puede que le sirva para ganar algún voto, pero le hará perder el de aquellos que vean en estas bravatas algo revelador.
(Publicado DN 16 marzo)
(Publicado DN 16 marzo)
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