La posible entrega a Bildu de la alcaldía de Pamplona ha tenido mucha repercusión en los medios por las torpes y ofensivas palabras de Iglesias, acusando a los regionalistas de corruptos y de servirse del dolor de las víctimas, lo que ha indignado en especial a María Caballero, quien es claro que no está ahí para servirse de nada, sino para poner voz a lo que su padre defendía y no le dejaron, lo cual es una de las causas más nobles para estar en política, y tiene además razones para desconfiar de la solvencia democrática de Bildu y de su sensibilidad ante las víctimas, quizás ahora más que nunca, porque este grupo ha tenido una buena oportunidad para quitarse de encima estas suspicacias y acreditar que estamos de verdad en un nuevo tiempo y no lo ha hecho. Bildu cuenta con un candidato a alcalde que ya en el año 1998, tras el asesinato de Tomás Caballero, firmó, como hemos sabido, una carta condenándolo -algo que alguno de los que se van a sentar con él no han hecho todavía, lo que supone una corrupción moral, por cierto, mayor que la económica- pero que, lejos de mostrar orgullo por ello; en vez de invocar esta carta como coartada de su distancia con aquellos que no respetaban la vida; teniendo la mejor prueba de que él siguió otra trayectoria y tiene otro talante; en vez, en fin, de sacar pecho, es como si se avergonzara de ello y temiera pasar por tibio ante los suyos y ahora resulta que no se acuerda de haber firmado aquella carta, sino que sufre amnesia selectiva, dice que no sabe en qué contexto lo hizo –como si fuera posible olvidar el contexto de aquellos días- y que todas las violencias son rechazables etc. Que distinta esta posición, que resulta tan vieja y frustrante, de lo que acaba de hacer Urkullu, por ejemplo, pidiendo perdón por haber tardado tanto en comprender el dolor de las víctimas. Eta se va diluyendo en el pasado y hay una especie de amnesia colectiva, un querer pasar página y superar el pasado. El tiempo parece borrarlo todo y no se puede nada contra él. Solo ciertos olvidos resultan imperdonables.
(Publicado DN 8 junio)
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martes, junio 09, 2015
miércoles, mayo 20, 2015
Contexto
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Como si necesitara hacer méritos, y para que no queden dudas, Joseba Asiron, candidato de Bildu a la alcaldía de Pamplona, matiza ahora su apoyo a la condena que firmó en 1998, de la que dice no acordarse (véase la entrevista en DN), por el asesinato del concejal del ayuntamiento, Tomás Caballero. "No recuerdo en qué contexto fue", dice, como si alguien de su edad en Pamplona pudiera no acordarse de algo así; como si para estremecerse por la muerte a sangre fría de un oponente politico por denunciar el matonismo de ETA, hiciera falta un determinado contexto. "El contexto de los días posteriores al asesinato" le recuerda la entrevistadora, a ver si refresca la memoria "Pues no lo recuerdo" insiste Asiron, para largarnos luego la piadosa letanía de que todas las violencias son rechazables y que, lo mismo que de Eta, espera del Estado (tanto monta) un proceso de reflexión y de autocrítica y que no piensa entrar en una "dinámica de condenas".
Este es el mensaje que se manda sin complejos a los votantes, para que no tengan duda de qué significa su voto. Este es el contexto.
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