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martes, abril 07, 2020

Diario de un confinamiento XIX. Dos palabras sobre Lacan

El psicoanalista Jacques Lacan
Pedaleando, he escuchado un podcast sobre el semanario XX de Lacan, Encore, en que habla del amor, que es el primer seminario con que me batí, hace mucho tiempo y me he preguntado cual es la enseñanza que puede sacarse de Lacan en estos momentos. Lo primero que me viene a la cabeza es la palabra abandono. Este no es momento de abandonarse, de dejarse llevar, de perderse. Es momento de mantener el deseo, de doblar la apuesta, de seguir haciendo lo que hay que hacer, aunque haya que hacerlo de otra manera. Más que nunca se trata de plantar cara a esa tendencia autodestructiva que nos habita, que despierta de pronto y nos pide abandonar.  Esa pulsión malsana que nos enferma, la deriva a la que llamamos tristeza, depresión, dificultad. Eso que no anda.  A Lacan le llamaba la atención cómo los hombre se abandonan y son fácil presa de espejismos, van detrás de señuelos, persiguen lo que no deben; la facilidad con la que logran que su vida se desperdicie. Pudiendo vivir bien, optamos por hacerlo mal. Pero ¿por qué me empeñé en aquello?  ¿Cómo es que dediqué tanto tiempo a lograr esto que ya no quiero? ¿Porqué, no hablé nunca? ¿Por qué no planté cara?, son las preguntas que se hacen demasiado tarde. Es cada uno quien se boicotea a sí mismo, quien pudiendo cambiar persiste en lo mismo, en la repetición, en la queja y en no querer saber. Para muchos hombres, venía a decir Lacan, la vida se juega sin ningún interés, y el poco de realidad que encuentran al final no afirma otra cosa sino haber sido decepcionado.
 En este no abandonarse, pues, está en juego el poder dotar a nuestra vida de dignidad,  creer que vale la pena, perseguir algo, saber de uno mismo -un saber que no entrega fácilmente, decía Lacan- y del mundo, porque por mucho que a veces ese saber sea decepcionante, mucho peor es la ignorancia que nos hace vivir ciegos, a expensas de los demás, llevados por la corriente 
La segunda cosa que me remite a Lacan en estos momentos es la palabra angustia: eso que puede aparecer en estos momentos de desasimiento, de no saber que puede ocurrir, en que vivimos con  la amenaza de algo que no controlamos, ante lo que la ciencia, las instituciones médicas, la política, todos los emblemas del saber y el poder, como un padre de pronto débil,  no son suficientes, no nos dan  garantía.  La angustia para Lacan, sin embargo, tiene siempre algo positivo, no miente -donde hay angustia hay verdad, escribió-, es una puerta que se abre; por eso no debe ser rápidamente callada, medicada, respondida, tranquilizada, ni cabe atribuirle de inmediato un sentido. Se trata más bien de aprovechar la oportunidad que nos brinda de que pueda surgir algo nuevo.

jueves, febrero 26, 2015

La tierra baldía

"No hay, en el siglo XX, una obra que concentre con tanta intensidad todas las ideas preconcebidas acerca de lo que se entiende por poesía moderna como La tierra baldía, un poema que ha llegado a encarnar no sólo una imagen devastada de su tiempo, sino también una teoría de la tradición exhausta, a la vez que ha propuesto un paradigma de complejidad, oracular e intimidante, que ha generado una especie de ansiedad interpretativa por donde han transitado todas las escuelas críticas, desde el formalismo y el estructuralismo hasta el psicoanálisis y el feminismo", escribe Andreu Jaime, prologuista y traductor de la nueva y bella edición que saca Lumen del célebre poema de Eliot.
Tradición exhausta. Paradigma. Ansiedad interpretativa.
Las palabras del prólogo, complejo y certero, me vinieron  el  sábado a la cabeza cuando,  a pesar de la temible mañana de nieve,  fui  al seminario, en San sebastián, y releyendo a Lacan (Seminario 10, La Angustia) encontré de pronto una referencia a La tierra Baldía, una cita que le sirve para ilustrar la vieja teoría de la superioridad de la mujer en el plano del goce. Lacan se detiene  en un pasaje del poema, el del pobre muchacho chupatintas, que se marcha tras su pequeña aventura con la secretaria,  allí donde se dice:

 Cuando una bella mujer se abandona a la locura
para acabar encontrándose sola
 surca la habitación alisándose los cabellos
 con una mano automática y cambia el disco.