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El escritor Javier Tomeo |
Un día que estábamos en la terraza frente a la playa en Cadaqués, tomando un perfumat -que es la palabra elegante que el catalán tiene para referirse al carajillo- aludió a que le habían sugerido desde el periódico que se ciñera más a la actualidad (no atenerse a ella es la máxima aspiración de un columnista, por cierto; lograr el artículo redondo que no hable de nada) y me contó que había mandado uno hablando de un cuervo, tras una larga serie dedicada a pájaros, del que estaba muy orgulloso, pero que el director (fastidiado seguramente por estar en agosto trabajando) le había sugerido que, ya que estaba en la playa, podía hablar algo del verano y las vacaciones. Tras el perfumat, Tomeo me dijo que le esperara un momento y se fue al hotel. Volvió enseguida, sonriente, pidió otro perfumat y dijo que todo estaba solucionado. Donde hablaba del cuervo en el artículo había añadido: que ese año no había salido de vacaciones y el resto seguía igual
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