jueves, septiembre 21, 2017

Diario de Hendaya (10)

Hotel Broca




Tratando de evitar el tapón de coches me meto por el interior del pueblo y paso junto al "Hotel de la Gare", el antiguo Hotel Broca, donde Unamuno pasó la friolera de 4 años desterrado, sin volver a España. Desde este hotel, próximo a la estación, salía a pasear por Txingudi para ver del otro lado Fuenterrabía, y aspirar el aire de España. Quedan un par de fotos en las que se le ve sentado en una barca, posando apoyado en un bastón. Aquí en Hendaye escribió -o reescribió-  su libro "Cómo se hace una novela", que en absoluto explica tal  cosa y además, puntualmente, casi a diario,  añadía alguna entrada a su “Cancionero”, un largo compendio de pequeños poemas, una especie de diario en verso. Intuiciones, juegos de palabras, paisajes, visiones, lírica y política, España y Dios. Cosas del momento. "Nada dura más que lo que se hace en el momento y para el momento", escribe. Durante su estancia se publican además varios libros suyos fuera (entre otros la Agonía del Cristianismo), colabora en revistas y conspira sobre los asuntos de España. Entre el año 1925 al 1930, se opone a la dictadura de Primo de Rivera encarnizadamente, y es desterrado primero a Fuerteventura, desde donde escapa a Paris  y luego a Hendaya. Es un Don Quijote luchando a brazo partido. El Directorio militar español intenta convencer a Francia para que lo aleje de la frontera y recibe visitas conminatorias, pero se niega a marchar. En el Broca escribe, lee tumbado en la cama y sale pasear. Lleva siempre el mismo traje, ahorra  y muy de vez en cuando recibe la vista de su mujer y alguno de sus hijos. Al cabo de un tiempo no se sabe si sigue en Hendaye por obligación o por cabezonería. Parece que al gobierno no le importa su vuelta, le viene mal la insistencia de su exilio, pero tampoco parece dispuesto a devolverle la cátedra y él no quiere  dar su brazo a torcer. Solo volverá con la caída de Primo.  En Hendaya tiene una tertulia de  españoles exiliados o de paso  en un café junto al  ayuntamiento. El pintor Juan de Echeverria, durante un tiempo,  viene todos los días de San Sebastián, en el Topo, para  pintarle un retrato. A fin de cuentas, a su más de 60 años, es una figura venerable. Siempre ha sido y será un  profeta. En ningún momento este hombre testarudo, complejo, entregado siempre a graves disquisiciones, sorprendente y prolífico,  consta que se hubiere acercado a la playa de Hendaya que tenía allí al lado. Es difícil pensar en él en traje de baño. Se trata sin duda de una  frivolidad poco adecuada para un exiliado que está lejos de su familia y ocupado en graves asuntos. En realidad, en el más importante:  en él mismo.   "Sí, toda novela, toda obra de ficción, todo poema, cuando es vivo es autobiográfico", escribe en su "Como  se hace una novela". 

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