martes, mayo 27, 2014

Toros

Varias asociaciones taurinas, justamente indignadas, han pedido que se ponga coto a los comentarios en contra de los toreros, tras la dramática corrida de las Ventas en que los tres espadas terminaron en la enfermería después de ser corneados -Víctor Mora de manera escalofriante, tras recibir al toro a puerta gayola-, y la corrida hubo de ser suspendida. Los rastreros comentarios de Twitter se felicitaban del dolor de los toreros, aplaudían al toro y se prodigaban en desprecio y odio, algo parecido a lo que apenas una semana antes había pasado con la muerte de  la dirigente política del PP de León, alegrándose de su muerte y pidiendo que cundiera el ejemplo, en un peligroso extremismo antipolítico.  Es como si las nuevas tecnologías permitieran sacar a la luz lo que antes estaba oculto, latente, escondido por pudor o por miedo: el odio al semejante, el deseo de que le vaya mal, la envidia y la necesidad de humillar al otro y hacerlo sufrir. Seguramente esto es parte de lo que somos, la parte que tenemos que combatir, renunciar e inhibir, pero el impudor de la época y las oportunidades de difusión y de anonimato de las tecnologías han creado esta epidemia insoportable. El caso de lo ocurrido con las corridas de toros, además, es especialmente  indignante pues se ampara mucha veces en una defensa de los animales, en una causa noble. En España siempre ha habido una anti-taurinismo ilustrado, un debate entre visiones irreconciliables, una lucha de  argumentos. Estar o no a favor de los toros, era una forma de definirse y de entender el país.  Hoy en día hay una parte importante de de la sociedad que no entiende ni ve sentido alguno a la fiesta, y le parece algo cruel e injustificado.  Pero esto que se muestra  en Twitter estos días es algo distinto y más  peligroso, algo burdo y rechazable, porque bajo el amparo de un supuesto amor a los animales, se esconde un  odio cierto a los más cercanos, los hombres,  aquellos a quienes nos debemos en primer lugar.   Algo profundamente inhumano.

(Publicado DN 26 mayo)

jueves, mayo 22, 2014

Noche en blanco

1,8 millones de espectadores vieron algo del debate en La 1 entre Cañete y Valenciano, lo que lo coloca en un triste puesto 13 de los programas más vistos del día. El debate desplazó a la serie Cuéntame, que muchos echaron en falta y que el jueves anterior contó con mayor  audiencia. La noche del debate, los espectadores optaron de forma mayoritaria por ver el estreno en Telecinco de “Resurrection” que obtuvo nada menos 4,6 millones de espectadores. Esta serie cuenta lo que sucede en un  pueblo de  Missouri llamado Arcadia, cuando sus muertos comienzan a resucitar de forma repentina. Una de zombis, vaya. En el capitulo un muchacho despierta en un arrozal chino y no sabe que hace allí. Otro vuelve a su casa natal siendo todavía un niño y descubre a sus padres ya ancianos que no le reconocen.  Nada que ver con la realidad, lo mismo que el debate que se emitía a esa misma hora,  donde había que frotarse los ojos para reconocer a un Cañete que había abandonado toda esa cercanía y espontaneidad que le hizo el ministro mejor valorado,  para hacer de zombi consultando unos papeles y no saliéndose del carril marcado.  ¿Recuerdan a  Zapatero? De ahí vienen  todos los males, era el mantra. La actuación de Cañete  logró que Valenciano brillara de pronto, aunque fuera un poquito, como si no terminara de creérselo. La estrategia de Cañete era la noche en blanco. Pero, ¿por qué se comporta así este hombre? era la pregunta de algún espectador antes de emigrar a Arcadia. La respuesta la dio el mismo Cañete al aclararnos que se trataba de una sofisticada estrategia electoral. Es difícil hacer un debate con una mujer, ha dicho, porque mostrar superioridad  intelectual les parece machista.  Dicen que Cañete será Comisario de algo una vez pasado este engorroso trámite electoral. Suponemos que entonces brillará con luz propia sin tener que disimular su valía.  “Si soy yo mismo me quemo” ha dicho también, intentando defenderse de algunas críticas por su papelón.  La verdad es que todo esto es muy raro, casi retorcido.  Al lado de esto Arcadia y sus misterios alucinantes parecen cosa de niños.

(Publicado DN 19 mayo)

lunes, mayo 19, 2014

Glamur

Cesar Antonio Molina (CAM), antiguo ministro de Cultura, ha publicado un  libro dedicado a las relaciones siempre tensas entre el  poder y los intelectuales: “La caza de los intelectuales”, de cuya presentación se ha resaltado una frase con muy mala leche, propia de esos mensajes  envenenados  que se dedican entre sí los políticos, a menudo los del mismo partido, y ha dicho que Zapatero, al dimitirle, le explicó que necesitaba una chica joven y más glamur, algo que en esta campaña europea, con una candidata que se presenta como campeona de las mujeres, no deja de tener su cosa. En realidad Molina, quien fue ya un director del Cervantes eficaz y un ministro muy activo, le debe a Zapatero haberse convertido en un escritor  prolífico desde que su carrera política naufragó, y ahora se le escucha decir cosas certeras, entre ellas algo que parece cada vez mas obvio, que la ignorancia nos llevará a la miseria como la falta de lluvia conduce al desierto. Sin interés por la cultura, como dice CAM, se van desertizando zonas que son invadidas por el puro espectáculo.  La falta de  cultura nos hace manipulables y sin recursos, creyentes de cualquier tontería, planos como una tabla de planchar. La cultura es la mejor manera de salir adelante y mejorar como país. Pero más allá de esto, en realidad la cultura es una necesidad egoísta. Antes de este libro sobre los intelectuales,  CAM escribió “Lugares donde  se calma el dolor”, en el que habla sobre lugares donde encuentra la serenidad, casi siempre ligaos a poetas o referencias a lo que ha visto y leído. La cultura no es la salvación, pero sí  una forma inteligente de estar en el mundo,  de disminuir el dolor de la existencia, de plantar cara  a la muerte, lejos de la huida  y la pura distracción del existir. Puede que siempre haya faltado interés en ella, pero esta falta de prestigio social de la cultura es algo nuevo y peligroso. CAM  cuenta que un día le recriminaron por un discurso en la campaña.  Nada de citas ni de referencias históricas, le dijeron. No conviene manifestar un mayor conocimiento que los presentes. En realidad querer elevar el listón es antipopular, dice. Que vienen los bárbaros.

(Publicado en DN 12 mayo)

miércoles, mayo 07, 2014

Opiniones

La NBA ha expulsado de por vida al dueño del equipo de los Clippers, el multimillonario Donald Sterling, por sus comentarios racistas al reprochar a su novia mejicana haber aparecido en una foto con Magic Johnson. “Me molesta mucho que difundas que te estás relacionando con gente negra”, le dijo. Pese a que Sterling no  ha podido todavía defenderse y la legalidad de la grabación esté en entredicho, la Liga ha tardado muy poco en sancionarle  con 2,5 millones de dólares y enseñarle la puerta de la calle, lo que muestra la sensibilidad -a veces un poco hipócrita-, que existe allí contra el racismo, la discriminación y los derecho de las minorías. Algo de eso hemos visto aquí con el penoso incidente del plátano lanzado a Alves y los 21 detenidos por aplaudir el terrorismo en Internet y denigrar a las victimas, entre ellas a Miguel Ángel Blanco o Irene Villa, de una forma zafia y ofensiva, lo que prueba que también se puede ser criminal  con las ideas y las opiniones,   y que éstas, en contra de los que muchos creen, no son siempre algo inofensivo y digno de respeto.    No todas las opiniones, ni todas las  ideas son respetables. Nada puede ser tan peligroso como las palabras. Sin llegar a los extremos de Sterling o de los filoterroristas de la red, hay opiniones peregrinas, caprichosas o de escaso valor, que merecen ser combatidas y no dadas por buenas como si fueran solventes. Decir que cada uno tiene su opinión y encogerse de hombros, es una forma de rendirse, de decir que todas valen lo mismo, lo que es una aberración. Como bien dice Aurelio Arteta, en su lucha contra los tópicos, hay que faltar el respeto a las ideas, no a las personas. A las ideas hay que meterles el dedo en el ojo y si es preciso abrirlas en canal para verles la trampa.  La democracia no consiste en que cualquier tontería deba tener estatus de verdad, ni que todo valga lo mismo. Las ideas racistas, xenófobas o denigratorias con las víctimas, el ofensivo desprecio racista de un dirigente deportivo, no pueden quedar impunes. Difundir el odio es más grave que robar un supermercado y bastante más contagioso. 

(Publicado DN 5 mayo)

viernes, mayo 02, 2014

Ganivet


Se trata del retrato de Ganivet pintado en 1897 en Granada por Ruiz Almodovar, asiduo al tema de los jardines por influjo de Rusiñol. El escritor era miembro en Granada de la tertulia del avellano.   El cuadro se encuentra en el museo granadino de La casa de los Tiros.

martes, abril 29, 2014

Helsinki

Aprovechando el largo día de Helsinki, a donde he venido a parar estos días, subo a la pequeña colina del observatorio, junto al barrio de Eira, el de las embajadas, desde donde se contempla la ciudad extendida, las pequeñas islas que salpican el mar,  las dos catedrales de la ciudad, ortodoxa y luterana, las grandes casas modernistas y pienso en el escritor Ganivet, que estuvo aquí de cónsul y que habla de esta vista en alguna de sus páginas. Ganivet es un escritor que anuncia la generación del 98, la preocupación por España, la extrañeza por ese país derrotista, dividido, irreconciliable consigo mismo y que él  define como senequista. Ganivet fue cónsul aquí, cuando Finlandia pertenecía a Rusia y al cerrarse el consulado pasó a Riga. Allí una fría mañana de invierno, justo el día en que llegaba su amante desde España, se tiró a las heladas aguas del Báltico y se ahogó. Dicen que desde el barco lograron salvarlo, pero al ser  izado de nuevo a cubierta, volvió a tirarse de nuevo y desapareció. Tenía poco más de 30 años. Puede que este terrible final haya beneficiado a Ganivet, y le haya hecho entrar en los libros de historia y en esa lista de escritores suicidas y atormentados que atraen mucho. Pero en su muerte siempre se ha visto también un acto de protesta, una declaración  de pesimismo ante el futuro de su patria,  una revancha frente al amiguismo y la falta de reconocimiento del mérito que presidían la vida política y literaria del momento. Ganivet era un hombre de mucho talento, pero que decidió desperdiciarlo. Ganivet habla mucho de Finlandia  en sus textos. En cierto modo este norte laborioso y ordenado, de rigor luterano, es todavía el negativo de España y hace pensar en Ganivet. Hace sol estos días en Helsinki,  y la gente  saca a los niños por el parque cantando a su encuentro. En el supermercado, hay filas donde uno puede cobrarse  a sí mismo, pasando los productos por el lector, a solas con   su conciencia,  a cuya cuenta acostumbran a confiar aquí las cosas.

(Publicado DN 28 abril)

martes, abril 22, 2014

Soledad

Muchos años más tarde, frente a la hoja de periódico que anunciaba su muerte, habría de recordar el día en que fui a comprar su libro. Era una mañana fría de primavera, y en la librería vacía la portada con las letras azules destacaba mirándome de frente desde la estantería. Entonces no me fijé, pero al llegar casa noté que una de las letras del título, una E, tenía una errata y miraba al lado contrario, hacia la izquierda, y recuerdo que pensé ir a cambiarlo, sin caer en cuenta que ese error podía ser a posta o, como me enteré luego, una rareza que daba al libro un halo de coleccionismo. En las semanas siguientes, mientras lo leía, fui en algún momento hacia atrás e hice un croquis con los personajes, todas aquellos Úrsulas y Aurelianos, para hacerme cargo, pues yo aun pensaba que en una novela se cuenta una historia certificable y que es preciso ubicarse en ella como en la propia familia. Pamplona, entonces y desde luego ahora, tenía poco que ver con Macondo. Todavía había tipos airados que tiraban cocteles molotov contra el escaparate de El Parnasillo por exhibir libros poco recomendables, algo que a día de hoy produce cierta melancolía, pues quería decir que daban al libro un gran poder. Algo parecido a aquellos dictadores que también se empeñaban en prohibir la letra impresa. Nada de esto ocurre ya hoy, no hay ningún poderoso que se moleste en prohibir algo que apenas puede hacerle daño. Nunca un libro volverá a tener la importancia de Cien años de soledad en las librerías, nunca un muchacho en una ciudad pequeña se acercará trémulo a unas páginas como si fuera a recibir la buena nueva. No hay hoy un lugar en el mundo donde un libro pueda competir con la proliferación de imágenes y mensajes, con el share de las audiencias y el aluvión de datos de internet, en el que es imposible discriminar donde se encuentra algo válido y potente capaz de cambiarnos de una vez. Eso ya no existe. Existe Macondo en la mente de muchos lectores, existe la mañana luminosa en que encontramos un libro y moramos la poblada soledad que es leer y que nos suspende en el tiempo.
(Publicado Diario de Navarra 21 abril)

miércoles, abril 16, 2014

martes, abril 15, 2014

Reformas



Manuel Valls, nuevo primer ministro francés,  ha anunciado su intención de reducir el número de regiones  de Francia a la mitad, de 27 a 12 ó 13, en el marco de una gran reforma del Estado y la administración local y departamental. Esta disminución se haría mediante fusión de regiones –en caso de no haber acuerdo, la decisión sería del Estado-  y busca, por encima de  cualquier otra cosa, un mayor ahorro y eficacia.  Proponer algo así en España, es lo primero que uno piensa, sería imposible, un sacrilegio, algo fuera del debate político. Imaginemos al gobierno central reorganizando el mapa y fusionando a unos y otros.   En realidad en Europa las cosas van en sentido opuesto a lo que ocurre aquí, y lo que se lleva es el fortalecimiento de las grandes naciones que intentan unir al conjunto de  los  ciudadanos para afrontar los grandes problemas comunes. Desde que Valls fue nombrado, tras la derrota socialista, por ejemplo, ha prometido reformas radicales  que pasan por grandes recortes -50.000 millones en los próximos años-,  pero también una importante  rebaja de impuestos y cotizaciones sociales. Su proyecto político es el de un patriotismo francés que haga reaccionar al país  frente al miedo ante el futuro. No está mal para el hijo de un inmigrante  español. Algo parecido sucede en Italia, donde la llegada de Renzi ha traído también un aire reformista desconocido en un país que vive en crisis política permanente,  hasta el punto que,  como dijo alguien, allí la situación siempre es grave, pero no seria.  Renzi se ha comprometido a una serie de cambios radicales y cada mes quiere adoptar una gran reforma. De momento, ha limitado el sueldo máximo de los políticos y ha logrado llegar a un acuerdo de reforma electoral con Berlusconi, que fortalece el bipartidismo y limita la influencia  de los partidos pequeños, para hacer un país más gobernable. Como Valls, el izquierdista Renzi  ha propuesto una rebaja de impuestos a quienes  ganan menos  de 1.500 € para “que los padres puedan ir con los hijos a la pizzería”.  Bienvenidos a Europa.
(Publicado DN abril 2014)


martes, abril 08, 2014

Foto

El fotógrafo Pedro Armestre ha ganado el premio Ortega y Gasset de periodismo con una foto del encierro de Pamplona tomada la mañana del día 7 de julio pasado, donde se ve la calle Estafeta desde arriba repleta de corredores, la gente que llena los  balcones mirando pasar a esa masa imponente que hace que los toros no lleguen a distinguirse.  La foto está tomada desde el comienzo de la calle que, como un embudo, recoge ese río que fluye, casi sin cauce.  Alguien que no tuviera noticia  de qué va un 7 de julio en Pamplona,  no podría entenderla.  Para ser una foto del encierro no es habitual, pues no se ven cogidas, lances peligrosos ni caras de susto, sino puro gentío. No es una foto dramática, sino que muestra lo obvio: la masa, la falta de espacio, la aglomeración de un amanecer de verano, en el que el sol acaba de colarse y tiñe de amarillo un lado de la calle, de tal modo que al verla uno no se explica como es posible que aquello se mueva.   Es un cuadro de claroscuros, de colores vivos, de grandes contrastes. Recuerda quizás  a esas pinturas de desfiles pasando por la calle con banderas y uniformes, en los que casi se escuchan los vítores desde los balcones. Solo le falta algo de  olor y el chillido de los vencejos desde el cielo.  Trapiello, que ha comentado también la foto en su blog,  ha dicho que está a medio camino entre Canaletto y Blade Runner, pasando por Quo Vadis y que es una foto que despertará en unos el deseo de ir a ese lugar y a otros, aborrecerlo, que es el todo o el nada que acompaña a los sanfermines.  Al verla, uno entiende que tratar de ordenar algo así es como poner normas en la estampida de un incendio.  La imagen recuerda otros sitios donde las masas son protagonistas: los fieles en la Meca dando vueltas en torno a la Kaaba, o el baño de multitudes  en el Ganges.  Pero son quizás lo balcones de la parte izquierda de la Estafeta, con esa luz dorada que los baña, lo que dan a la foto un toque de alba prodigiosa, de día recién estrenado, de comienzo de la fiesta y del mundo, cuando las promesas  están intactas y todo está por llegar.
(Publicado DN 7 abril)

viernes, abril 04, 2014

Ida

Michel Haneke (el director de La cinta blanca, y Amor)  dijo en la entrega del Premio Príncipe de Asturias de las artes, que el cine es el arte mas joven, pero el mas potente, y que sus efectos en el receptor no se pueden comparar con los de un cuadro o la musica, por ejemplo. El cine tiene una gran capacidad de avasallamiento, de someter al espectador, dejandolo a su merced,  mediante un lenguaje muy efectivo. (Vemos un helicóptero ametrallando a un grupo de campesinos, y no podemos dejar de mirar). Cierto tipo de cine nos atrapa y nos absorve y nos puede llevar a donde quiere.  El cine puede ser el gran manipulador.
Ida es un pelicula que renuncia a ese poder efectista, absorvente y avasallador del cine. Una pelicula de planos fijos, en blanco y negro, sin trucos ni efectos especiales. La protagonista parece, en alguna toma, sacada de un cuadro de Vermeer. El personaje que la acompaña, esa mujer atormentada y destructiva, compone con ella una pareja dramática . Una monja en Polonia, años 60, en busca de un pasado familiar. 
Solo prescindiendo del poder se es de verdad poderoso.


miércoles, abril 02, 2014

Reirse

La kale borroka ha sido objeto de broma en la película que arrasa en taquilla, 8 apellidos vascos, que todavía no he ido a ver (he visto los trailers, y he seguido “Vaya semanita”, me hago una idea)   pero a la vez se vuelve a hablar de su reaparición con la bronca tras las marchas sobre  Madrid y la huelga de estudiantes en Pamplona, donde grupos de jóvenes atacaron a la policía y destrozaron locales, como si volviera de nuevo la ira de esos encapuchados que parecen en guerra con el mundo.   Si Eta siguiera activa, ha dicho Emilio Martínez  Lázaro, el director de 8 apellidos, no hubiera hecho la película. Seguro que entonces le hubiera parecido mal frivolizar con algo que, aunque a veces se presentaba como  gamberradas de chicos, respondía a la decisión de la propia Eta de desestabilizar y atemorizar a la población, utilizando la frustración y la ira inoculada a algunos jóvenes,  además de servir de cantera de nuevos terroristas.  Pero lo cierto es que  tampoco con la Eta activa había mucha gente que se animara a reírse abiertamente de cualquier rasgo considerado propio de lo vasco y parodiarlo como se hacía con  otras cosas. Con lo vasco, ni una broma, era una norma que casi nadie osaba retar. Recuerdo que cada vez que venía Els Joglars  a  Pamplona nos llamaba la atención su corrosiva forma de de reíse de la retórica catalanista, y con todos los símbolos que le son mas preciados, desde la moreneta hasta el Barça y no digamos con la figura de Jordi Pujol, al que ridiculizaron con saña en Ubú president, donde el molt honorable  aparecía en escena revolcándose con un bandera catalana.  Si algo así se hubiera hecho con  la ikurriña,  todas las risas  se hubieran  helado de pronto.  Aquí nos reíamos mucho con  el tricornio, y la caspa española, que salía gratis, pero a la caspa propia, ni tocarla. Reírse por fin de tener 8 apellidos vascos está muy bien y es liberador,  como si  de pronto fuera posible tomarse a broma lo que antes despertaba un temor  reverencial.
(Publicado DN 31 marzo)

lunes, marzo 24, 2014

Lumbre

Cuando muere, o está a punto, alguien como Suarez, los periódicos y televisiones desempolvan las necrológicas que tienen preparadas,   y en esos resúmenes de una vida tan intensa, que ha tenido la paradoja de desaparecer del todo en la memoria de su protagonista, hemos podido ver la figura de un Suarez que en todo este tiempo apenas ha cambiado de talla de traje, y que casi siemrpe sale fumando, echando humo en esas reuniones con Carrillo junto a una mesita, o en aquellas del consejo de ministros en las que sobre la mesa había una decena de muertos de Eta, un general secuestrado, y un montón de airados brazos en alto,  por no hablar  de sus tiempos de camisa azul, cuando todo lo que pasaría después era inimaginable,  o con esa expresión  tensa  que se convirtió en un suspiro de alivio, cerrando los ojos, cuando las cortes franquistas acuerdan su defunción, así, una tras otra desfilan en la pantalla esas imágenes en las que reparte sonrisas, o departe con un rey que parece un primo más alto y rubio, hasta  su aparición el día que dimite por la tele, desencajado, tras la cual, siempre, inevitable, llegan las tomas del 23F en las que se niega a tirarse al suelo cuando Tejero lo ordena, algo que todavía lo sigue engrandeciendo, como bien contó Javier Cercas en su libro sobre aquellos días, en los que se le hace por fin justicia.  De ese 23F  le he oído ahora hablar a Suarez en una entrevista que han repuesto,  en la que dice que no se tiró al suelo porque eso  no puede hacerlo un presidente y en la que explica que ese día, estando retenido,  para medir si conservaba cierta  autoridad sobre los guardias que le custodiaban, se levantó, como no, para pedir tabaco -aunque yo llevaba tabaco, aclara- y como el guardia no dijo nada, se levantó otra vez a por lumbre -aunque llevaba lumbre, dice- y tampoco el guardia le dijo nada. En ese juego de hacer un movimiento para ver la reacción; en ese tentar la suerte y tomar nota,  puede que esté  toda la sabiduría política de Suarez, que se arriesgó a dar pasos mirando de soslayo a todos los que le vigilaban, implacables, como si avanzara por un campo de minas.
(Publicado DN marzo 2014)

viernes, marzo 21, 2014

Calor



Esta es la historia de un verano en el que hizo en Londres un calor espantoso durante muchos días, la hierba amarilleaba y la gente iba sofocada a todas partes, y este calor opresivo es el marco sofocante de una trama  donde  en las primera página vemos cómo un tipo recién jubilado se despide de su esposa para ir a comprar el periódico, como todos los días,  y desparece sin dejar rastro,  no se vuelve a saber de él; esto es un buen detonante para una historia,

porque da lugar a que aparezcan los distintos personajes, en este caso los tres hijos que vuelven a encontrarse con su madre, y de los que vamos descubriendo su pasado,  la red de afectos y desencuentros que el tiempo ha ido tejiendo entre ellos: es claro que el padre ha sido un hombre metódico, cumplidor en su trabajo, pero un tanto ausente, como suelen serlo los padres,  apenas se habla de él en la novela, los que aparecen son  la madre: una enérgica mujer irlandesa muy católica, que  no entiende lo que los hijos han hecho con su vida, y los tres hermanos que ahora vuelven a encontrase y recordar el tiempo pasado, las distintas maneras en que sobrellevaron a esa madre un poco excesiva  por la que sentían vergüenza y que se vino abajo cuando dio a luz a la tercera hija, una niña que no paraba de llorar, inadaptada, agresiva,  llena de  problemas desde el principio, de los que la hermana mayor  intentó proteger a la  madre, mientras el chico iba  a lo suyo. Se trata de una historia familiar, cualquier historia en realidad lo es, nuestro destino se juega en ese entramado,  en lo que hacemos con ello, pero es difícil contarlo con la agudeza y profundidad con que lo hace Maggie O´Farrel en “Instrucciones para una ola de calor”, un libro lleno de detalles certeros y de sentimientos creíbles, muy lejos de la impostura habitual. Leyendo a O´Farrel he pensado si la suya no tendría que ver con una forma femenina de contar las cosas, de detenerse en aquello en lo que un hombre no suele reparar, de fijarse  en lo que hay detrás de lo que nos deslumbra.  

martes, marzo 18, 2014

Conocer a una mujer


Henning Mankel dijo que le gustaría escribir un libro policiaco en que no hubiera crímenes. Este es un  libro de un espía que ya no espía,  tan solo recuerda algun detalle de su ultima misión frustrada. Ahora vive en un barrio de Tel Aviv con tres mujeres: su hija, su madre y su suegra, a quienes apenas conoce. Es un libro de hace años donde se leen bellos nombres hebreos: Ramat Lotan, Metula, Yoel. Oz es de Jerusalén y perdió un hijo en la guerra del Líbano. Leyéndolo, he pensado que se nota que  el libro está escrito por un hombre, que tiene algo estrictamente masculino. Conocer a una mujer, esa es la cuestión.

lunes, marzo 17, 2014

Crocus

Hace unas semanas A. me envió la foto de un crocus que había visto en el pirineo y que, según él, anunciaba la cercana primavera. Hacía mucho frío entonces, y por el monte, cerca del crocus, todo estaba nevado. Pero esta flor parece ser una especie de heraldo, una anunciadora de la estación de las flores. Me pregunto que anima al crocus a arriesgarse y aparecer
Luego, A. me avisó de que en Pamplona, cerca del Planetario, los crocus habían colonizado una ladera. Hasta hoy no he podido ir a verlos. Amarillos, blancos, fucsias, los humildes crocus se desparraman sobre la hierba. Un poco más allá, los árboles del jardín japonés, junto al estanque, han optado por el rosa chillón, como si fueran de boda.  Un escándalo que   atrae a los abejorros. 

jueves, marzo 13, 2014

Gabas

Esqui de montaña.

Seymour

Nada más conocer la noticia de que el gran Philip Seymour-Hoffman, ese actor gordo de piel rosácea, había sido tan aguafiestas como para morirse en el baño de su casa con una jeringuilla clavada en el brazo, pensé en aquella película de Lumet en que trabajó: “Antes de que le diablo sepa que has muerto”, que  a pesar de tener este título imposible era una auténtica tragedia griega donde dos hermanos atracan la joyería de sus padres y las cosas van de mal en peor, y  allí el de Seymour  es un papel oscuro, el de un ejecutivo con deudas que manipula y abusa de su hermano pequeño y  que trata de escapar de la realidad inyectándose heroína, algo que a día de hoy parece una premonición, como si su vida real se hubiera trasladado hace tiempo a la pantalla, que es donde  este actor distinto, hipnótico, ha brillado durante un tiempo demasiado corto. Recuerdo cómo logró empequeñecerse y afilar su voz para parecerse a Capote, o cómo encarnó a ese cura repleto de ambigüedad en “La duda”, donde no sabíamos si se trataba de un abusador o éramos nosotros, como Meryl Streep los que nos pasábamos de listos. Ahora Seymour ha muerto en un retrete por una sobredosis de heroína, como si todas esas cosas en las que ciframos nuestros deseos: la fama, el prestigio, los premios, el dinero,  no sirvieran  nada;   como si justamente  tenerlo todo  fuera el peor de los negocios. Cómo explicar, si no, que Seymour apostara todo lo que tenía contra un goce mortífero más potente que cualquier otra cosa, como si fuera  uno de esos personajes que bordó, llenos de dobleces, atormentado, tan débil detrás de su fachada de autosuficiencia, que sale a la calle de pronto a por una papelina de heroína para abandonarse y olvidar. Creíamos que el caballo era una droga pasada de moda, la de los viejos heroinómanos de los 80,  esos santos mártires yonkis que cantaba Berrio, que murieron de sida o de sobredosis, pero ahora vuelve por sorpresa con este tipo brillante en la cima de todo que sonríe desde la pantalla, su mechón rubio, sus pequeñas manos moteadas,  para siempre.
(Publicado DN)

miércoles, marzo 12, 2014

La gran belleza

La gran belleza: una forma de decir adiós a un año amargo, he leído en algún sitio sobre la película de Sorrentino que ahora puede verse en los cines (mejor en versión original),  una especie de Dolce vita puesta al día, con fiestas que recuerdan a Berlusconi, monjas visionarias, enanas, jirafas, paseos por el Tíber, o esos flamencos que levantan el vuelo desde la terraza frente al Coliseo; guiños a Fellini pero también a Pasolini, y un personaje desengañado que  pasea por la noche de Roma, sus palacios, sus fuentes, sus azoteas; un tipo sesentón de vuelta de todo, que ha desperdiciado su talento en nimiedades, sin emprender nunca nada sólido, posponiendo, viviendo solo de noche, yendo de fiesta en fiesta, para descubrir que en el corazón de toda fiesta, en realidad, anida una gran tristeza,  que en el centro de la juerga no hay nada que celebrar salvo el puro exceso, envoltura, purpurina, esos trenes en que se enganchan unos a otros los invitados y que son los mejores, como dice el cínico Jep Gambardella, el nuevo Mastroniani, porque no van a ninguna parte. Hasta aquí hemos llegado en el tren del 2013 que no iba tampoco a ninguna parte, repudiado por todos, hasta que ha desembocado en este 2014 que ya se estrena con otro aire, ha hecho falta que cambiáramos un 3 por un 4 para que todo cambiase y a la vez siguiera igual, en plan gatopardo, y de pronto las cifras mejoran como si fueran el regalo sorpresa oculto en el zapato, parte del guión previsto: ahora toca ya otra cosa, las calles rebosan de gente estos días,  esperanzadas. Por las vacías calles de Roma  Jep busca una última oportunidad,  aspira a una suerte de pureza perdida, un primer amor, algo por fin verdadero. Hay en esta película una fuerza conmovedora en las imágenes, una mezcla de lo sublime y lo zafio, una suerte de exceso que viene del barroco y el catolicismo romano, tan nuestros, la mezcla de lo santo y lo pagano, las fiestas, las cabalgatas y las santas que comen raíces. Se fue 2013. Nunca ha habido una noche tan larga que dejara sin aurora al mundo.
(Publicado DN)

lunes, octubre 04, 2010

Octubre

Todos los años al llegar octubre, siento que es ahora cuando debería tomarme las vacaciones, que este es el mejor momento, pero es justamente ahora cuando comienza el curso, las obligaciones crecen como las setas y se acentúa ese aire severo que tiene Pamplona desde final de septiembre hasta adentrarse en junio (en Pamplona, me dijo hace tiempo un amigo de fuera, todo el mundo parece siempre muy preocupado). Quisiera estar libre ahora, sin obligaciones, y así –fabulo- mientras me decidiese adonde ir, aprovecharía para subir no se qué monte, me dedicaría a esquivar los cazadores, tocaría las hayas, olería las setas, y vería como todo pierde peso, hoja, brillo, hasta quedar como dormido. También iría a la vendimia, desde luego, a ver llegar los remolques de uva y sentir los potentes olores –esta es, desde luego, la estación de los buenos olores- y escuchar lo que se dice. En realidad haría más o menos lo que ya hago, pero de una manera más seria, más intensa. Ahora soy un amateur del otoño, y me gustaría, aunque sé que es difícil, llegar a ser un profesional. Hace días, por ejemplo, ya probé las uvas que colgaban de la vid en espaldera, en una finca junto a Montejurra. Había llovido hace poco y el campo parecía recién dispuesto. Desde el jardín miramos el monte carlista, con sus grandes lajas de roca que parecen cuchillos, y a alguien le dio por pensar en el significado de aquel lugar, en las batallas que se han dado en los alrededores, en la potencia que los grandes argumentos de la causa carlista han tenido en nuestra historia: Dios, Patria, Fueros, Rey. Esas palabras colmaron el pecho de miles de jóvenes; por ellas han matado y muerto cientos de antepasados nuestros, aunque apenas nadie las quisiera recordar hasta hace poco, y ahora, de pronto, al socaire de la memoria histórica, vuelven de nuevo en reportajes, libros, y programas de televisión –Requetés de las trincheras al olvido, un digno ejemplo- en medio de la añoranza de algunos y de un cierto pudor general, como si nos costara ver el pasado tal como fue.

(Publicado 4 octubre 2010)