lunes, noviembre 30, 2015
Libertad
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| Monumento a los Caídos. Plaza de la Libertad. |
Si me hubieran dicho hace años cómo sería una plaza dedicada a la libertad en Pamplona, nunca me hubiera imaginado que fuera ésta, la de los Caídos, demasiado solemne, aplastada por el gran monumento que destaca demasiado, como uno de esos muebles heredaros de los antepasados de los que es imposible desprenderse, el aparador sombrío que nadie abre, un edificio siempre cerrado a cal y canto –durante años y años nunca lo vi abierto-hasta que alguien tuvo la vana idea de dedicarlo al arte de vanguardia, sin sospechar que un día se fuera a liar parda, pero tras tanto esfuerzo baldío para cambiarle de nombre y amagar con llamarla Serapio, el alcalde ha accedido a bautizarla libertad, como si fuera una especie de solución de emergencia; al fin y al cabo, parece pensarse, se trata una palabra inocua que no compromete, que no dice nada; libertad, algo para salir del paso y a lo que todos se apuntan, como solidaridad, libertad, justicia; grandes palabras, como luces de neón brillantes y falsas, qué más da, nadie se preocupa mucho por ella, la libertad, sólo los que la perdieron: los presos, los cautivos del amor, los faltos de dinero, la conocen de verdad, recuerdo que oía en el coche cantar a Calamaro; la que siempre se busca y no se puede encontrar, decía la canción; la que posponemos para perseguir antes cualquier otra cosa, la que tuvimos y dejamos escapar. Eso debe ser la libertad. Podríamos salir con un candil a buscar un hombre de verdad libre, un hombre que no tuviera nada y que aspirara, como Diógenes, a que no le tapáramos el sol y no lo encontraríamos en esta plaza ni en ninguna otra, pero eso a nadie le importa una higa, porque aunque se le dediquen plazas y estatuas, nada nos da más miedo que ella, siempre hay quien prefiere antes un amo o un sueño colectivo al que entregarse, como si no fuéramos nosotros, cada uno, quienes tuviéramos que decidir cada día, y eso no fuera nuestro auténtico derecho y nuestra condena. Se trata tan solo de una palabra –oigo esa voz rasgada- la hermana más hermosa, la libertad.
(Publicado Diario Navarra 30/XI)
jueves, noviembre 26, 2015
El camino de los difuntos
Compré este libro en Madrid, para leer en el tren, y cuando lo acabé, mucho antes de que el tren llegara a Calatayud, cuando entre espasmos y vaivenes cambia de ancho de vía, lo había terminado y al cerrarlo de golpe sentí una potente indignación; o no tanto, pues estaba tan cansado de las gestiones en Madrid, de las palabras que había oído, de los incesantes estímulos de la ciudad, para mí, que soy un tipo de provincias, que apenas pude reaccionar, pero después, cuando el tren se demoraba en plena noche y las luces de Pamplona se veían a lo lejos pero no llegaban, comprendí su juego sucio.
En este "Camino de los difuntos" François Sureau –éxito en Francia, se dice- relata la historia de un refugiado vasco a comienzos de los años 80, cuando el autor, joven letrado del Consejo de Estado francés, debe decidir si se otorga o deniega la condición de asilado político a este etarra de primera hora, huido a Francia después de participar en la muerte de Melitón Manzanas. El etarra se llama Ibarrategui y alega tener miedo de volver a España pues, pese a estar en una aparente democracia, todavía existe peligro de atentados parapoliciales del Gal. Todo aquello, ya cuando lo leía, me sonó raro: el Gal, a comienzos los 80, todavía no existía, y cuando lo hubo mató sobre todo en Francia, por lo que era un absurdo que alguien pensara que la vuelta a España supusiera mayor riesgo. Además, estaba esa delicada sensibilidad del joven letrado ante la situación de Ibarrategui, en un momento en que quienes morían principalmente eran españoles a manos de Eta: eran los años de plomo, y lo fueron en buen medida por la cobertura dada por Francia a los etarras, algo que sí puede ser objeto de una delicada revisión moral.
Todo aquello podía escudarse, desde luego, en la necesaria licencia que hay que conceder a las obras de ficción, donde ya se sabe que no es preciso atenerse a la realidad de las cosas, ni a la coherencia del tiempo histórico o los personajes más o menos reales. Pero en este caso era distinto, porque justamente este libro –me fijé en ello cuando lo compré- se presentaba expresamente como: "Una novela autobiográfica que se puede definir en dos palabras que riman: brevedad e intensidad. Una obra bellísima y exacta”.
El caso es que de vuelta a casa decidí buscar un poco. Enseguida confirmé que, como sospechaba, no hubo un Ibarrategui etarra, ni alguien así disparó a Melitón Manzanas, ni se le retiró la condición de refugiado político para volver España. A ningún etarra que actuase en el franquismo, de hecho, se le retiró el estatuto de refugiado, eso es lo que demostraba, entre otras cosas, este artículo bien documentado de Rogelio Alonso en el ABC, que me hizo salir de dudas.
Lo que hay en este libro, como demuestra Alonso, es una ruptura del pacto de lectura: no se puede presentar como autobiografía lo que es ficción -esto sí que es el abc-, por mucho que la frontera entre géneros, como se sabe, se esté difuminando y que lo autobiográfico y la novela se entrecrucen. En realidad, la novela siempre es autobiográfica en cierto sentido, porque parte de la experiencia vital del autor, pero esas experiencia son luego elaboradas, enriquecida, transformadas, convertidas en otra cosa: en ficción. Esto es lo que en realidad hace Seurau, pero entonces no debería hacer pasar este relato por un testimonio verdadero.
El pacto con el lector en una confesión autobiográfica, para ser preciso, no es con la verdad, algo esquivo y fuera del alcance del que cuenta algo en lo que está involucrado, pero sí al menos la sinceridad y el respeto a los hechos, pues estos van a ser leídos no como verosímiles, sino como verdaderos.
No existe ningún Ibarrategui que hubiera muerto, como se pretende en el libro, en la plaza de San Nicolás de Pamplona a manos de los Gal, ni que esté enterrado en Zestoa bajo una lápida escrita en vasco. Ni, lo que es peor, puede existir el sentimiento de culpa y de responsabilidad, el serio dilema moral al que dice enfrentarse el autor, como juez, porque nunca ocurrieron.
Con hechos inventados se puede escribir una verdad narrativa, trasladar la lector al verdad de una época, de una sociedad, de un conflicto -o si no, léase Guerra y paz- pero lo que no se puede es hacer pasar por verdad la construcción mitificada del autor sobre lo que él imagina que existió en el País Vasco en una época, aunque el libro se feche en Bayona, como si ese estar sobre el terreno garantizase algo.
Sureau nos vende gato por liebre, y cosecha, eso sí, su dudoso éxito.
lunes, noviembre 23, 2015
Algunas lecciones
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| Bataclan |
El terrible atentado en París, que sin duda buscaba objetivos precisos, seguramente que la opinión pública amedrentada cuestionara el papel de Francia, también tiene enseñanzas que ofrecer, así le hacemos un poco la cusqui. Lo primero, que contra lo que se repite a veces como una especie de mantra, no hay que estar “contra toda violencia venga de donde venga”, lo que puede ser un deseo bienintencionado pero sobre todo una solemne tontería. Si un grupo terrorista tiene secuestrado a 100 personas o está disparando en los cafés será ridículo pensar que la policía debe limitarse a hablar con ellos y no tengan derecho a intervenir, lo mismo que hay que hacer frente a un maltratador o alguien que nos quiera arrebatar nuestro derecho. Hace mucho que Weber resumió esto con un conocido enunciado, al señalar que el estado es quien tiene monopolio de la violencia legítima, y no está mal recordarlo, porque hay gente, incluso en lugares relevantes, que no lo debe tener muy claro, o le interesan las equiparaciones odiosas. Entregamos a un grupo de hombres la posibilidad de llevar armas para que nos protejan, usando la fuerza como último recurso y de forma proporcional –lo que es el quid de la cuestión- y si no fuera así, sería justamente cuando la violencia imperaría, y viviríamos bajo la ley del más fuerte. Esta violencia no es en absoluto comparable a las de los terroristas, salvo en estados en que los gobernantes también lo son. La segunda, es que no todas las victimas merecen la misma consideración. Los terroristas de Paris eran seres humanos y sus familiares estarán muy compungidos, pero han sido víctimas de su propio crimen. No es posible equipararlas o atender a la reparación y memoria de igual forma. Eso sería una nueva humillación para los inocentes muertos, y un mensaje desconcertante para la sociedad. Por último, está la reacción francesa, que tanto nos ha impresionado: la marsellesa, el no convertir los atentados en munición política, la imagen de unidad y fortaleza del país. Todo eso que descubrimos de pronto tan necesario para que no sea el terrorismo el que termine mandando.
(Publicado Diario de Navarra 23/XI)
lunes, noviembre 16, 2015
Democrática
Hace tiempo, cuando había dos Alemanias, la comunista se llamaba asimismo “república democrática”, justamente porque todo el mundo entendía que no lo era, como si confiara en que las palabras pudieran disimular los hechos, y es que en política hay quien cuanto más niega, más notamos que afirma y quien al justificarse demasiado muestra sus auténticas intenciones y esto es algo a lo que no escapa el actual gobierno al predicarnos, por ejemplo, que la reforma fiscal es cosa inocua por la que deberíamos estar agradecidos, o cuando ha definido su prodigiosa oferta de empleo en la enseñanza -70% en euskera- como una propuesta “técnica”, tan técnica que basta oír al consejero para comprobar que ni él mismo, pese a leer los papeles, logra entenderla. Y es que técnica, de acuerdo al diccionario de la corrección política, quiere decir en realidad política, que es, por cierto, lo que corresponde a un gobierno: llevar un proyecto político adelante, elegir entre las opciones. Se nos dijo que este gobierno del cambio sabía que iba a gobernar una comunidad plural, pero eso significa en realidad, como vamos comprobando, mientras no logre que deje de serlo. El punto filipino del nacionalismo es la pluralidad, pues lo vive como déficit, aunque disimule, pues la diversidad nos acerca al resto, nos hace ver que somos mezcla y devenir continuo, cuando lo que se pretende es ser puro y distinto. Para un nacionalista un país es lo que es, y no puede ser otra cosa y construirlo es lo primero en su agenda. En este empeño se gasta mucha energía, y se hace daño a mucha gente –basta pensar en los docentes que se han preparado en vano- y sobre todo distrae de lo importante. Lograr un cambio profundo en la enseñanza, que sería esencial, ya no interesa, porque todo se centra en el debate de la lengua. La política navarra se vuelve más hacia dentro, más particularista y resentida ante el resto. Se esperan grandes agresiones contra nuestro autogobierno, he oído anunciar, como si no nos bastáramos nosotros solos para perdernos, enredados con un solo juguete.
(Publicado Diario de Navarra 16 noviembre)
lunes, noviembre 09, 2015
Moore
La Caixa, que según proclamó en su día es una entidad con alma , nos ha traído seis esculturas de un artista de primer orden, fallecido hace tiempo, el británico Henry Moore, que se han colocado en el paseo de Sarasate y el día que las descubrí, bajo una fina lluvia, esos grandes bronces estaban mojados y resbaladizos, como si sudaran en sus posiciones forzadas, y noté enseguida que aquel sitio no era un buen espacio para ellas, que aquellas obras colosales necesitaba más aire y más espacio, atrapadas de pronto entre los edificios del paseo, incómodas como un concejal de Podemos en una procesión, enfrentadas sin remedio a las efigies de molde de los reyes que flanquean el paseo, a esa gran estatua que lo mira todo desde arriba, la de los Fueros, con la que las obras expuestas, como se suele decir, no dialogaban bien, se llevaban de hecho a matar; y de pronto noté que esa chata columna sobre la que se aúpa un rey asexuado mostrando algo parecido a las tablas de la ley resultaba chocante, chirriaba frente a todas esas figuras, óvalos, filos, cuerpos, formas más o menos naturales de Moore; unas obras, por cierto, que recuerdan mucho a una época de Oteiza, pese a que éste, con su diplomacia habitual, tildara las esculturas de Moore de engendro, como las de Chillida; algo que no es verdad, porque aunque ya no nos resulten algo novedoso, siguen mostrando esa fina frontera entre la abstracción pura y la evocación a lo que quieren y no quieren representar, como ciertos brochazos vistos de cerca, como ciertos brillos de las frutas de un bodegón o los ropajes de Zurbarán, así que yendo atrás y adelante frente a esas figuras imponentes, volví a ver que no pegaban, que estaban demasiado apretadas, como si alguien las hubiera amontonado allí a la espera de una mejor ubicación, y se mostraran incómodas, fuera de sitio, añorando los finos yerbines en los que hasta hace poco descasaban, ajenas a los elogios y las ofensas de los paseantes, tan sutilmente feas y tan solitarias.
(Publicado Diario de Navarra 9-11)
lunes, noviembre 02, 2015
Truman
Después de esa notable película que fue “Una pistola en cada mano”, en la que Cesc Gay retrataba en varias viñetas los avatares del hombre de hoy, más o menos desconcertado, más o menos infantilizado ante las mujeres y el mundo, ha vuelto ahora con el gran Darín y Javier Cámara, que siempre tiene el don de la comicidad, en una película, Truman, en la que un tipo vuelve de Canadá a despedirse de un amigo de infancia que sufre un cáncer terminal, algo que sigue ocurriendo aunque se sigan todas las recomendaciones OMS, siento darles esta mala noticia: la cosa acaba mal y esta es la mala nueva que se celebra esto días en ese grotesco Halloween, antes todos los santos: el triunfo de los muertos, por eso todas esas calaveras y esqueletos que mostramos con una especie de excitación malsana, que nos asusta y nos atrae a la vez, son el “tema” recurrente, no hace mucho vi una película que lo trataba de forma distinta, con una estética adolescente, no se si seguirá en cartel porque duran poquísimo, era “Yo, él y Raquel”, y va de una chica muy joven, del instituto, que sufre cáncer y las cosa se van poniendo feas; el día que fui la sala estaba llena de adolescentes bulliciosos que de pronto callaron, porque esto no falla, el cáncer y la muerte siguen teniendo mucho gancho, y Cesc ha dicho que es un tema apropiado para sus 48 años, ahora que las balas comienzan a caer cerca, y que ha hecho la película desde el miedo, que no es un buen sitio para hacer nada pero puede que a él no se le note. Es difícil, en todo caso, hacer otra película sobre el cáncer sin caer en el sentimentalismo: es una experiencia que hace que uno valorare más la vida etc. se dice en estos casos, con las mejores intenciones, pero parece que el cáncer fuera algo que no puede uno perderse, como un viaje a Cancún. Lo mejor de Gay es que hace un cine cercano a la vida y deja que uno ponga las conclusiones, que no es poco. En esta sale un perro, Truman, la excusa perfecta para trenzar una historia, pues algo hay que hacer con él, como con el resto de nuestros asuntos, antes de salir de escena.
(Publicado DN 2 noviembre)
(Publicado DN 2 noviembre)
lunes, octubre 26, 2015
No
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| Dolores Agenjo, directora de instituto. |
(Publicado DN 26 octubre)
lunes, octubre 19, 2015
Convenio
Albert Rivera ha insistido en su intención de terminar con el régimen fiscal de Navarra y el Convenio lo que, antes que nada, es una pena, pues las crecientes simpatías y el favor que Cs está cosechando en toda España, se van a ver de nuevo muy mermadas en Navarra donde la cuestión foral y la continuidad del convenio son un auténtico tabú. Puede que esta posición frontal sea una necesidad para ser coherente con un principio de igualdad que le es muy caro y una respuesta a la pretensión de Cataluña de tener un régimen similar, pero a mi juicio podía haberse centrado en el huevo y no en el fuero. El régimen fiscal navarro, su autonomía histórica, han sido la manera en que Navarra se ha vinculado a España y ha construido su propio camino e identidad, hasta el punto que teniendo paisajes, lenguas y tipos humanos muy distintos, son esas pocas leyes las que le han dado carácter y la han mantenido unida. Algo, a juicio de Caro, por ejemplo, extraordinario. Poner esto en cuestión es cuanto menos arriesgado, mientras que aceptar esta particularidad, como ya se hizo en la Constitución, y discutir si se quiere la aportación de Navarra sería más apropiado. A fin de cuentas, por aquí se insiste a todas horas en que debemos ser solidarios, y que nos molesta que nos vean como privilegiados, luego no debe haber mucho problema. Lo cierto que tener hacienda propia supone una cierta ventaja pero es a la vez un sano ejercicio de responsabilidad: se gasta de manera diferente cuando uno debe recabar los ingresos, lo que sería una buen modelo en muchos sitios. Pero siempre que existan correcciones. El último estudio sobre balanzas fiscales, referido a 2012, señala que siendo las comunidades forales las que cuentan con mayores recursos, disfrutaron de un superávit fiscal, pese a estar entre los territorios más ricos del país. Es decir, recibieron del estado más de lo que aportaron y fueron, por el contrario, Madrid, Baleares y en menor medida Cataluña -a quien reclamamos ese esfuerzo-, quienes contribuyeron a favor del resto, algo que no es posible obviar.
(Publicado DN 19octubre)
lunes, octubre 12, 2015
Viento
Me senté a las puertas de la casa, el primer día en que el otoño llamaba a la puerta, y el viento comenzó a mover las copas de los árboles y creció de pronto hasta despeinar el horizonte y agitarlo todo y en un momento el suelo estuvo repleto de hojas, cáscaras y pilongas, algunas gotas me golpearon la cara, y sobre la mesa la ventolera levantó las servilletas de papel por el aire, los restos del festín fueron de un lado a otro sobre la mesa, y una ráfaga abrió la caja con los frutos del huerto que alguien había traído y que recordaban un bodegón de otoño: los membrillos, las uvas tersas, las nueces, junto a unas granadas que al tocarlas parecían objetos de jade, y mientras me refugiaba del viento que no paraba de crecer y se oía ya como un aullido cercano, pegado a la pared, vi los troncos de viejos arboles venciéndose, y pensé que la casa podía venirse abajo o que el viento podía levantarla y llevarla por los aires, y recordé la novela de Torrente Ballester “La saga/fuga de JB”, hasta vi su portada azul con un pueblo flotando sobre las nubes; era, recuerdo, un libro de Destino, de los años 70: los tiempos de Delibes, Ferlosio, la Matute y Ramiro Pinilla, cuando los libros querían retratar el mundo y puede que recomponerlo; un libro, recordé, que canceló el realismo y dejó todo el campo libre para el juego y la imaginación, en la estela de Cunqueiro, que fue otro gallego prodigioso. Ya no se escriben libros así, pensé en ese momento; libros con esa ambición y esa ironía profunda y cervantina, sino que es la dura realidad la que se ha impuesto entre nosotros, y recordé entonces que en la saga de JB había lampreas brillantes, brumas y cuerpos santos en el agua, y otras mil otras cosas fabulosas, pero sobre todo un momento en que el pueblo, Castroforte, se alzaba del suelo y emprendía su propio camino por las nubes y yo, en ese momento, cerré los ojos y me dejé llevar por ese viento cálido del sur que anunciaba sin embargo la llegada de los días cortos y fríos, sintiendo que también perdía pie y ascendía por el aire, liberado del suelo y sus ataduras, como en un sueño.
(Publicado DN 12 octubre)
(Publicado DN 12 octubre)
domingo, octubre 11, 2015
Buda en el ático
Es dificil escribir novelas nuevas que no sean repetición de una tradición que viene del XIX y pasó por un experimentalismo vanguardista que hoy ha muerto. A nadie se le ocurrer escribir otro Ulises, pero todos los días sale una novela histórica o negra practicamente intercambiable con cuaquier otra. Buda en el ático, la novela de Otsuka , supone una innovación que quizás abra un camino. Para empezar, se lee muy bien y siendo un experiemento narrativo, no quita para que nos enganche con la historia de las mujeres japonesas que emigraron a EEUU para casarse y fueron luego confinadas con sus familias, al comienzo de la guera mundial. Una buena historia, narrada de forma diferente: en vez de usar la primera o tercera persona, como es usual, utiliza un nosotros -mejor, nosotras- primera del plural, creando un relato coral muy peculiar. Es como un flujo que va acumulando experiencias y sensaciones, que no se detiene; como una pintura hecha de ligeros brochazos que se van acumulando en el lienzo, emocionantes. Fragmentos de historias, verdad que se deprende de los detalles precisos, personajes con itinerarios breves que aparecen, nos dejan su recado y se van, rastros de aquellas mujeres fuera del tiempo y del recuerdo, historias parecidas a la vida, que no tiene trama.
miércoles, octubre 07, 2015
Piedras
Paseando por la feria del libro antiguo, mientras el tiempo se decide a llover o parar, encuentro este libro que Caillois dedicó a las piedras, esas que siempre se han acostado al raso o que han dormido en su yacimiento y en la noche de las vetas y siento que el día me depara un hallazgo. Hace tiempo que descubrí a Caillois y El hombre y lo sagrado me hizo ver qué era la fiesta y porqué entre nosotros es un mero vestigio, y a eso dediqué un libro, pero los suyos son difíciles de encontrar y son también piedras raras que duermen en lugares oscuros. Hablo de piedras con mas edad que la vida y que permanecen, en los planetas fríos, incluso después de que ésta tuviera la fortuna de eclosionar con ellos, aclara al comienzo del libro. El nombrede Caillois evoca al surreailismo, a Georges Bataille, a Michel Leiris, y también a Borges y Silvina Ocampo, a quienes frecuentó al recalar en Buenos Aires durante la guerra. Marguerite Yourcenar le dedicó este texto y Cioran prorroga estas Piedras que aparecen de pronto, como un cuarzo brilante, en un puesto de libros de saldo.
martes, octubre 06, 2015
Colomo
A pesar de llevar toda la vida haciendo buen cine, el director Fernando Colomo acaba de rodar a duras penas su última película en Menorca -“La isla bonita” se llama- con cuatro duros, sin guion, vestuario ni luces y con un reparto reducido, incluido él mismo. Colomo tiene 69 años, acaba de separarse y perder su piso y con esas grandes gafas de pasta y su mirada de sorpresa, parece no acabar de creerse lo que le pasa. “Estoy en la ruina”, ha declarado con media sonrisa. Su caso recuerda un poco al de Jorge Sanz, que logró que su decadencia como actor diera lugar a una gran serie “¿Qué fue de Jorge Sanz?”, que lo reivindicó. Los dos bordan el papel de personajes simpáticos, gamberros y de poco de fiar que son, en el fondo los que más nos atraen: gente capaz de reírse de sí mismos, y mostrarse en falta. Para lo contrario ya tenemos a mucho figurón. Colomo ha vuelto a Menorca, una isla que le sedujo hace años, para rodar una historia que ha ido improvisando, en la que hace de sí mismo y se muestra como es, sin disimulo. Siempre he tenido ganas de rodar un film sin la parafernalia habitual, ha dicho, haciendo de la necesidad virtud. En un cine como el español, siempre llorando por falta de apoyos, esto es una lección: la de que a pesar de las dificultades es el talento y no los medios lo que más cuenta. En realidad, todo arte que merezca la pena nunca se ha hecho con comodidad y aplauso, ni a base de subvenciones, que siempre derivan en amiguismo y compromisos, sino que ha surgido entre problemas, sorteando limitaciones y pruebas, a contracorriente, y esa es la enseñanza de Cervantes. La escasez aviva el ingenio. Colomo ha presentado “Isla bonita” en el festival de San Sebastián, como hizo hace muchos años con su primer trabajo, aquella deliciosa “Tigres de papel”, con Carmen Maura y Resines, que retrataba con humor la empanada mental de aquellos progres de los años 80, siempre embebidos de grandes principios, tan nobles como lejanos de la vida real. Desde entonces ha llovido mucho, pero se diría que alguno no se ha dado cuenta.
(Publicado DN 5 octubre)
(Publicado DN 5 octubre)
lunes, octubre 05, 2015
Vivir para contarlo
A partir del próximo lunes 2 de noviembre estaré en Civican con el taller de escritura autobiográfica, para el que esté interesasdo.
martes, septiembre 29, 2015
Agua
(Publicado DN 28 septiembre)
lunes, septiembre 21, 2015
Romper
Causa escalofríos ver a un representante de Navarra romper en la tribuna del Congreso de los diputados un ejemplar de la Constitución, como ha hecho el diputado de Amaiur, algo que en el fondo nos retrotrae a esa Navarra trabucaire, integrista, opuesta a las constituciones liberales que iban a traer la peste. Romper la Constitución en un parlamento es toda una declaración de intenciones, un programa de máximos. Las leyes que no gustan se cambian, si uno convence, pero no se rompen a la brava. Así de fácil. Ya tiene escrito la historiadora Mari Cruz Mina, que en Navarra hay gente que ha cambiado de ideas, pero no de forma de pensar, que en cuanto nos descuidamos sigue siendo visceral, de todo o nada, proclive al aspaviento y la descalificación del contrario, y el numerito de la tribuna lo confirma. Aquí hay quien ha pasado, por lo demás, de ser acérrimo de una cosa a la contraria, pues hay quien prefiere tener un causa a la que entregarse, antes que una vida propia, que es más difícil. Todo menos estar solo y libre bajo el cielo estrellado, a la intemperie. Nuestro diputado, por lo demás, llevaba para la ocasión una camiseta con la estelada y lanzó vivas a Cataluña, que se dirige sin inmutarse a romper la baraja y jugar por su cuenta, y esa debe ser la aspiración última de estos grandes progresistas: conseguir que cada territorio se desgaje, y viva en una especie de paraíso propio, sin los molestos vecinos. No sabemos si una vez independientes procederán a federarse poco a poco de nuevo, pues todo vuelve. En Navarra no hubo al principio mucho apego a la Constitución. En su día, desde aquella Alianza foral navarra hasta HB, de un extremo a otro, se opusieron a ella y solo la UCD y el socialismo, hay que decirlo, la apoyaron abiertamente y acertaron de pleno, pues bajo su abrigo hemos vivido una época próspera y libre, aunque hay quien no consiga ver lo obvio. Puede que ahora esta Constitución requiera algún repaso, pero al ver sus hojas rotas por el suelo recordé que para para acabar con ella entraron un día en ese mismo Congreso a tiros, y no lograron.
(Publicado DN 21 septiembre)
lunes, septiembre 14, 2015
Duran
Oigo a Duran i Lleida quejarse del trato que le está dando TV3, la tv pública de Cataluña, donde apenas sale salvo para ser despellejado en tertulias en las que reina la doctrina independentista sin rubor. Que alguien como Duran, cuyo partido, Unió, ha sido socio durante décadas de Convergencia y gobernado Cataluña al unísono denuncie esto es revelador. Este hombre, de largo recorrido en la política, ilustra la triste imagen de un catalanismo moderado, componedor, dispuesto a vivir con España que se resiste a admitir la ceguera del camino emprendido por Mas y los suyos. La independencia, más allá de cualquier otra consideración, es un mal negocio y con eso debería bastar, viene a decir Duran, desconcertado. Una cosa era amagar con ello y otra creérselo. Lo cierto es que este catalanismo racional y posibilista de Unió ha desaparecido, y las encuestas le dan muy pobres resultados. El momento es apto para la política de brocha gorda, para el sí o el no, sin más matices. Que Mas necesite para sus planes a la CUP, que está dispuesta a declarar la secesión de un día para otro, aunque eso suponga sacar a Cataluña de la UE, le produce escalofríos. Pero el mayor desatino, a su juicio, es que se dé por buena la independencia con un apoyo que apenas sobrepasaría el 40% de los votos, que es lo que suman Junts pel Si y las CUP, lo que terminaría de fracturar y empobrecer a la sociedad catalana para mucho tiempo. El ejemplo de Quebec, donde se exigió una mayoría muy amplia que justificara una ruptura del país, viene enseguida a la cabeza. En realidad las razones de Duran, viniendo de donde vienen, son una munición más letal que la que ha disparado buena parte de la oposición españolista y resultan apabullantes. Sin embargo, es difícil que se le escuche. Hace ya años que Orwell escribió una breve obrita sobre el nacionalismo (y las ideologías en general) en la que señalaba que con él lo primero que sufre es la verdad, y que entregarse a una causa que se coloca por encima de todo, lleva a justificar cualquier sacrificio y, por supuesto, a negar la realidad si hace falta, lo que viene a probarse de nuevo.
(Publicado DN 14 septiembre)
(Publicado DN 14 septiembre)
lunes, septiembre 07, 2015
Éxito
Una de las cosas que se han dicho a raíz de
este drama de los refugiados, es que se trata de un fracaso de Europa. Pero lo cierto es que no es así. Se trata más
bien del éxito de Europa, en la medida en que todo el mundo quiere venir aquí y
está dispuesto a arriesgar la vida en
ello. El camino de los refugiados
sirios, afganos, libios somalíes etc. en su mayoría musulmanes, no es ir hacia
el este sino correr hacia el oeste, y cuanto más al oeste mejor: hasta
Alemania, que está preparada para acoger 800.000 emigrantes, algo que deja en
nada nuestros modestos esfuerzos, o hasta Inglaterra, que está dispuesta a
mucho menos, pero que no disuade a quienes esperan en Calais sin querer
quedarse en la acogedora Francia. Otra
cosa es la pasmosa falta de organización, la lentitud exasperante en la toma de
decisiones, las zancadillas entre naciones, algo tan común en Europa, y que se
comprueba estos días con las peripecias de esos refugiados que se agolpan en la
bella estación de Budapest, peleando para montar en un tren que no se sabe
adónde va y que recuerda las peores pesadillas del pasado. En un mundo donde
hay policías en cada esquina y existe la
cruz roja, alguien se las ha
arreglado para que se esfumen en el peor momento. No hay mensajes ni
explicaciones, salvo un vociferante primer ministro húngaro que anima a los que huyen a
no venir por aquí. Europa es un éxito,
pero un éxito amargo, lento y burocrático, tanto para los que vienen de fuera como para los que
vivimos dentro. Europa es una región próspera en que el fanatismo no impera y
existen, mal que bien, instituciones y
derechos para las personas, pero eso no nos convierte en culpables de los
horrores que pasan en todas partes, aunque nos coloque en un dilema moral y
ponga a prueba nuestros principios. Es
verdad, como ha dicho ese niño sabio, que si
acabáramos con la guerra en su país ellos no vendrían, pero intervenir
en una guerra brutal y enrevesada como la Siria, donde no sabe quién es
peor, manchándonos las manos y llevando
soldados a la muerte no parece fácil, ni sería bien visto, sobre todo por
aquellos que siempre se apuntan al fracaso.
(Publicado Diario deNavarra 7 septiembre)
lunes, agosto 31, 2015
Sabicas
Puede que Pamplona haya encontrado su festival casi por casualidad con el “Flamenco on fire”, algo que andaba buscando y que no es fácil, después de tanto mirar de reojo a los festivales de cine y jazz de San Sebastián, por ejemplo, queriendo dar con algo que pudiera ser aquí un referente y atraer público y crear un sello propio. Tiene gracia que siendo una ciudad tan norteña y envarada, donde a lo lejos siempre parece escucharse un chistu, Pamplona se vuelva de pronto capital del flamenco, debido a la casualidad que viniera a nacer aquí Agustín Castellón, el hijo de unos gitanos ambulantes que recalaron un tiempo en la calle Mañueta. Agustín cogió aquí la guitarra de niño y ya no paró. “Yo no tuve nunca maestro en la vida”, declaró. “Me puse a tocar, y así seguí”. Su hija, que nos visita estos días, cuenta que en casa no podían poner la radio ni hacer ruido porque su padre ensayaba 8 o 10 horas todos los días. Agustín vivió casi toda su vida fuera de España, de donde se exilió tras la guerra, y fue guitarrista en Nueva York, que también tiene su guasa. Allí le visitaron guitarrista y cantaores y allí fue forjando un estilo propio. “Yo soñaba con Sabicas. A nadie le ha sonado la guitarra como al maestro”, dijo Paco de Lucía, que fue su discípulo. En “La búsqueda”, esa emocionante película que le hizo su hijo, Paco habla de Sabicas con veneración y dice que cuando lo vio tocar por primera vez, notó que cogía la guitarra “como si calibrara un arma, como si se sorprendiera de sacarle sonido”. El auténtico arte, podemos pensar, es ante todo una sorpresa para el que nos lo da, algo que no pretende. Alguien que vio a Sabicas una vez en Nueva York me contó que hizo por cruzarse con él en los pasillos del teatro. Maestro, soy de Pamplona, le dijo. Sabicas paró un momento, con la guitarra en la mano, y le miró unos segundos, calibrando, luego siguió su camino sin decir nada. No sabemos qué pasó por su cabeza. Quizás se extrañó de haber vivido alguna vez en un lugar tan remoto, o recordó de pronto con emoción la lejana infancia, nuestra auténtica patria.
(Publicado DN 31 agosto)
(Publicado DN 31 agosto)
lunes, agosto 24, 2015
Pasos
Todo es distinto desde que tengo mi podómetro, esa app que he bajado al móvil, de tal manera que cada vez que entro y salgo de casa, voy y vuelvo del trabajo o paseo mirando al cielo, algo cuenta mis pasos, los suma y convierte en km recorridos, en calorías consumidas, en horas gastadas, así que mi día es ya un día distinto y ya no voy al buen tun tun, sino que ahora mis pasos trazan un recorrido productivo, son un esfuerzo que redunda en mi salud, un logro. Ahora persigo un objetivo, lo marco en el aparato, observo mi progresión y cuando lo logro el sistema me felicita y yo subo mi autoestima, y sé que mi gesta, aun humilde, se graba para siempre en algún sitio. Todo eso he pensado mientras iba caminando a buen paso, animado, hasta que todo se ha torcido de repente. Ha sido justo en el momento en que escuchaba a Wagner en la radio del móvil y, puede que espantado por los gritos de Brunildo, el aparato ha emitido un leve estertor y se ha apagado, como un gorrión que se nos muere entre las manos. Puede que anoche no cargara la batería, o tal vez lo haya sometido a un exceso de descargas, o el calor del verano le ha afectado, me he reprochado, sintiendo ya esa punzada de angustia que produce la falta del móvil -el lector me entiende muy bien-, algo parecido en estos tiempos a pasear desnudo por la calle. Todavía estoy lejos de casa y ahora el podómetro no va a contabilizar mis pasos, he pensado con grima; este recorrido va a ser en vano, mi esfuerzo no se va a sumar donde debe y así, he caído en cuenta con un escalofrío, voy a desbaratar la media y hundir mi promedio. Todo se irá al traste, he comprendido. En el camino de vuelta he pensado en soluciones: cargar en casa la batería y volver a hacer el mismo recorrido de nuevo, si bien faltarían estos pasos que voy dando; agitar el móvil para que piense que son pasos, trampeando. Pero poco a poco, el paseo solitario ha sido productivo y al eliminar el maldito podómetro y verlo esfumarse en la pantalla, me he sentido otra vez libre.
(Publicado DN 24 agosto)
(Publicado DN 24 agosto)
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