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Tulum. Mexico. |
La falta de movimiento de estos días hace que todo se oiga mucho más: las voces de la calle, un saludo desde el balcón, los pasos furtivos por la acera, el ladrido de un perro. Se escucha lo que no se suele escuchar, lo mismo que se ve el cielo de otra forma cuando estamos en una zona de poca contaminación lumínica. Eso me he hecho recordar que en el cuento que he acabado de México hay un momento en que llegamos a Tulum tarde y alquilamos una cabaña cerca del mar y aunque es noche cerrada, sin luna, y no se ve un alma voy a bañarme a la playa y cuando me meto poco a poco siento una sensación extraña, de alarma, como si esa masa negra y latiente me fuera a engullir. Luego, tumbado en la hamaca, me dedico a contemplar extasiado las estrellas que allí brillan de otra manera. Con el tiempo uno comprende lo feliz y despreocupado que fue en esos momentos. Por la mañana, muy temprano, vuelvo a la playa y veo de verdad el mar Caribe, muy distinto al tétrico mar de la noche pasada; ahora la playa parece una postal con sus palmeras y su arena blanca que nadie ha pisado todavía, y del mar transparente salen destellos azules y blanquecinos. Al final de la playa se ven las famosa ruinas mayas, y un reguero de gente que se va acercando. Ahora recuerdo todo esto con una intensidad, como una promesa tal vez. El día se extiende por delante.
De entre los muchos envíos de Wup, hoy llega un video de la madre Teresa, que responde a 24 preguntas. Destaco dos: ¿Qué es lo mas imprescindible? respuesta: el hogar . (Sin duda, pienso, esto días lo están demostrando) y ¿Cuál es la sensación más grande: respuesta: la paz interior.
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