El grupo chino Wanda quiere demoler el edificio España en Madrid, ese viejo rascacielos de los años 50, tan reconocible, que compró no hace mucho al banco de Santander por 265 millones y que el banco mantenía desde 2005 sin tocar. Wanda logró licencia para convertir esta torre varada en pleno centro de Madrid en un hotel de lujo y un centro comercial, que es los que Wang Juanlin, propietario de Wanda y uno de los hombres más ricos del mundo, hace en todas partes. En principio, se exigió a Wanda mantener partes del edificio, sobre todo la fachada, pero los expertos de Wanda lo ven muy complicado y han propuesto el desmontaje y posterior reconstrucción fiel del edificio. Es decir, quieren hace una especie de copia de lo que había, lo que se aviene bien con la cultura china, que ha copiado todo varias veces, y con la cultura a secas, no en vano ya no vemos las cuevas de Altamira, por ejemplo, sino una copia muy bien hecha que gusta mucho más y es más cómoda. Tirar o mantener es el debate que se repite en casi todas las ciudades con esos edificios singulares, testigos de otro tiempo, que dan carácter y estorban al mismo tiempo. Pensemos, sin ir más lejos, aquí, en los Caídos. No es extraño que el decano de arquitectos de Madrid haya planteado al ayuntamiento hacer una consulta popular para decidir sobre la demolición, lo que a Manuela Carmena le ha gustado mucho, al menos a día de hoy. Derecho a decidir, aunque sea sobre un rascacielos. El decano reconoce que se trata de un edificio sin un valor especial, levantado en un momento difícil en el que había poco acero y que la fachada no es un elemento resistente. Sin embargo, el debate principal, a su juicio, es si los madrileños tienen o no un vínculo afectivo con el edificio que justifique su costosa conservación. En ese caso, el edificio debería mantenerse. También es parte del patrimonio, dice, salvaguardar la memoria, mantener un vínculo con las generaciones precedentes. Demoler o reconstruir un viejo edificio de nombre España. Vínculo afectivo con el pasado. El grupo Wanda nos ha proporcionado la metáfora exacta para este largo y cálido verano.
(Publicado DN 27 julio)
domingo, agosto 02, 2015
martes, julio 21, 2015
Dublín
Dublín está lleno de estudiantes este verano,
grupos de jóvenes italianos y españoles que desfilan por el Trinity College sin
levantar la vista de los móviles, adolescentes a los que se ha facturado para
lograr una tregua familiar y para que
aprendan algo de inglés, si es posible, lo que es una paradoja porque
este país, Irlanda, se construyó contra Inglaterra, logrando costosamente la
independencia del poderoso vecino, lo que debía servir, entre otras cosas, para
recuperar el idioma gaélico, cosa que no consiguió, pues intentar gobernar las
lenguas contra su deriva y, sobre todo, contra la voluntad de los hablantes es causa perdida y
fuente de dolor, de hecho estos chicos que pasean por Dublín se pasan enseguida a su lengua y se ríen entre ellos,
excitados, sin saber que son parte del negocio de este pequeño país que también
fue rescatado hace 33 meses y que ahora mira a Grecia con sorpresa, como a un
niño travieso, encogiéndose un poco de hombros:
33 meses en los que ha hecho los deberes sin grandes protestas ni
aspavientos, este es un país pequeño, un poco derrotista y a la vez muy
socarrón, no tiene, en realidad, nada de la altivez británica, aquí todo es más
modesto y amable y los días son incluso
más nublados, hasta el punto que se podría decir que hay dos Dublines: el de
allí fuera, y el recogido Dublín de los pubs que proliferan por todas partes,
algunos desde hace siglos, como templos, y que son esa otra ciudad donde estar a salvo, lejos de la intemperie de esta
isla, en un ambiente tibio y enmoquetado, donde todo el mundo parece feliz y le
brillan un poquito los ojos. Este es el lugar que ha dado a luz a los grandes escritores de Irlanda y del
idioma inglés, desde Swift a Wilde y los de hoy, tipos que
mientras veían bajar la espuma de
una pinta escribían la vuelta al mundo de Ulises por las calles y puentes
de Dublín, lo mismo que en España la mejor prosa se hacía en los
viejos cafés y las tertulias, otros tiempos. Ahora la gente viene y va por la
calle, se oyen voces en italiano y en francés y al fondo, indefectible, se
lamenta una gaita.
(Publicado en DN 20 julio)
lunes, julio 20, 2015
Chester Beatty
He bajado en Dame Street, en Dublín, y he andado despacio hasta Castle sorteando gente -la ciudad está atestada estos días- y he entrado en la Chester Beatty library solo, dispuesto a demorarme en estas salas donde reposa el mundo, pues todo está en los libros y he visto las figuras en perfil del Libro de los muertos, las historiadas letras de De natura rerum, las inconfundibles ilustracione Durero; he seguido la trama de la caligrafía islámica, esa rama de la mística, pues no en vano al copiar las palabras del Corán se están copiando las exactas palabras de Dios y en un párarfo perfecto, estaba escrito en un solo trazo que la pureza de la escritura procede de la pureza del corazón.
En el segundo piso, el de las religiones, se exponían fragmentos del evangelio en griego y copto, rollos etípopes de plegarias con Los secretos nombres de Dios, las ilustraciones multicolores del famoso cuento de Oeyama, en Japón, en el que el guerreo Kaiku vence al demonio Roji y rescata a su amante secuestrada. Después de todo esto, he pensado que ya era suficiente y he bajado al café como quien vuelve de un viaje en que se han dejado muchas cosas sin ver. Puede que el libro, tal como hemos conocido, he pensado, ya no exista. Pero nos quedan bibliotecas como esta del magnate Chester Beatty, quien, en el momento preciso, compró por todo el mundo durante 60 años estos libros preciosos, iluminados: los que comienzan con una inicial historiada y hecha en oro, los que se demoran en ilustraciones que replican al texto, haciendo de la palabra escrita, donde reside todo el poder -el de las ideas, las creencias y los saberes- algo bello.
Pienso en esta biblioteca dentro de muchos años, vagando en un planeta que brilla en la oscuridad, como un mensaje que espera respuesta.
En el segundo piso, el de las religiones, se exponían fragmentos del evangelio en griego y copto, rollos etípopes de plegarias con Los secretos nombres de Dios, las ilustraciones multicolores del famoso cuento de Oeyama, en Japón, en el que el guerreo Kaiku vence al demonio Roji y rescata a su amante secuestrada. Después de todo esto, he pensado que ya era suficiente y he bajado al café como quien vuelve de un viaje en que se han dejado muchas cosas sin ver. Puede que el libro, tal como hemos conocido, he pensado, ya no exista. Pero nos quedan bibliotecas como esta del magnate Chester Beatty, quien, en el momento preciso, compró por todo el mundo durante 60 años estos libros preciosos, iluminados: los que comienzan con una inicial historiada y hecha en oro, los que se demoran en ilustraciones que replican al texto, haciendo de la palabra escrita, donde reside todo el poder -el de las ideas, las creencias y los saberes- algo bello.
Pienso en esta biblioteca dentro de muchos años, vagando en un planeta que brilla en la oscuridad, como un mensaje que espera respuesta.
viernes, julio 17, 2015
Escritores
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| El escritor Petros Makaris |
(Publicado DN 13 julio)
lunes, julio 06, 2015
Acordeón
Intenté dormir un rato más, antes de que todo empezara, pero al poco vi que no iba a ser posible porque justo debajo de mi ventana, en el banco que queda a la sombra, había comenzado a tocar el acordeonista itinerante que aparece cuando nadie lo espera, que ya debía haber llegado para las fiestas, y se puso a ejecutar –el chiste es obvio- su escuálido repertorio: ya no estas más a mi lado, corazón, bésame mucho, clavelitos, etc. una y otra vez, sin caer en el desaliento pese que el calor y la hora y la fecha eran, sin duda, las peores para que nadie le hiciera caso y, sin que pudiera ya pegar ojo, le oí repetir una y otra vez su canción, como una noria que sube y baja -la gran noria que este año no ha venido-, y ensartar sus sonidos machacones como cuentas de un collar, y poco a poco me fui pese a todo adormilando, enredándome en un sueño en que yo iba en un tren que daba vueltas y vueltas sin parar, en una montaña rusa que se aceleraba y paraba al son de la música, hasta que algo me hizo despertar. ¿Qué ha pasado?, me dije, y caí en cuenta que el acordeón había parado, que era el silencio lo que me había desvelado. Era como ese temible silencio que se hace en medio de la batalla, o de un bombardeo. Puede que estemos en un nuevo momento, pensé entonces, adormilado, puede que dentro de poco cambie de una vez el gobierno, que Grecia venza a todos, o pague sus deudas como quien invita a otra ronda, puede que incluso mañana el orden cósmico se interrumpa y los tendidos de sol aplaudan al palco, mientras los de sombra permanezcan circunspectos, pero es imposible que esta música repetitiva haya parado, me dije; es más, recordé, esto es solo el comienzo de lo que viene y, enseguida, como si me hubiera oído, el acordeón volvió a las andadas y atacó la música de los pajaritos, que sonaba rara, como si no tuviere fuelle, y mientras miraba la hora en la mesilla, en la que alguien había dejado un pañuelo rojo, oí a lo lejos un estampido y luego un fragor parecido a un lamento o un grito de guerra que crecía y se llevaba al acordeón y a todo por delante, como un tsunami.
(Publicado DN 6 de julio)
lunes, junio 29, 2015
Quijote
(Publicado DN 29 junio)
martes, junio 23, 2015
Oficio
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| Abogados de oficio. |
A la tarde, en la tele, veo que se ha suspendido el juicio de un asesinato porque el abogado -se trata de S, sin duda- ha tenido un accidente con la moto, esa con la que se llega a tiempo a todas partes.
lunes, junio 22, 2015
Lo nuevo
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| Goirigolzarri |
(Publicado DN 22 junio)
martes, junio 16, 2015
¡Hola!
Puede que los pactos sean apasionantes, o que el cambio de ciclo político, que ha pasado se der una tortilla de dos huevos a un revuelto de cuatro, como en el chiste de Oroz, sea lo nunca visto, o que la llegada de Bildu al ayuntamiento active todas las alarmas, pero todo eso se ha quedado en nada ante el affaire (presunto) entre Vargas Llosa y la Preysler, hasta el punto que en las tertulias serias (presuntamente) de la mañana en la radio, tenían que hacer grandes esfuerzo para volver a la política y apartarse de esta exclusiva, lo que lograban a duras penas, y en los cenáculos de intelectuales, en los que nos alarmaríamos si supiéramos de lo que se suele hablar, era el tema estrella. Este asunto, que de pronto concierne a todo el mundo, como si fuera un tiempo muerto ante tanta murga trae, desde luego, el recuerdo de Boyer renunciando a su puesto en el primer gobierno socialista para estar con Isabel; aquella mujer que representaba todo lo que el modelo de izquierdas denostaba con más furia: la frivolidad, la pose, las fiestas, la feminidad en estado puro, frente a la propuesta de mujer liberada, con ambición profesional y en pie de igualdad con el hombre, que era el modelo ideal. Aquello fue un choque con la realidad que entendió todo el mundo, la prueba de que aquellos izquierdistas con chaqueta de pana también eran sensibles a los encantos de la vida fácil y que en el corazón no manda nunca la cabeza. Cuando Boyer eligió a la Preysler, era un síntoma, un adelantado a lo que iba a pasar, la prueba de que el poder cambia a todo el mundo, y que hay que tener cuidado al elegir los enemigos pues uno termina pareciéndose a ellos. Vargas Llosa, por su parte, lleva a cuestas un Nobel, un expediente intachable de intelectual comprometido, y 50 años de matrimonio con una mujer que le había acompañado a todas partes, incluida las tramas de sus novelas y ahora ha llegado al papel couché. Desde la boda de la duquesa de Alba con aquel Aguirre, a quien Manuel Vincent dedicó un libro divertido e implacable, no se veía nada así.
(Publicado en DN 15 junio)
(Publicado en DN 15 junio)
jueves, junio 11, 2015
Premio para Ramón
En un día lluvioso, con la niebla prendida a los riscos de Leyre, Ramón Andrés ha recibido de manos del Rey el premio Principe de Viana de la Cultura. En el acto estaban los que se iban y los que llegaban. Los gobernantes que se van despidiendo a regañadientes y los que llegan para empezar a saber de qué va esto. La rueda que gira. Entre fanfarrias, corrillos y discursos, con olor a incienso y a piedra húmeda, Ramón ha salido al estrado para decir en un texto breve, en lucha con la retórica, que la cultura es resistencia -ante los bárbaros, se entiende- y reivindicar al hombre, mas allá de la técnica, el ruido y de los engañosos reclamos de la nada y del exceso, que vienen a ser lo mismo, como un portador de sentido, una herencia de significados, un eslabón del Ser.
En un rincón del claustro he hablado con él un rato sobre las palabras y el valor del silencio, capaz de curar cualquier enfermedad; de su libro "No sufrir compañía; de Lacan y de su método de trabajo. Ramón habla pausadamente y atiende con mucho interés, como si se le fuera a revelar algo valioso. En un día tan inusual para él, en general enclaustrado entre libros, parecía a la vez satisfecho y asombrado. La Reina, al pasar a su lado, le ha dicho: oye, Ramón, como si le conociera de siempre, y él ha ido enseguida a atenderla, solícito, como hace con todo el mundo.
En un rincón del claustro he hablado con él un rato sobre las palabras y el valor del silencio, capaz de curar cualquier enfermedad; de su libro "No sufrir compañía; de Lacan y de su método de trabajo. Ramón habla pausadamente y atiende con mucho interés, como si se le fuera a revelar algo valioso. En un día tan inusual para él, en general enclaustrado entre libros, parecía a la vez satisfecho y asombrado. La Reina, al pasar a su lado, le ha dicho: oye, Ramón, como si le conociera de siempre, y él ha ido enseguida a atenderla, solícito, como hace con todo el mundo.
martes, junio 09, 2015
Amnesia
La posible entrega a Bildu de la alcaldía de Pamplona ha tenido mucha repercusión en los medios por las torpes y ofensivas palabras de Iglesias, acusando a los regionalistas de corruptos y de servirse del dolor de las víctimas, lo que ha indignado en especial a María Caballero, quien es claro que no está ahí para servirse de nada, sino para poner voz a lo que su padre defendía y no le dejaron, lo cual es una de las causas más nobles para estar en política, y tiene además razones para desconfiar de la solvencia democrática de Bildu y de su sensibilidad ante las víctimas, quizás ahora más que nunca, porque este grupo ha tenido una buena oportunidad para quitarse de encima estas suspicacias y acreditar que estamos de verdad en un nuevo tiempo y no lo ha hecho. Bildu cuenta con un candidato a alcalde que ya en el año 1998, tras el asesinato de Tomás Caballero, firmó, como hemos sabido, una carta condenándolo -algo que alguno de los que se van a sentar con él no han hecho todavía, lo que supone una corrupción moral, por cierto, mayor que la económica- pero que, lejos de mostrar orgullo por ello; en vez de invocar esta carta como coartada de su distancia con aquellos que no respetaban la vida; teniendo la mejor prueba de que él siguió otra trayectoria y tiene otro talante; en vez, en fin, de sacar pecho, es como si se avergonzara de ello y temiera pasar por tibio ante los suyos y ahora resulta que no se acuerda de haber firmado aquella carta, sino que sufre amnesia selectiva, dice que no sabe en qué contexto lo hizo –como si fuera posible olvidar el contexto de aquellos días- y que todas las violencias son rechazables etc. Que distinta esta posición, que resulta tan vieja y frustrante, de lo que acaba de hacer Urkullu, por ejemplo, pidiendo perdón por haber tardado tanto en comprender el dolor de las víctimas. Eta se va diluyendo en el pasado y hay una especie de amnesia colectiva, un querer pasar página y superar el pasado. El tiempo parece borrarlo todo y no se puede nada contra él. Solo ciertos olvidos resultan imperdonables.
(Publicado DN 8 junio)
(Publicado DN 8 junio)
viernes, junio 05, 2015
Carlos
En la tórrida tarde de Pamplona me acerco hasta el estudio de Carlos Puig, en la Jarauta, abierto en la semana dedicada al barrio de los artistas, y allí hace fresquito y cuelgan las hojas de agenda de su cuaderno de campo, en las que va dibujando la pequeña intimidad que es la de todos, y se expone algún cuadro, entre ellos, inacabado, uno con flores y hierbas de campo que se van entrelazando hasta formar una malla consistente. Al parecer, hace unos meses, tuvo un parón creativo y no sabía para donde tirar. Esos parones son buena cosa, una advertencia de que la forma habitual se ha hecho ya trillada y hay que ir por otro camino.
Crear es, sobre todo, un acto de valentia. Si uno es cobarde, está perdido. Detrás de ese campo de flores, se pregunta el que mira, ¿qué se encuentra?
Crear es, sobre todo, un acto de valentia. Si uno es cobarde, está perdido. Detrás de ese campo de flores, se pregunta el que mira, ¿qué se encuentra?
lunes, junio 01, 2015
Charnela
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| Libro de A.Floristan sobre la Ribera. 1951. |
(Publicado DN 1 dejunio)
martes, mayo 26, 2015
Palmira
En medio del ingrato desierto está el oasis de Palmira, en Siria, donde dicen que paraban las caravanas en la ruta de la seda, y que llegó a ser ciudad romana y nabatea -ese pueblo que también edificó Petra- y de todo ello todavía quedan edificios en pie, templos y estatuas que se salvaron casi por casualidad del paso del tiempo, las hordas guerreras, el clima extremo, los vendedores de reliquias, las guerras modernas; restos que ahora peligran por el furor islamista bajo la forma del llamado Estado Islámico, esa nueva versión de la manía iconoclasta que cada cierto tiempo asola el mundo, la necesidad de acabar con signos y representaciones -no hacer imagen de Dios- y puede que dentro de poco veamos escenas como las de los budas de Bamiyan, cuando los talibanes volaron esas grandes estatuas de Gautama labradas en la roca, o las del museo de Mosul, cuando vimos destruir a martillazos efigies de viejos dioses, no sé si asirios, con barbas de caracol. Puede que ver caer unas piedras sea poco, comparado con la crueldad de este grupo que cuando llega un sitio decapita a oponentes, acaba con los infieles y entierra a las mujeres bajo siete velos, o las vende, poniendo en duda la idea de que el mundo haya progresado algo, pero, sin embargo, la visión de este furia con las viejas piedras nos produce una especial impresión. Es como si viéramos de pronto el fanatismo en estado puro, la ignorante locura del mal gratuito, la simplicidad implacable de unas creencias que no admiten duda, y están dispuestos a acabar con todo. Esos viejos muros, las columnas y capitales que apenas se mantienen en pie, son la pobre huella del hombre civilizado; la urbe frente al desierto; la vida en común y con reglas frente a las plagas de la inhumanidad. Que los hombres se maten entre sí es algo casi trivial. Que existan guerras terribles como ésta, en la que no se salva nadie, no es nada nuevo. La saña de estos destructores de antiguas estatuas, dispuestos a que no quede piedra sobre piedra, es lo que nos asusta.
(Publicado en DN 25 mayo)
(Publicado en DN 25 mayo)
sábado, mayo 23, 2015
Chogolisa
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| Chogolisa y sus dos cumbres a la derecha |
Gregorio Ariz escribió un libro sobre el secreto de este monte, el Chogolisa, que es la cumbre más alta que llegó a ascender y que, al no llegar a los 8000 metros -como pasa con otras muchas cumbres del Himalaya- ha sido muy poco visitada. Esta montaña está en el macizo de Karakorum, en Pakistan, junto al imponente K2 que sobrepasa los 8.600 metros. Al hablar del Chogolisa el otro día, junto a un grupito de montañeros de la vieja escuela, Gregorio fue poniendo las diapositivas un tanto ajadas de viejas expediciones, cuando para acercarse al campo base se necesitaban decenas de porteadores para acarrear el equipo y las provisiones, y todo era mas costoso y, por supuesto, más romántico. Entonces nadie tenía tanta prisa ni trataba de batir ningun record y, cuando era menester, había tiempo para fotografiarse con el alcalde de un pueblo en el camino, junto a sus tres mujeres. En los cajones de muchos de estos montañeros que hoy son abuelos, hay cientos de fotos y cuadernos de notas, imágenes y relatos de un mundo que ya ha desaparecido, un patrimonio valioso que merecería ser conservado.
En la cima del Chogolisa Gregorio encontró una pequeña muñeca de trapo japonesa. La historia de ese objeto y sus incidencias son el hilo conductor de un libro que rememora una vida montañera de las de antes, afrontada con jersey de lana, botas de cuero y gorra visera. Un objeto en la cima de un monte es un testigo, y un mensaje al que llega después. Es discutible lo que cabe hacer con él: bajarlo o dejarlo allí. Una simple muñeca de trapo, esa es la única reconpensa. Además de poder contemplar, una vez en la vida, el mundo desde allí arriba: los grandes picos y los extensos valles labrados por glaciares que brillan y se entrecruzan .
miércoles, mayo 20, 2015
Contexto
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Como si necesitara hacer méritos, y para que no queden dudas, Joseba Asiron, candidato de Bildu a la alcaldía de Pamplona, matiza ahora su apoyo a la condena que firmó en 1998, de la que dice no acordarse (véase la entrevista en DN), por el asesinato del concejal del ayuntamiento, Tomás Caballero. "No recuerdo en qué contexto fue", dice, como si alguien de su edad en Pamplona pudiera no acordarse de algo así; como si para estremecerse por la muerte a sangre fría de un oponente politico por denunciar el matonismo de ETA, hiciera falta un determinado contexto. "El contexto de los días posteriores al asesinato" le recuerda la entrevistadora, a ver si refresca la memoria "Pues no lo recuerdo" insiste Asiron, para largarnos luego la piadosa letanía de que todas las violencias son rechazables y que, lo mismo que de Eta, espera del Estado (tanto monta) un proceso de reflexión y de autocrítica y que no piensa entrar en una "dinámica de condenas".
Este es el mensaje que se manda sin complejos a los votantes, para que no tengan duda de qué significa su voto. Este es el contexto.
lunes, mayo 18, 2015
How old
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| Teresa Rodriguez. |
(Publicado DN 18 mayo)
viernes, mayo 15, 2015
La pérdida del humano
"El texto que aquí se presenta recoge algunas elaboraciones que he realizado a lo largo de los últimos años en relación a mi mayor preocupación teórica, pero también practica y existencial o vital", dice Lierni en el prólogo de este libro que se presentó el viernes pasado en la librería Katakrak, donde fui invitado a decir alguna cosa.
"Podríamos decir" sigue diciendo Lierni "de un modo genérico que dicha preocupación es la visión que nuestra época tiene del ser humano, la pregunta por aquello que nos constituye, por lo que nos humaniza y nos diferencia del resto de los seres vivos".
Estas pretensiones de Lierni no son ya usuales en un libro. ¡Aquello que nos humaniza! ¡La visión de nuestra época! La felicidad que es posible obtener.... Hoy no se escriben libros así, sería muy osado, muy poco posmoderno. Pero este se atreve con ello, y no se limita a un mero conocimiento hecho de referencias ilustradas y conceptos, sino un saber de otro orden, pasado por la experiencia y que atiende justamente a aquello de lo que el saber, en realidad, no quiere saber.
Tecnociencia, reducción del hombre a pura biología, homologación
que nos iguala a la hora de crear protocolos, adoptar medidas y tratamientos que valen para cualquiera, sin atender a lo particular de cada uno; imposición de lo que se decide que es un bien para el otro, por encima de la relación clínica; todo esto define nuestra época, junto con el empuje al goce: el mandato de disfrutar sin límite, bajo la idea de que todo es posible y que los objetos tecnológicos pueden colmar nuestra falta, eso que nos hace deseantes.
Se trata, pues, de ensayar otro saber.
Por eso no es casual que varios de los capítulos de este libro estén precedidos por fragmentos de textos literarios, porque es distinto saber sobre un duelo o un enamoramiento, un hecho o una época, mediante una historia, que mediante una descripción teórica. Lo primero nos transmite la realidad directamente en toda su complejidad. Logra el efecto de darnos la clave para entenderlo. La mentira del arte sirve para acceder a la verdad. Lo que nos aporta el arte, además, es de un orden que parece ir más allá de la pretensión del artista. Como si el artista tuviera el don de la anticipación, de intuir las cosas, sin buscarlo.
Esta es también lo que expone de Freud en sus ensayos sobre Leonardo o sobre la Gradiva, o de Lacan cuando señala que Margarite Duras escribía lo que él enseñaba.
Tenemos el texto de Freud:
"El novelista ha precedido siempre al hombre de ciencia y en particular al psicoanalista. Ambos comparten el mismo saber pero el artista, por su parte, prefiere no saber que sabe, es algo que no le interesa, incluso que le repugna. El artista, en suma, no sabe en realidad lo que está diciendo".
Sería un adelantarse el del artista que no tendría mérito, pues ni siquiera sabe lo que dice, como el hablante en una sesión analítica.
Atender a esa intuición del artista, prestar atención a lo que nos sugiere y adelanta. De este saber se vale el libro.
"Podríamos decir" sigue diciendo Lierni "de un modo genérico que dicha preocupación es la visión que nuestra época tiene del ser humano, la pregunta por aquello que nos constituye, por lo que nos humaniza y nos diferencia del resto de los seres vivos".
Estas pretensiones de Lierni no son ya usuales en un libro. ¡Aquello que nos humaniza! ¡La visión de nuestra época! La felicidad que es posible obtener.... Hoy no se escriben libros así, sería muy osado, muy poco posmoderno. Pero este se atreve con ello, y no se limita a un mero conocimiento hecho de referencias ilustradas y conceptos, sino un saber de otro orden, pasado por la experiencia y que atiende justamente a aquello de lo que el saber, en realidad, no quiere saber.
Tecnociencia, reducción del hombre a pura biología, homologación
que nos iguala a la hora de crear protocolos, adoptar medidas y tratamientos que valen para cualquiera, sin atender a lo particular de cada uno; imposición de lo que se decide que es un bien para el otro, por encima de la relación clínica; todo esto define nuestra época, junto con el empuje al goce: el mandato de disfrutar sin límite, bajo la idea de que todo es posible y que los objetos tecnológicos pueden colmar nuestra falta, eso que nos hace deseantes.
Se trata, pues, de ensayar otro saber.
Por eso no es casual que varios de los capítulos de este libro estén precedidos por fragmentos de textos literarios, porque es distinto saber sobre un duelo o un enamoramiento, un hecho o una época, mediante una historia, que mediante una descripción teórica. Lo primero nos transmite la realidad directamente en toda su complejidad. Logra el efecto de darnos la clave para entenderlo. La mentira del arte sirve para acceder a la verdad. Lo que nos aporta el arte, además, es de un orden que parece ir más allá de la pretensión del artista. Como si el artista tuviera el don de la anticipación, de intuir las cosas, sin buscarlo.
Esta es también lo que expone de Freud en sus ensayos sobre Leonardo o sobre la Gradiva, o de Lacan cuando señala que Margarite Duras escribía lo que él enseñaba.
Tenemos el texto de Freud:
"El novelista ha precedido siempre al hombre de ciencia y en particular al psicoanalista. Ambos comparten el mismo saber pero el artista, por su parte, prefiere no saber que sabe, es algo que no le interesa, incluso que le repugna. El artista, en suma, no sabe en realidad lo que está diciendo".
Sería un adelantarse el del artista que no tendría mérito, pues ni siquiera sabe lo que dice, como el hablante en una sesión analítica.
Atender a esa intuición del artista, prestar atención a lo que nos sugiere y adelanta. De este saber se vale el libro.
martes, mayo 12, 2015
Ramón Andrés
El mejor servicio que puede prestar un premio es darnos a conocer alguien valioso, y es lo que ha pasado con Ramón Andrés, reciente premio Príncipe de Viana, un pamplonés que salió de aquí hace años y se convirtió en un escritor de verdad, lleno de saberes y de talento, y que ha sido siempre un hombre en segundo plano; alguien que comenzó de cantante de música antigua y luego se retiró del vano mundo a labrar una obra intensa y rigurosa, en la que sigue, ahora en una celda del barrio de Gracia de Barcelona, de tal modo que sin salir de ella ha compuesto un diccionario de música, magia y religión, ha recorrido la historia del suicidio, invocado la necesidad del silencio y la inquietante desnudez de la mística, y ha viajado al Delft del siglo XVII, el que vio a Veermer y a Spinoza, ese judío que levantó el edificio de la Ética mientras pulía lentes, con la excusa de contarnos la historia de un luthier. Andrés es un hombre que siempre ha escrito sobre música, lo que no deja de ser una paradoja, pues la música es algo que no precisa de palabras para transmitirnos verdad y belleza; la que nos salva, en cierto modo, de las torpes palabras con las que apenas podemos expresar nada. Pero a él, es la música la que le ha llevado a entrecruzarse con otras artes, como si todas ellas fueran, como en su origen, una sola. Creíamos que el modelo más preciado de hombre de cultura era el del intelectual comprometido, el artista que toma partido, que se mancha las manos y pone su arte al servicio de las causas justas, pero resulta que hoy hay una función más necesaria, que es sencillamente la de decir no, la de volver la espalda, la de no dejarse arrastrar por los focos, la trivialidad, el dinero y el brillo mediático y resistir empeñado en una obra que sirva de verdad a quien se acerque a ella. Si me obligan a predicar, dice Andrés en uno de sus aforismos, solo lo haría en el desierto. Así es Ramón Andrés: un escritor, podemos decir, en su torre, como el gran Montaigne, que no sale en la prensa ni firma manifiestos, y que ahora no tendrá oro remedio que afinar sus palabras para decírselas a un rey. (Publicado DN 11mayo)
martes, mayo 05, 2015
Registro
Después de varias idas y venidas, en las que el gobierno había amagado con confiar el Registro Civil al cuerpo de registradores de la propiedad, lo que conllevaba que dejaría de ser gratuito, puesto que estos profesionales trabajan con arancel, ha decidido ahora dejar las cosas como estaban. Esta manera errática de tomar decisiones sobre cosas importantes es algo que no suele advertirse, dado que la gente es en general buena y cree que estamos en manos expertas, algo que está por demostrar. El caso es que hasta 1871, en España la cuenta de nacimiento, defunciones y matrimonios, la contabilidad de la población y sus cambios era competencia de los párrocos, en cuyos registros –merece la pena ver esos viejos libros- se inscribían los hechos básicos de nuestra vida, que así, en cierto modo seguía siendo cosa de la Iglesia. El Registro fue una conquista del estado laico y de la legislación civil, que colocaba al individuo por encima de los mandatos de una religión concreta y separaba lo que es de Dios de lo que es del César, una confusión que todavía trae efectos letales en el mundo musulmán, por ejemplo. Esta sencilla competencia de anotarnos en su lista es una labor esencial del estado pues, al inscribirnos en su registro, nos acepta como ciudadanos y nos confiere y garantiza los correspondientes derechos. No en vano esto está a cargo de un juez. No resultaba nada lógico que un estado como el que tenemos, que se ocupa de todo tipo de cosas peregrinas, lleno de entes variopintos, organismos, observatorios sobre sobre el oso pardo, el cambio climático o la corrección del lenguaje se desentendiera justamente de lo que le es más propio. Recuerdo que Sosa Wagner hizo hace tiempo un intento de cuantificar grosso modo estos organismos vagamente administrativos, cuya detección y estudio tiene la complejidad de la entomología y no logró una cifra aproximada. Unas breves líneas en el registro, eso es todo lo que quedará de nosotros con el tiempo, así que merece la pena que alguien tome nota para que no quede duda.
(Publicado DN 4 mayo 2015)
(Publicado DN 4 mayo 2015)
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