En medio del ingrato desierto está el oasis de Palmira, en Siria, donde dicen que paraban las caravanas en la ruta de la seda, y que llegó a ser ciudad romana y nabatea -ese pueblo que también edificó Petra- y de todo ello todavía quedan edificios en pie, templos y estatuas que se salvaron casi por casualidad del paso del tiempo, las hordas guerreras, el clima extremo, los vendedores de reliquias, las guerras modernas; restos que ahora peligran por el furor islamista bajo la forma del llamado Estado Islámico, esa nueva versión de la manía iconoclasta que cada cierto tiempo asola el mundo, la necesidad de acabar con signos y representaciones -no hacer imagen de Dios- y puede que dentro de poco veamos escenas como las de los budas de Bamiyan, cuando los talibanes volaron esas grandes estatuas de Gautama labradas en la roca, o las del museo de Mosul, cuando vimos destruir a martillazos efigies de viejos dioses, no sé si asirios, con barbas de caracol. Puede que ver caer unas piedras sea poco, comparado con la crueldad de este grupo que cuando llega un sitio decapita a oponentes, acaba con los infieles y entierra a las mujeres bajo siete velos, o las vende, poniendo en duda la idea de que el mundo haya progresado algo, pero, sin embargo, la visión de este furia con las viejas piedras nos produce una especial impresión. Es como si viéramos de pronto el fanatismo en estado puro, la ignorante locura del mal gratuito, la simplicidad implacable de unas creencias que no admiten duda, y están dispuestos a acabar con todo. Esos viejos muros, las columnas y capitales que apenas se mantienen en pie, son la pobre huella del hombre civilizado; la urbe frente al desierto; la vida en común y con reglas frente a las plagas de la inhumanidad. Que los hombres se maten entre sí es algo casi trivial. Que existan guerras terribles como ésta, en la que no se salva nadie, no es nada nuevo. La saña de estos destructores de antiguas estatuas, dispuestos a que no quede piedra sobre piedra, es lo que nos asusta.
(Publicado en DN 25 mayo)
martes, mayo 26, 2015
sábado, mayo 23, 2015
Chogolisa
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| Chogolisa y sus dos cumbres a la derecha |
Gregorio Ariz escribió un libro sobre el secreto de este monte, el Chogolisa, que es la cumbre más alta que llegó a ascender y que, al no llegar a los 8000 metros -como pasa con otras muchas cumbres del Himalaya- ha sido muy poco visitada. Esta montaña está en el macizo de Karakorum, en Pakistan, junto al imponente K2 que sobrepasa los 8.600 metros. Al hablar del Chogolisa el otro día, junto a un grupito de montañeros de la vieja escuela, Gregorio fue poniendo las diapositivas un tanto ajadas de viejas expediciones, cuando para acercarse al campo base se necesitaban decenas de porteadores para acarrear el equipo y las provisiones, y todo era mas costoso y, por supuesto, más romántico. Entonces nadie tenía tanta prisa ni trataba de batir ningun record y, cuando era menester, había tiempo para fotografiarse con el alcalde de un pueblo en el camino, junto a sus tres mujeres. En los cajones de muchos de estos montañeros que hoy son abuelos, hay cientos de fotos y cuadernos de notas, imágenes y relatos de un mundo que ya ha desaparecido, un patrimonio valioso que merecería ser conservado.
En la cima del Chogolisa Gregorio encontró una pequeña muñeca de trapo japonesa. La historia de ese objeto y sus incidencias son el hilo conductor de un libro que rememora una vida montañera de las de antes, afrontada con jersey de lana, botas de cuero y gorra visera. Un objeto en la cima de un monte es un testigo, y un mensaje al que llega después. Es discutible lo que cabe hacer con él: bajarlo o dejarlo allí. Una simple muñeca de trapo, esa es la única reconpensa. Además de poder contemplar, una vez en la vida, el mundo desde allí arriba: los grandes picos y los extensos valles labrados por glaciares que brillan y se entrecruzan .
miércoles, mayo 20, 2015
Contexto
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Como si necesitara hacer méritos, y para que no queden dudas, Joseba Asiron, candidato de Bildu a la alcaldía de Pamplona, matiza ahora su apoyo a la condena que firmó en 1998, de la que dice no acordarse (véase la entrevista en DN), por el asesinato del concejal del ayuntamiento, Tomás Caballero. "No recuerdo en qué contexto fue", dice, como si alguien de su edad en Pamplona pudiera no acordarse de algo así; como si para estremecerse por la muerte a sangre fría de un oponente politico por denunciar el matonismo de ETA, hiciera falta un determinado contexto. "El contexto de los días posteriores al asesinato" le recuerda la entrevistadora, a ver si refresca la memoria "Pues no lo recuerdo" insiste Asiron, para largarnos luego la piadosa letanía de que todas las violencias son rechazables y que, lo mismo que de Eta, espera del Estado (tanto monta) un proceso de reflexión y de autocrítica y que no piensa entrar en una "dinámica de condenas".
Este es el mensaje que se manda sin complejos a los votantes, para que no tengan duda de qué significa su voto. Este es el contexto.
lunes, mayo 18, 2015
How old
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| Teresa Rodriguez. |
(Publicado DN 18 mayo)
viernes, mayo 15, 2015
La pérdida del humano
"El texto que aquí se presenta recoge algunas elaboraciones que he realizado a lo largo de los últimos años en relación a mi mayor preocupación teórica, pero también practica y existencial o vital", dice Lierni en el prólogo de este libro que se presentó el viernes pasado en la librería Katakrak, donde fui invitado a decir alguna cosa.
"Podríamos decir" sigue diciendo Lierni "de un modo genérico que dicha preocupación es la visión que nuestra época tiene del ser humano, la pregunta por aquello que nos constituye, por lo que nos humaniza y nos diferencia del resto de los seres vivos".
Estas pretensiones de Lierni no son ya usuales en un libro. ¡Aquello que nos humaniza! ¡La visión de nuestra época! La felicidad que es posible obtener.... Hoy no se escriben libros así, sería muy osado, muy poco posmoderno. Pero este se atreve con ello, y no se limita a un mero conocimiento hecho de referencias ilustradas y conceptos, sino un saber de otro orden, pasado por la experiencia y que atiende justamente a aquello de lo que el saber, en realidad, no quiere saber.
Tecnociencia, reducción del hombre a pura biología, homologación
que nos iguala a la hora de crear protocolos, adoptar medidas y tratamientos que valen para cualquiera, sin atender a lo particular de cada uno; imposición de lo que se decide que es un bien para el otro, por encima de la relación clínica; todo esto define nuestra época, junto con el empuje al goce: el mandato de disfrutar sin límite, bajo la idea de que todo es posible y que los objetos tecnológicos pueden colmar nuestra falta, eso que nos hace deseantes.
Se trata, pues, de ensayar otro saber.
Por eso no es casual que varios de los capítulos de este libro estén precedidos por fragmentos de textos literarios, porque es distinto saber sobre un duelo o un enamoramiento, un hecho o una época, mediante una historia, que mediante una descripción teórica. Lo primero nos transmite la realidad directamente en toda su complejidad. Logra el efecto de darnos la clave para entenderlo. La mentira del arte sirve para acceder a la verdad. Lo que nos aporta el arte, además, es de un orden que parece ir más allá de la pretensión del artista. Como si el artista tuviera el don de la anticipación, de intuir las cosas, sin buscarlo.
Esta es también lo que expone de Freud en sus ensayos sobre Leonardo o sobre la Gradiva, o de Lacan cuando señala que Margarite Duras escribía lo que él enseñaba.
Tenemos el texto de Freud:
"El novelista ha precedido siempre al hombre de ciencia y en particular al psicoanalista. Ambos comparten el mismo saber pero el artista, por su parte, prefiere no saber que sabe, es algo que no le interesa, incluso que le repugna. El artista, en suma, no sabe en realidad lo que está diciendo".
Sería un adelantarse el del artista que no tendría mérito, pues ni siquiera sabe lo que dice, como el hablante en una sesión analítica.
Atender a esa intuición del artista, prestar atención a lo que nos sugiere y adelanta. De este saber se vale el libro.
"Podríamos decir" sigue diciendo Lierni "de un modo genérico que dicha preocupación es la visión que nuestra época tiene del ser humano, la pregunta por aquello que nos constituye, por lo que nos humaniza y nos diferencia del resto de los seres vivos".
Estas pretensiones de Lierni no son ya usuales en un libro. ¡Aquello que nos humaniza! ¡La visión de nuestra época! La felicidad que es posible obtener.... Hoy no se escriben libros así, sería muy osado, muy poco posmoderno. Pero este se atreve con ello, y no se limita a un mero conocimiento hecho de referencias ilustradas y conceptos, sino un saber de otro orden, pasado por la experiencia y que atiende justamente a aquello de lo que el saber, en realidad, no quiere saber.
Tecnociencia, reducción del hombre a pura biología, homologación
que nos iguala a la hora de crear protocolos, adoptar medidas y tratamientos que valen para cualquiera, sin atender a lo particular de cada uno; imposición de lo que se decide que es un bien para el otro, por encima de la relación clínica; todo esto define nuestra época, junto con el empuje al goce: el mandato de disfrutar sin límite, bajo la idea de que todo es posible y que los objetos tecnológicos pueden colmar nuestra falta, eso que nos hace deseantes.
Se trata, pues, de ensayar otro saber.
Por eso no es casual que varios de los capítulos de este libro estén precedidos por fragmentos de textos literarios, porque es distinto saber sobre un duelo o un enamoramiento, un hecho o una época, mediante una historia, que mediante una descripción teórica. Lo primero nos transmite la realidad directamente en toda su complejidad. Logra el efecto de darnos la clave para entenderlo. La mentira del arte sirve para acceder a la verdad. Lo que nos aporta el arte, además, es de un orden que parece ir más allá de la pretensión del artista. Como si el artista tuviera el don de la anticipación, de intuir las cosas, sin buscarlo.
Esta es también lo que expone de Freud en sus ensayos sobre Leonardo o sobre la Gradiva, o de Lacan cuando señala que Margarite Duras escribía lo que él enseñaba.
Tenemos el texto de Freud:
"El novelista ha precedido siempre al hombre de ciencia y en particular al psicoanalista. Ambos comparten el mismo saber pero el artista, por su parte, prefiere no saber que sabe, es algo que no le interesa, incluso que le repugna. El artista, en suma, no sabe en realidad lo que está diciendo".
Sería un adelantarse el del artista que no tendría mérito, pues ni siquiera sabe lo que dice, como el hablante en una sesión analítica.
Atender a esa intuición del artista, prestar atención a lo que nos sugiere y adelanta. De este saber se vale el libro.
martes, mayo 12, 2015
Ramón Andrés
El mejor servicio que puede prestar un premio es darnos a conocer alguien valioso, y es lo que ha pasado con Ramón Andrés, reciente premio Príncipe de Viana, un pamplonés que salió de aquí hace años y se convirtió en un escritor de verdad, lleno de saberes y de talento, y que ha sido siempre un hombre en segundo plano; alguien que comenzó de cantante de música antigua y luego se retiró del vano mundo a labrar una obra intensa y rigurosa, en la que sigue, ahora en una celda del barrio de Gracia de Barcelona, de tal modo que sin salir de ella ha compuesto un diccionario de música, magia y religión, ha recorrido la historia del suicidio, invocado la necesidad del silencio y la inquietante desnudez de la mística, y ha viajado al Delft del siglo XVII, el que vio a Veermer y a Spinoza, ese judío que levantó el edificio de la Ética mientras pulía lentes, con la excusa de contarnos la historia de un luthier. Andrés es un hombre que siempre ha escrito sobre música, lo que no deja de ser una paradoja, pues la música es algo que no precisa de palabras para transmitirnos verdad y belleza; la que nos salva, en cierto modo, de las torpes palabras con las que apenas podemos expresar nada. Pero a él, es la música la que le ha llevado a entrecruzarse con otras artes, como si todas ellas fueran, como en su origen, una sola. Creíamos que el modelo más preciado de hombre de cultura era el del intelectual comprometido, el artista que toma partido, que se mancha las manos y pone su arte al servicio de las causas justas, pero resulta que hoy hay una función más necesaria, que es sencillamente la de decir no, la de volver la espalda, la de no dejarse arrastrar por los focos, la trivialidad, el dinero y el brillo mediático y resistir empeñado en una obra que sirva de verdad a quien se acerque a ella. Si me obligan a predicar, dice Andrés en uno de sus aforismos, solo lo haría en el desierto. Así es Ramón Andrés: un escritor, podemos decir, en su torre, como el gran Montaigne, que no sale en la prensa ni firma manifiestos, y que ahora no tendrá oro remedio que afinar sus palabras para decírselas a un rey. (Publicado DN 11mayo)
martes, mayo 05, 2015
Registro
Después de varias idas y venidas, en las que el gobierno había amagado con confiar el Registro Civil al cuerpo de registradores de la propiedad, lo que conllevaba que dejaría de ser gratuito, puesto que estos profesionales trabajan con arancel, ha decidido ahora dejar las cosas como estaban. Esta manera errática de tomar decisiones sobre cosas importantes es algo que no suele advertirse, dado que la gente es en general buena y cree que estamos en manos expertas, algo que está por demostrar. El caso es que hasta 1871, en España la cuenta de nacimiento, defunciones y matrimonios, la contabilidad de la población y sus cambios era competencia de los párrocos, en cuyos registros –merece la pena ver esos viejos libros- se inscribían los hechos básicos de nuestra vida, que así, en cierto modo seguía siendo cosa de la Iglesia. El Registro fue una conquista del estado laico y de la legislación civil, que colocaba al individuo por encima de los mandatos de una religión concreta y separaba lo que es de Dios de lo que es del César, una confusión que todavía trae efectos letales en el mundo musulmán, por ejemplo. Esta sencilla competencia de anotarnos en su lista es una labor esencial del estado pues, al inscribirnos en su registro, nos acepta como ciudadanos y nos confiere y garantiza los correspondientes derechos. No en vano esto está a cargo de un juez. No resultaba nada lógico que un estado como el que tenemos, que se ocupa de todo tipo de cosas peregrinas, lleno de entes variopintos, organismos, observatorios sobre sobre el oso pardo, el cambio climático o la corrección del lenguaje se desentendiera justamente de lo que le es más propio. Recuerdo que Sosa Wagner hizo hace tiempo un intento de cuantificar grosso modo estos organismos vagamente administrativos, cuya detección y estudio tiene la complejidad de la entomología y no logró una cifra aproximada. Unas breves líneas en el registro, eso es todo lo que quedará de nosotros con el tiempo, así que merece la pena que alguien tome nota para que no quede duda.
(Publicado DN 4 mayo 2015)
(Publicado DN 4 mayo 2015)
martes, abril 28, 2015
Ceniza
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| Arroyo con Bergamín en la plaza de toros de Ronda. |
(Pubicado DN 27 abril)
sábado, abril 25, 2015
El testamento de María
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| Blanca Portillo. |
La desgarradura de esta mujer es por la separación del hijo. Una mujer real, se ha dicho, una madre; no la madre de Cristo, subalterna a la divinidad. Ese Cristo, cuyo nombre no se nombra, a quien reprocha que ande siempre entre inadaptados, impostando la voz, haciéndose el importante, de tal forma que, cuando está con sus amigos es como un jarrón lleno de agua estancada, y cuando se queda a solas con ella, poco a poco el agua se va volviendo clara, como recién salida del pozo. No hay para una madre nunca un hijo que hieda. Y así, la obra, vomitada por los registros inauditos de Blanca Portillo, va presentando a una mujer en Efeso, medio secuestrada, que tiene una verdad terrible que quiere contarnos, en la que no ha cabido casi ni una brizna de esperanza, nada la ha convertido, salvo el sueño que sueña a medias con Marta, en el que el hijo muerto -muerto después de los tormentos que por sabidos no podemos creer- sale del agua y abre los ojos, dulcísimo, trayendo las gozosas imágenes del pasado y de la infancia, y es una sábana blanca que esta otra Blanca abraza, como en una Pietà, y se esfuma enseguida, entre el sueño y la vigilia y la nada, como un Dios.
viernes, abril 24, 2015
Cuando las cosas hablan
Ayer, día del libro, se presentó en Pamplona éste en el que he colaborado haciendo lo posible porque se escuche a una boina, un retal de San Miguel de Aralar, una mandíbula con flecha de silex y el traje del bobo de Muskilda, el que va danzando por su cuenta.
martes, abril 21, 2015
La tentación del fracaso
La historia de Rato vuelve a confirmar que la victoria tiene cien padres, pero la derrota es huérfana, y no hace falta sino ver como su antiguo partido, que estuvo a punto de hacerlo presidente, lejos de poner una red a su caída, le convierte en una especie de coartada para intentar convencernos de que se es implacable con los corruptos. Pero la historia de Rato tiene una cara trágica, de personaje brillante que cae desde lo más alto, no en vano la derrota tiene su aura frente al éxito que es siempre insolente, sospechoso, un poco soez y su historia recuerda a la de aquellos triunfadores a quienes una fuerza interior lleva a recelar de su éxito y a dilapidar su logros, como si no los merecieran y necesitaran castigarse, de una forma que desde fuera parece deliberada. Los que al fracasar triunfan, y al revés. La derrota tiene una dignidad, decían los clásicos, que la victoria no conoce. Tal vez entre nosotros el ejemplo más notable sea Urralburu, que pudiendo ser un líder indiscutible por los servicios prestados, y convertirse en una especie de Arzalluz, con mando a la sombra, se las apañó para labrase un fracaso definitivo e irrevocable. Teniéndolo todo, siendo un estratega curtido, lo arrojó por la borda. El caso de Rato sería un escalón más de esta tentación irresistible al fracaso. Quizás en mucho tiempo no veamos un ministro de economía tan providencial como él, que además parecía el político perfecto, con un punto aristocrático, desapegado, con la ventaja de que, al ser rico de familia, no necesitaba enriquecerse con la política. Alguien capaz, después de no ser elegido sucesor de Aznar, de salir fuera y de presidir el FMI, un puesto a la altura incluso del exigente Strauss Kahn. Allí dimitió por sorpresa, como si necesitara volver a casa, donde se las apañó para ir despeñándose en un tiempo record. Ni planificándolo bien es facil llegar a tanto. El gran Julio Ramón Ribeyro tituló justamente su autobiografía “La tentación del fracaso”, para explicar cómo tras un aparente éxito existe a veces una fuerza tenaz, autodestructiva, que busca un fracaso en toda regla. (Publicado DN 20 abril)
viernes, abril 17, 2015
Reloj sin manecillas
"La muerte es siempre la misma, pero cada hombre muere a su manera". Es la primera frase de este libro, "Reloj sin manecillas", justamente el reloj de aquel para quien el tiempo, en realidad, ya se ha acabado aunque siga aparentemente vivo. Es la última novela de Mc Cullers, soberbia, de una pieza, con palabras que suenan a verdad, que es lo mejor que se puede decir de un libro.Tal vez no sea lo mejor que escribió -de hecho fue su ultimo empeño novelesco- y puede que en sus ultimos capitulos no sea capaz de mantener el listón, pero vuelvo a empezar de nuevo este libro y sucumbo enseguida a su poder. Las malas críticas que obtuvo este Reloj sin manecillas disuadieron de volver a escribir una novela a esta mujer extraña, enfermiza, siempre dolorida, febril. Hay en estas escritoras del sur, como ella y Flanery O'Connor, que tiene una sensibilidad incluso mas acusada, sibilina, casi mística, una presencia de la causa sureña y de los temas que parecen inevitables: la segregación, la negritud, el mundo rural, la guerra de secesión, el rechazo al gobierno de la Unión, la religión, la violencia contenida, la locura, la sensación de un mundo en que todo está en vilo, al borde de un cataclismo, cercano al estallido. Detrás de este libro está la Biblia y Shakesperae, y el aliento de un gran río que pasa, la luz dorada, los pies desnudos, los olores desde un porche. Puede que Reloj sin manecillas no sea el mejor libro de Carson Mac Cullers, pero sí quizas el que levanta un personaje mas completo: el viejo juez brutal y reaccionario, que a la vez nos suscita compasión, enternecido por su nieto Jester, el hijo de un hijo que se ha suicidado. Ese viejo juez que, en el primer capitulo, toma un wiskhey a media mañana, tras el oficio religioso, en la farmacia de Malone, quien le confiesa que tiene una enfermedad en la sangre, ante lo que el viejo Juez protesta, le dice que es imposible, "porque tu Malone, llevas la mejor sangre del estado". Sangre sabia, es uno de los titulos de O'Connor, sangre que corre por las venas, como las palabras de este libro bombeadas desde el corazón.
miércoles, abril 15, 2015
Borgen
Rosa Díez dijo con despecho, tras lo de Andalucía, que lo que le pasaba a UPyD es que era un partido español pensado para Dinamarca, y claro, no hemos sabido estar a la altura. Garicano, el sabio de Ciudadanos, ha dicho por su parte que nuestro objetivo es tratar de ser como los daneses, y no como Venezuela. Está claro que lo danés está de moda, entre otras cosas por la serie Borgen, que retrata la política de aquel país pequeño y bien ordenado y la historia de la primera mujer que llegó a dirigirlo. Lo danés seria nuestro reverso, el objetivo de un país culto e igualitario, con un alto nivel de vida y una economía productiva, en el que, para colmo, todo el mundo es guapo. Un país que nos pone un poco rabiosos, como el empollón de clase. Pero lo mejor de Borgen, a mi juicio, es que ofrece una visión realista de la política, de sus enredos y sus batallas y de las víctimas que va dejando por el camino, y de cómo esto se entrecruza con la vida privada. La primera ministra se cuela en la lista de un hospital, se separa de su marido o tiene problemas con sus hijos y eso salta en seguida a los medios, se convierte en motivo de ataque de los adversarios, afecta a la visión de los ciudadanos y a su voto. La política, salvo en Corea norte, supone estar siempre bajo los focos, tener que dar explicaciones por todo, contratacar. Estar bajo la lupa es el coste de la política democrática, donde es difícil guardar secretos y todo es significativo. Deslindar donde poner el límite a ese escrutinio es muy difícil. Tal vez la prueba de esto sea aquí el caso de López Aguilar -donde, desde luego, no nos corresponde hacer de jueces- con esa mezcla entre lo que sería íntimo y particular en él, con aquello que el ciudadano tiene derecho a saber. Es una trama digna de Borgen que un ministro que impulsó una dura legislación contra la violencia machista, a la que se acusó de no ser muy delicada con los derechos del acusado, se vea ahora obligado a probar de su propia medicina. Saber si un político ha sido o no congruente con lo que predica, aquí como en Dinamarca, he ahí lo que de verdad importa.
(Publicado DN 13 abril)
(Publicado DN 13 abril)
martes, abril 14, 2015
GINKGO
En Pamplona, junto al patinódromo de Antoniutti, o en las cercanías del café vienes en la Taconera, desafiando a un frío que no termina de dejarnos, el ginkgo biloba ha comenzado brotar. Este árbol notable, cuyas pequeñas hojas recién salidas son como un abanico hendido, dicen que ya existía en el jurásico y que llegó a convivir con los dinosaurios. Procedente de China, el ginkgo llegó a Japón junto con el budismo y es un árbol común en los apacibles aledaños de esos templos que aman el follaje, las piedras y el estanque. Llamado arbre des pagodes y temple tree, fue Linneo quien lo llamó "ginkgo biloba", por el doble lóbulo de su hoja, en su célebre clasificación de las plantas de 1771. Lo cierto es que este árbol es ya común en las ciudades debido a una de sus principales características: su extraordinaria resistencia. Se puede ver amarillear este árbol en Tokyo y en Nueva York, entre rascacielos, pues la contaminación y el veneno letal de la gran urbe no le inmutan. En el mismo Japón, al parecer, se cuenta que todavía no se ha visto morir a un Ginkgo de muerte natural, si es que alguna muerte lo es. De hecho, allí subsiste un ejemplar de Hiroshima que resistió la explosión de la bomba atómica. En la primavera siguiente a ese fatal 6 de agosto de 1945, ese joven ginkgo que adornaba un templo que quedo arrasado, volvió a brotar como si tal cosa. De muchos Ginkgos se cuentan proezas portentosas, y su gran fortaleza, su aparente inmortalidad, casi, han hecho que sus raíces y hojas se utilicen desde antiguo con fines curativos. La farmacopea china, que junto a la medicina de ese pueblo nos sorprende por la aparente modestia de su arsenal terapéutico y con la paradoja de la longevidad de sus gentes, emplea el ginkgo para problemas circulatorios, respiratorios y otros. Un poco más acá, en el ilustrado occidente, la ciencia estudia sus principios activos que parecen desafiar la ley de la entropía. Ya hace tiempo, por lo demás, el ilustre Goethe dedicó al ginkgo un poema en el que abordó el tema del uno y del doble -que tan grato sería, por cierto, años después a Borges- basándose en el doble lóbulo de su hoja que es a la vez una y dos cosas.
(Publicado 2004)
sábado, abril 11, 2015
Garza
Pasó una gran garza por el cielo, batiendo lentamente sus alas, y fue a parar frente a la presa del Irati, junto a las pasarelas, por donde todavía, después de las riadas de este invierno, baja el agua con fuerza, limpia y rápida, sorteando los grandes troncos varados en la corriente, y se puso a mirar la lámina verdosa del río a la espera de algún bocado, inmóvil, hasta que de vez en cuando volvía su cuello y miraba de soslayo como si esperase a alguien. En una isleta cercana había florecido un arbolillo, vestido de pronto de un blanco refulgente, y el día compuso de pronto un paisaje japonés, como si el monte Fuji apareciese en el horizonte o el portentoso paisaje de los cerezos en flor que rodean al castillo de Himeji, también llamado de la garza blanca, que estos días visitan los niños y luego pintan en sus cuadernos junto a la cuidado caligrafía de los kanji, apareciera con sus tejados blancos y achinados, junto a la imagen de una garza o una grulla, que son animales de buena suerte. Recuerdo que mi amigo R., que hacía figuras de origami, ese arte japonés de plegar el papel de arroz, lograba hacer una grullas con gran esfuerzo, pues este arte requiere gran precisión, y mientras manipulaba el papel con cuidado, como una bomba, me contó que si uno hace mil grullas se cumple cualquier deseo, pasa lo mismo que al tirar una moneda al agua, por ejemplo, o soplar una llama, como si los deseos se alcanzaran siempre por caminos oblicuos y uno de ellos fuera lograr las mil grullas del origami. Se cuenta que una niña de Hiroshima que sufrió leucemia después de aquel terrible bombardeo, intentó llegar a mil pero murió cuando había plegado 644, Sasiki, se llamaba, es una historia triste y a la vez de esperanza, propia de este día de fiesta y de sol en el que la gente desfila junto al río, como si llevara una ofrenda, y todo el paisaje está en trance de resucitar, cosa que según un viejo relato sucederá en unas horas, y miran a la garza con la boca abierta, cuando grita de pronto y eleva el vuelo, inclinada, batiendo sus alas muy despacio. (Publicado DN 6 abril)

miércoles, abril 01, 2015
Avión
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| 4U 9525 Barcelona |
150 personas, como nos han contado con detalle desde hace días, murieron en el avión que Andrea Lubitz estrelló a posta contra las montañas de los Alpes, en un estúpido y cruel acto suicida convertido en carnicería, del que ya sabemos casi todo, incluida la lista de todos los que viajaban en el avión: ejecutivos que iban a una feria de alimentación, periodistas deportivos que habían visto el Barça Madrid, esos 16 chicos ¡ay! de intercambio que no llegaron a casa, un navarro de Delphi, una pareja marroquí de recién casados, un barítono y una contralto que habían actuado en Barcelona. Ninguno de ellos, por desgracia, perdió el vuelo ni tuvo una apendicitis, todos encontraron su hora final en ese día, de la multitud de senderos que se bifurcan fueron por este, en el que se toparon con la firme decisión de Lubitz de inmolarse con aquello que al parecer más amaba: los aviones, cuando una vez solo en la cabina, dirigió alevosamente el morro del avión hacia la tierra sabiendo lo que hacía. Nada diferencia, en realidad, a este Lubitz del resto de pasajeros, su nombre podía haber aparecido con los demás en la lista; era en apariencia un muchacho deportista y sociable, no se trataba de un exaltado que daba gritos sediento de venganza, ni un desheredado maltratado por la fortuna, ni el juguete de una ideología perversa sino alguien como los demás que, a pesar de haber conseguido lo que quería, tenía tendencia a la depresión -nada nuevo- y al que ahora tratamos de diagnosticar algo severo que justifique su conducta inhumana, porque eso nos tranquilizaría, alguien del que apenas sabemos nada, como de uno de esos criminales que cuando es detenido sus vecinos cuentan que era un tipo educado que sacaba la basura a su hora, un hombre intachable que tenía una decena de cadáveres enterrados en el jardín. Este Lubitz era uno de ellos, alguien con una cara oculta, preso de un odio que no comprendemos, capaz del mal sin sentido al que a veces se entregan los humanos, la prueba de que en ocasiones el monstruo viaja junto a nosotros, imposible de detectar.
(Publicado DN 30 marzo)
lunes, marzo 30, 2015
Roger
Un puñado de amigos nos reunimos el domingo en la Escuela Navarra de Teatro para el estreno de la "Pequeña suite emocional" de Roger Alvarez, en la que, con la excusa de presentar cinco canciones compuestas en los ultimos años, Roger cuenta sobre el escenario cómo llegaron estas canciones, qué las justifica, para que sirvieron, además de pedir que algún coro las haga suyas. En esta Tabarca que habla de esa minúscula isla del mediterráneo, puede verse a Roger dirigir un coro, como si tratara de sacar oro de los cantantes. Según contó en escena, la estancia en esta Isla le ayudó a superar la muerte de un amor, y creó un vinculo muy profundo con esta isla plana y ventosa. La canción dedicada a Mui, la vietnamita que vendía bocadillos en la Gran Vía, Lisboa, el valsito de Lima, Samba para Sara, que la siguieron, también llevan algo de esta isla mínima. En sus cuarenta ños de actividad profesional, apenas ha venido Roger a Pamplona. Nadie, ha recordado en una entrevista, es profeta en su tierra. Al verle a la noche arrastrar una maleta con su cachivaches y la guitarra a la espalda, lo he visto como siempre desde hace 50 años: brillante, libre, seguro de que lo que hace, sorteando el tiempo con una sonrisa.
miércoles, marzo 25, 2015
La tumba de Cervantes
El académico Francisco Rico, estudioso del Quijote, dijo el mismo día en el que un grupo de expertos, tras largas pesquisas, exhumaciones y análisis, confirmaron que los huesos de Cervantes estaban en el Convento de las Trinitarias de Madrid -aunque no podían distinguirse del resto-, que todo el revuelo y expectación creados le parecía una chorrada y que lo importante era la obra, y no los hueso raídos del autor. Cervantes fue un hombre que vivió siempre en penuria, guerreando, cautivo, cobrando impuestos, arruinándose, yendo a la cárcel y escribió su obra cuando pudo, fruto de una voluntad que se sobrepuso siempre a la suerte. Su Quijote contiene una gracia y una verdad que todavía perduran, disimulando su profundidad en un juego novelesco. “¿Habrá un libro más profundo que esta humilde novela de aire burlesco?”, escribió Ortega. Libro perfecto y a la vez imperfecto, se aprecia mejor con el tiempo y es bueno releerlo abriéndolo al azar, como recomienda el propio Rico. Es la obra de Cervantes lo que vale, sin duda, pero siempre ante su figura, tan mal conocida, hay una suerte de deuda, como si él fuera de entre los españoles ilustres el más auténtico, el que significa y resume más cosas, al que más convendría imitar. Es a estos pobres restos confundidos del convento a los que podemos llevar flores en comitiva, como al soldado desconocido, porque también él lo fue, y si no contamos más que con su huesos, no los menospreciemos, porque también los huesos hablan: ahí están por ejemplo los de Descartes, sobre los que se escribió un gran libro contando sus peripecias, sus idas y venidas desde la fría Suecia donde murió, hasta Francia, donde su rastro vuelve a perderse varias veces. Cervantes, por su parte, sigue allí donde eligió ser amortajado y enterrado para la vida eterna, sin sospechar que la tendría aquí. El tiempo es breve -escribió con un pie en la tumba, en el famoso prólogo al Persiles- las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo eso llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir. Así lo dijo.
(Publicado DN 23 marzo)
(Publicado DN 23 marzo)
miércoles, marzo 18, 2015
LA ERA DE LA KALE BORROKA
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| Libro Relatos de plomo III |
Oigo hablar en la radio de Montaigne y de sus ensayos, de los pensamientos que dedica al amor entre padres e hijos, esa tierna afección que el progenitor tiene por su cría, y el respeto que esta le profesa (él prefería, tal vez con razón, la amistad al amor, como si desconfiara de éste, como si pudiera llevar a extremos peligrosos), y eso me trae de nuevo al asunto de la kale borroka, me recuerda que tengo que decir algo de la larga época –desde los años setenta hasta hace nada- en que los cachorros hacían el trabajo de los mayores, lo complementaban con la llamada violencia de baja intensidad, y me digo si en el fondo no se trata de lo mismo, del viejo relato amañado del nacionalismo sobre el pasado y de sus efectos.
Lo escribió Jon Juaristi, hace años, evocando los versos de Kipling “¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes? ¿Y por qué hemos matado tan estúpidamente? Nuestros padres mintieron: eso es todo”. La kale borroka es el trabajo sucio que se encargó irresponsablemente a los cachorros, engañándoles. Contando una historia que no es verdad. Es parte de la barra libre que se instauró en el País Vasco y Navarra respecto a ciertos actos criminales, justificándolos. Es disculpar lo indisculpable.
¿Cómo no me dijiste, padre, que eso estaba mal?
“Han quemado cajeros, lanzado cocteles molotov contra sedes de instituciones y bancos, pero también al interior de viviendas de concejales no nacionalistas, han hecho arder autobuses, coches… pero ¿cómo son esos jóvenes? ¿Por qué cometen este tipo de delito?” se preguntaba un artículo de ABC en 2003. Es el entorno familiar, concluía, lo que predispone a los menores a cometer acciones terroristas. Unos chicos, muchos de ellos muy jóvenes, de entre 14 y 18 años, que en realidad no tenían que ver con la delincuencia juvenil habitual: no eran chicos sin recursos y oportunidades, con deficiencias afectivas, de barrios marginales o con familias rotas, sino jóvenes normales, chicos bien integrados.
Eran “buenos chicos” convertidos de pronto en otra cosa, como si se manifestara en ellos una repentina enfermedad: de pronto aparecían embozados, llenos de excitación, lanzando insultos, gozando insensatamente, llenos de odio y desprecio. Recuerdo ver subir dos críos con capucha en la villavesa –seria el año 96 o 97- en Marcelo Celayeta, y mandarnos bajar a todos, sin que nadie osara resistirse. El conductor, lívido, quitó las llaves del contacto y todos desfilamos en silencio. De pronto, apenas habíamos andado unos metros, el autobús comenzó a arder, mientras ya se olía en el aire el plástico de los asientos chamuscados, el crepitar de algo que nos hizo correr.
Eso era entonces cosa no rara, el pan de cada día, algo a lo que ya nos habíamos acostumbrado: era el folclore del fin de semana, “el espacio de la fiesta y la subversión”, se teorizó, refiriéndose a una parte vieja que agonizaba, nadie se atrevía a poner ahí un negocio, los vecinos escapaban, los jóvenes airados parecían los dueños del mundo, aunque luego recuerdo haberlos visto -yo iba entonces por los juzgados- detenidos: cabizbajos, temerosos, inofensivos, unos niños traviesos.
Esos festivos muchachos. Las memorias de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, de aquellos años lo explica con asepsia contable: “solo en el 10% de los casos hay una actitud clara y sin ambigüedades por parte de los padres de reprobación de los hechos terroristas y de la violencia callejera en la que participan menores y jóvenes”. Y ello pese a que “el 70% de los caso estas familias constituyen un entorno válido para el desarrollo y evolución de los menores, con un buen grado de integración social y familiar”.
No son las familias, según los expertos de la fiscalía, quienes incitan a estos jóvenes a cometer actos de kale borroka, pero “tampoco les enseñan abiertamente a rechazar el terrorismo”. Unas familias en las que hay una actitud ambigua respecto a ETA y su entorno, de tal manera, como se dice en los informes, “sus acciones no son aplaudidas, pero tampoco objeto de crítica o rechazo”. (Imaginémonos que esto ocurriera con quien maltrata a su mujer o se enriquece con el tráfico de drogas, que el mensaje para un chico de 16 años fuera que eso no está tan mal).
Hay una perversión moral que explica lo que ocurrió. Una ambigüedad en los mensajes que hace que los menores no sean capaces de ver porqué su comportamiento no es correcto y de asumir su responsabilidad. Por eso no es difícil, se dice en las memoria, que cumplidas las medidas que se les aplican y de vuelta al entorno habitual, alguno de ellos decida dar el paso de integrarse en las filas de Eta.
En un mundo donde muchos callan, donde hay temor a hablar y condenar, ahí están los padres para exculpar. Para poner en duda que sus hijos hayan cometido actos terroristas –se trata de travesuras-, para responsabilizar de esas acciones al sistema, a la sociedad o a los abusos policiales. El culpable siempre es el otro.
Era, pues, la ley del padre que no tendió el límite, que confundió las cosas. Todo estaba confuso, lo está en parte todavía. No es lo mismo el vicio que la virtud, matar que poner la nuca, la victima que el verdugo. Pero eso todavía no está claro en muchas partes del país, eso todavía se juega en la pelea por la memoria de lo que ha ocurrido y en el empeño de disolverlo todo en un conflicto y en una paz para todos, sin vencedores ni vencidos, como pretenden tantas mentes piadosas.
Pero estos muchachos creyeron la mentira de los padres, no oyeron otras voces que quizás callaron, acomplejadas. También de la culpa y la frustración y el tiempo que perdieron querrán pasarnos cuenta, por no haber sido claros.
¿Por qué no me dijisteis que esto estaba mal, que no podía hacerse? ¿Por qué me engañasteis?
Hizo bien la ley, ese padre simbólico, entendiendo que aquello no era gamberrismo de fin de semana sino terrorismo, violencia dirigida a atemorizar a la gente, a desestabilizar y lograr así objetivos políticos. Sin embargo tardó mucho tiempo en verse así. Solo en 2007 el Tribunal Supremo, enmendando a la plana a una sentencia de la Audiencia Nacional, consideró a estas acciones como terrorismo y no como alborotos, acaloramientos pasajeros, violencia incontrolada. Fue la ley la que operó por fin y su eficacia, como en otros casos, nos sorprendió. La kale borroka se persiguió y se penó y -tiene gracia recordarlo- comenzó a descender significativamente cuando se acordó que los padres pagaran los destrozos de sus hijos, desde que se les hizo también responsables. La ley, a su manera, daba en la diana. Hacía de padre del padre.
Dar cuenta de ello, decir algo de la era de la kale borroka, de la penetración de un discurso perverso que no trazó la frontera entre el bien y el mal, la civilización y la barbarie. Lo dice el viejo Montaigne, desde hace siglos desde su torre:
“Así como Sócrates decía que el principal oficio de la filosofía era distinguir los bienes de los males, así nosotros, en quienes hasta lo mejor es siempre vicioso, debemos decir lo mismo de la ciencia de distinguir las culpas, sin la cual los virtuosos y los malos permanecen mezclados, sin que se distingan los unos de los otros”.
Ejercitemos, pues, esa ciencia.
(Colaboración en la obra "Relatos de plomo" vol III)
lunes, marzo 16, 2015
Albert
“No queremos en Andalucía a un político que se llame Albert”, ha declarado el delegado del gobierno en esa comunidad, Antonio Sanz. “No me gusta que se la gobierne desde Cataluña”. No sabemos de dónde hay que ser y como llamarse para que le parezca bien a este hombre. ¿Hay que ser Pepe y de Chipiona, o vale con ser de Murcia? Habíamos oído acusar al Cs de ser muy de izquierdas o muy de derechas, depende, o de haber crecido a cualquier precio, pero esto es distinto. Este tipo de veto a los catalanes para acceder al gobierno es ridículo y no hace sino dar pábulo a todo el victimismo con que algunos se presentan, y a la idea de Mas y compañía de que a los catalanes, en el fondo, no se les quiere ni se les respeta y lo mejor que pueden hacer es abandonar España. Es cierto que en campaña se dicen muchas tonterías, y que el aumento de expectativas de Cs, junto con Podemos, crean alarma entre sus competidores -incluida Rosa Diez, que no da crédito a tanta injusticia- pero a Sanz habría que sacarle tarjeta roja. Poner el veto a alguien por su origen, algo que ha dado lugar a tantos abusos y horrores en el pasado, es inaceptable y recuerda, por cierto, a los feos escraches que hemos visto por aquí, en los que se ataca al alcalde por ser uruguayo –al parecer hay que ser de Pamplona de toda la vida para gobernar- y no son sino pura caverna. Lo malo, en el caso de Sanz, además, es que esta descalificación se haga con alguien como Albert Rivera y su partido, que han sido los que con más claridad e inteligencia han mantenido la oferta de un españolismo integrador en Cataluña, explicando las ventajas de vivir en común y la ruina moral y económica de la deriva independentista. Es el PP el que se ha puesto de perfil allí, y les ha dejado el campo libre. La agresividad de parte del PP contra el partido de Rivera que es, posiblemente, el único con el que le sería posible llegar a algún acuerdo tras elecciones, puede que le sirva para ganar algún voto, pero le hará perder el de aquellos que vean en estas bravatas algo revelador.
(Publicado DN 16 marzo)
(Publicado DN 16 marzo)
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