lunes, junio 29, 2015

Quijote


Me he bajado al parque con el Quijote de Trapiello, que es su versión de este libro difícil, escrito en una lengua, el castellano del siglo XVII, que ya no se habla  y  que cada vez  entendemos menos y lo he dejado intacto sobre el banco. A mí la idea de Trapiello me parece muy bien.  Es como poner carne a los huesos de Cervantes, actualizar un libro lleno de arcaísmos, rémoras y referencias incomprensibles. Leerlo en la rigurosa edición de Francisco Rico, que ahora vuelve  a salir, supone parar cada poco para hacer caso a notas y explicaciones. Tiene más de 5.000. El Quijote se ha traducido al español actual, porque la lengua no se para.  Antes de abrirlo y leer su primer párrafo, que no ha cambiado,   miro la Vuelta del Castillo cerrada por una valla metálica de las que ponen en sanfermines, para evitar que la gente se coma el césped, y observo a los paseantes que pasan a ambos lados, como si fuera una ciudad dividida. A última hora de la tarde el sol todavía insiste y cuando observo su rastro en la hierba, poniendo la mano por visera, veo brillar minúsculas telas de araña y en el aire, a contraluz, agitarse a los mosquitos como si fueran el chisporroteo de una sartén.  Siempre, antes de SF, Pamplona tiene unos días  de canícula y luego, durante la fiesta, concentra todas las estaciones del año, como concentra en unos días intensos su profunda ligazón con el pasado. Los sanfermines son siempre los sanfermines de antes. Trapiello ha viajado hace poco a los lugares del Quijote, donde ya queda poco de lo que Cervantes vio. Cuenta que, hace tiempo, Azorín hizo ese mismo viaje durante una semana y en aquellos años todavía funcionaban los molinos de viento y se conservaban más o menos  los pueblos y ventas. El país ha cambiado mucho más en los  años que van de Azorín hasta ahora,  que desde  Cervantes a Azorín. Por la Vuelta pasa un grupo de hombres mayores que se paran a menudo y hacen un conciliábulo como si fueran a derribar al gobierno. Uno de ellos, alto y con bigote, parece un Quijote que les está contando una hazaña y los otros ríen y niegan con la cabeza. El día es muy largo, pero al final se rinde y los pasos se alejan.
(Publicado DN 29 junio)

martes, junio 23, 2015

Oficio

Abogados de oficio.
A media mañana me dicen que el abogado S. ha tenido un accidente de moto y está grave en la UCI. Maldita moto, pienso. Luego, celebro haberla abandonado hace años, un día en que tuve un susto y caí en cuenta de que mi conduccion ya era incorregible, siempre apurando, metiéndome entre coches, saltándome los semáforos. Ahora pienso en S., que no la dejó a tiempo. Se trata de  un  abogado muy bregado, un penalista combativo, implicado en el turno de oficio y, a la vez, un tipo bondadoso y detallista. Cuando escribo a los despachos, él siempre contesta, agradece cualquier cosa, se interesa por todo. Este año estaba preocupado porque al tener a su hija, no podía coger a otro alumno.  He mandado en estos años varios  a su despacho, y cuando en las reuniones repasábamos los asuntos que habían visto, los que se referían a él eran siempre una pequeña novela, un ejemplo de cómo esta el mundo. El envés de la vida.  Al azar recuerdo alguno: una señora tiene un accidente y se le rompe una pala. Va al dentista y le pone una pieza dental de un tamaño mayor que la original. Un señor mayor se gana la confianza de su vecina para que  deje su hijo pequeño a su cargo. Luego le saca fotos desnudo y le hace dormir con él. Un interno de una granja escuela (menor)  internado por haber maltratdo a su pareja, se escapa saltando la valla y logra llegar al Perú. Sin embargo, al tiempo vuelve a Pamplona y se entrega cuando es ya mayor de edad, lo que complica su situación penal.
A la tarde, en la tele, veo que se ha suspendido el juicio de un asesinato porque el abogado -se trata de S, sin duda-  ha tenido un accidente con la moto, esa con  la que se llega a tiempo a todas partes.

lunes, junio 22, 2015

Lo nuevo

Goirigolzarri
Salgo un rato del aula de la Magdalena, y mientras veo el mar rizado con el otro ojo leo las noticias en el móvil, que es algo sobre lo que se estaba discutiendo dentro, sobre el final de los periódicos tradicionales, sobre la circulación de la información como si fueran corrientes marinas en las que hay que pescar, merluzas o atunes, al gusto y repaso en un rato las novedades. Parece que en Pamplona, Podemos y compañía van a bajarse el sueldo. Basta de palabras, un gesto, escribió alguien.  Eso está bien, porque  hasta ahora habían pecado de un exceso de retórica, cuando lo que está en juego son los hechos. Antes llegaba un político nuevo al cargo, se hacía una foto con la familia, exponía sus buenos propósitos, invitaba a un vermú y santas pascuas. Ahora el que llega no  llega solo, sino  como la encarnación de algo nunca visto, como el advenimiento de lo nuevo y de la regeneración más completa. La corrupción, el mal, siempre son los otros, como decía Sartre del infierno. Nada que ver con el pasado, aunque alguno venga directamente de él.  Mientras paso página, es un decir, veo correr a los fotógrafos hacia un coche del que baja a un tipo flaco y de gran nariz, parecido a Cyrano, en el que reconozco a Goirigolzarri, el banquero. Lo cierto es que este hombre, pienso, debe ganar un dineral. Posiblemente más de lo que gane un ayuntamiento completo en toda su vida. Me pongo a mirarlo en el móvil, ahora que todo está al alcance del pulgar. En efecto, un dineral. Un agravio para lo que pasa en el mundo.  Por otro lado, piensa mi parte cerebral pragmática, que nunca descansa, resulta baratísimo si tenemos en cuenta lo que este hombre no está ahorrando al hacer de Bankia una entidad  rentable, sin que el estado tenga que inyectar más dinero. Lo que la política estropeó, él lo está logrando enmendar. Mientras habla con la prensa sopla un vientecillo que se lleva sus palabras hacia otro lado, puede que a la nube. Creo que Carmena, después de hablar con él, ya ha desistido de  crear un banco público.  El destino de un político es ir perdiendo retórica y subirse el sueldo.
(Publicado DN 22 junio)

martes, junio 16, 2015

¡Hola!

Puede que los pactos sean apasionantes, o que el cambio de ciclo político, que ha pasado se der una tortilla de dos huevos a un revuelto de cuatro, como en el chiste de Oroz, sea lo nunca visto, o que la llegada de Bildu al ayuntamiento active todas las alarmas, pero todo eso se ha quedado en nada ante el affaire (presunto) entre Vargas Llosa y la Preysler, hasta el punto que en las tertulias serias (presuntamente) de la mañana en la radio, tenían que hacer grandes esfuerzo para volver  a la política y apartarse de esta exclusiva, lo que  lograban a duras penas,  y en los cenáculos de intelectuales, en los que nos alarmaríamos si supiéramos de lo que se suele hablar, era el tema estrella. Este asunto, que de pronto concierne a todo el mundo, como si fuera un tiempo muerto ante tanta murga trae, desde luego,  el recuerdo de Boyer renunciando a su puesto en el primer gobierno socialista para estar con Isabel; aquella mujer que representaba todo lo que el modelo de izquierdas denostaba con más furia: la frivolidad, la pose, las fiestas, la feminidad en estado puro, frente a la propuesta de mujer  liberada, con ambición profesional  y en pie de igualdad con el hombre, que era el modelo ideal. Aquello  fue un choque con la  realidad que entendió todo el mundo, la prueba de que aquellos izquierdistas con chaqueta de pana también eran sensibles a los encantos de la vida fácil y que en el corazón no manda nunca la cabeza. Cuando Boyer eligió a la  Preysler, era un síntoma, un adelantado a lo que iba a pasar, la prueba de que el poder cambia a todo el mundo, y que hay que tener cuidado al elegir los enemigos pues uno termina pareciéndose a ellos. Vargas Llosa, por su parte, lleva a cuestas un Nobel, un expediente intachable de intelectual comprometido, y 50 años de matrimonio con una mujer que le había acompañado a todas partes, incluida las tramas de sus novelas y ahora   ha llegado al papel couché. Desde la boda de la duquesa de Alba con aquel Aguirre,  a quien Manuel Vincent dedicó un libro divertido e implacable,  no se veía nada así. 
(Publicado en DN 15 junio)

jueves, junio 11, 2015

Premio para Ramón

En un día lluvioso, con la niebla prendida a los riscos de Leyre, Ramón Andrés ha recibido de manos del Rey el premio Principe de Viana de la Cultura. En el acto estaban los que se iban y los que llegaban. Los gobernantes que  se van despidiendo a regañadientes y los que llegan para empezar a saber de qué va esto. La rueda que gira. Entre fanfarrias, corrillos y discursos, con olor a incienso y a piedra húmeda, Ramón ha salido al estrado  para decir en un texto breve, en lucha con la retórica, que  la cultura es resistencia -ante los bárbaros, se entiende- y reivindicar al hombre, mas allá de la técnica, el ruido y de los engañosos reclamos de la nada y del exceso,  que vienen a ser lo mismo, como un portador de sentido, una herencia de significados, un eslabón del Ser.
En un rincón del claustro he hablado con él un rato sobre las palabras y el valor del silencio, capaz de curar cualquier  enfermedad; de su libro "No sufrir compañía;   de Lacan y de su método de trabajo. Ramón habla pausadamente y atiende  con mucho interés, como  si  se le fuera a revelar algo valioso. En un día tan inusual para él, en general enclaustrado entre libros, parecía a la vez satisfecho y asombrado. La Reina, al pasar a su lado, le ha dicho:  oye, Ramón, como si le conociera de siempre,  y él ha ido enseguida a atenderla, solícito, como hace con todo el mundo.

martes, junio 09, 2015

Amnesia

La posible entrega a Bildu de la alcaldía de Pamplona ha tenido mucha repercusión en los medios por las torpes y ofensivas palabras de Iglesias, acusando a los regionalistas de corruptos y de servirse del dolor de las víctimas, lo que ha indignado en especial a María Caballero, quien es claro que no está ahí para servirse de nada, sino para poner voz a lo que su padre defendía y no le dejaron, lo cual es una de las causas más nobles para estar en política, y tiene además razones para desconfiar de la solvencia democrática de Bildu y de su sensibilidad ante las víctimas, quizás ahora más que nunca,   porque este grupo ha tenido una buena oportunidad para quitarse de encima estas suspicacias y acreditar que estamos de verdad en un nuevo tiempo y no lo ha hecho. Bildu cuenta  con un candidato a  alcalde que ya en el año 1998, tras el asesinato de Tomás Caballero, firmó, como hemos sabido,  una carta condenándolo -algo que alguno de los que se van a sentar con él no han hecho todavía, lo que supone una corrupción moral, por cierto, mayor que la económica- pero  que, lejos de mostrar orgullo por ello; en vez de invocar esta  carta como coartada de su distancia con aquellos que  no respetaban la vida;  teniendo la  mejor prueba de que él siguió  otra trayectoria y tiene otro talante; en vez, en fin,  de sacar pecho, es como si se avergonzara de ello y  temiera pasar por tibio ante los suyos  y ahora resulta que no se acuerda de haber firmado aquella carta, sino que sufre amnesia selectiva,  dice que no sabe en qué contexto lo hizo –como si fuera posible olvidar el contexto de aquellos días- y que todas las violencias son   rechazables etc. Que distinta esta posición, que resulta tan vieja y frustrante,   de lo que acaba de hacer Urkullu, por ejemplo, pidiendo perdón por haber tardado tanto en comprender el dolor de las víctimas.  Eta se va diluyendo en el pasado y hay  una especie de amnesia colectiva, un querer  pasar página  y superar el pasado.  El tiempo parece borrarlo todo y no se puede nada contra él.  Solo ciertos olvidos resultan imperdonables.
(Publicado DN 8 junio)

viernes, junio 05, 2015

Carlos

En la tórrida tarde de Pamplona me acerco hasta el estudio de Carlos Puig, en la Jarauta, abierto en la semana dedicada al barrio de los artistas, y allí hace fresquito y cuelgan las hojas de agenda de su cuaderno de campo, en las que va dibujando la pequeña intimidad que es la de todos, y se expone algún cuadro, entre ellos, inacabado,  uno con flores y hierbas de campo que se van entrelazando hasta formar una malla consistente. Al parecer, hace unos meses, tuvo un parón creativo y no sabía para donde tirar. Esos parones son buena cosa, una advertencia de que la forma habitual se ha hecho ya trillada y hay que ir por otro camino.
Crear es, sobre todo, un acto de  valentia. Si uno es cobarde, está perdido. Detrás  de ese campo de flores, se pregunta el que mira, ¿qué se encuentra?

lunes, junio 01, 2015

Charnela

Libro de A.Floristan sobre la Ribera. 1951.
Alfredo Floristán, ilustre geógrafo de Arguedas, se refirió en alguno de sus muchos escritos a Navarra como una “charnela”, que es una vieja palabra que hace referencia  a la bisagra, al gozne,  la unión de dos cosas distintas que así se articulan y se hacen inseparables. La charnela es lo que las mantiene juntas, y si falla,  las partes ya no sirven. En todos lados existen contrastes, pero tal vez Navarra, como es sabido, los tiene en extremo y ya desde antiguo se diferenciaba  el saltus y el ager: el bosque y el llano, el sol y la sombra,  la montaña y la ribera, el vasco y el romance, lo atlántico y lo mediterráneo; dos caras distintas, difíciles de  conciliar, incluso de entender para los que pretenden una sociedad idéntica y homogénea.  Las actividades humanas, el carácter, las costumbres, se diría que pertenecen a  países distintos. El ager es una llanura permeable a otras culturas.  El saltus es más reacio, casi impenetrable. El ager domina, el saltus guarda las esencias.  Que Navarra se hubiera mantenido durante siglos, a pesar de esta disparidad, es una proeza. Caro Baroja se asombraba de su pervivencia,  señalando que apenas algunas instituciones y leyes le habían servido de argamasa. Más que un destino natural, este pequeño  país existe por voluntad de los hombres -lo que es una lección- y ha tenido  que  afanarse en la construcción de puentes, de relaciones, de soluciones comunes y equilibrios. En el fondo, las cosas han cambiado poco. Si miramos un mapa de la época romana con el saltus y el ager, se parece mucho a uno actual  en que se refleje la zonificación del euskera,  o el que muestra el reparto del voto. En el saltus ganan los partidos nacionalistas, mientras que el ager navarrista se va poblando de manchas de saltus. En estas elecciones, por primera vez el saltus, por llamarlo así, ha  ganado al ager y  le ha llegado la hora de la verdad, en la que ya no basta con jugar  a la contra. Ahora tiene su momento y su dilema. Si  olvida mantener la charnela, si no se atreve a defraudar a los suyos,  puede que  cuatro años sean más que suficientes.
 (Publicado DN 1 dejunio)




martes, mayo 26, 2015

Palmira

En medio del ingrato desierto está el oasis de Palmira, en Siria, donde dicen que paraban las caravanas en la ruta de la seda, y que llegó a ser ciudad romana y nabatea -ese pueblo que también edificó Petra- y de todo ello todavía quedan edificios en pie,  templos y estatuas que se salvaron casi por casualidad del paso del tiempo, las hordas guerreras, el clima extremo, los vendedores de reliquias, las guerras modernas;  restos que  ahora peligran por el furor islamista bajo la forma del llamado Estado Islámico, esa nueva versión de la manía iconoclasta que cada cierto tiempo asola el mundo, la necesidad de acabar con signos y representaciones -no hacer imagen de Dios-  y puede que dentro de poco veamos escenas como las de los budas de Bamiyan, cuando los talibanes  volaron esas grandes estatuas de Gautama labradas en  la roca, o las del museo de Mosul,  cuando vimos destruir a martillazos efigies de viejos dioses, no sé si asirios, con barbas de caracol. Puede que ver caer unas piedras sea poco, comparado con la crueldad de este grupo que cuando llega un sitio decapita a oponentes, acaba con los infieles y entierra a las mujeres bajo siete velos, o las vende, poniendo en duda la idea de que el mundo haya progresado algo, pero, sin embargo, la visión de este furia con las viejas piedras nos produce una especial impresión. Es como si viéramos de pronto el fanatismo en estado puro, la ignorante locura del mal gratuito,   la simplicidad implacable de unas  creencias que no  admiten duda, y están dispuestos a acabar con todo. Esos viejos muros, las columnas y capitales que apenas  se mantienen en pie, son la pobre huella del hombre civilizado; la urbe frente al desierto; la vida en común y con reglas frente a las plagas de la inhumanidad. Que los hombres se maten entre sí es algo casi trivial. Que existan guerras terribles como ésta, en la que no se salva nadie, no es nada nuevo. La saña de estos destructores de antiguas estatuas, dispuestos a  que no quede piedra sobre piedra, es lo que nos asusta.
(Publicado en DN 25 mayo)

sábado, mayo 23, 2015

Chogolisa

Chogolisa y sus dos cumbres a la derecha

Gregorio Ariz escribió un libro sobre el secreto de este monte, el Chogolisa, que es la cumbre más alta que llegó a  ascender y que, al no llegar a los 8000 metros -como pasa con otras muchas cumbres del Himalaya- ha sido muy poco visitada.  Esta montaña está en el macizo de Karakorum, en Pakistan, junto al imponente K2 que sobrepasa los 8.600 metros. Al hablar del Chogolisa el otro día, junto a un grupito de montañeros de la vieja escuela, Gregorio fue poniendo las diapositivas un tanto ajadas de viejas expediciones,  cuando para acercarse al campo base se necesitaban decenas de porteadores para acarrear el equipo y las provisiones, y todo era mas costoso y, por supuesto, más romántico. Entonces nadie tenía tanta prisa ni trataba de batir ningun record  y, cuando era menester, había tiempo para  fotografiarse  con el alcalde de un  pueblo en el camino, junto a sus tres mujeres. En los cajones de muchos de estos montañeros que hoy son abuelos, hay cientos de fotos y cuadernos de notas, imágenes y relatos de un mundo que ya ha desaparecido, un patrimonio valioso que merecería ser conservado.
En la cima del Chogolisa Gregorio encontró una pequeña muñeca de trapo japonesa. La historia de ese objeto y sus incidencias son el hilo conductor de un libro que rememora una vida montañera de las de antes, afrontada con jersey de lana, botas de cuero y gorra visera. Un objeto en la cima de un monte es un testigo,  y un mensaje al que llega después. Es discutible lo que cabe hacer con él: bajarlo o dejarlo allí. Una  simple  muñeca  de trapo,  esa es la única reconpensa.  Además de poder contemplar, una vez en la vida, el mundo desde allí arriba: los grandes picos y los extensos valles  labrados por glaciares que brillan y se entrecruzan .

miércoles, mayo 20, 2015

Contexto



Como si necesitara hacer méritos, y para que no queden dudas,  Joseba Asiron, candidato de Bildu a la alcaldía de Pamplona,  matiza ahora su apoyo a la condena que firmó en 1998, de la que dice no acordarse (véase la entrevista en DN),  por el asesinato del concejal del ayuntamiento, Tomás Caballero. "No recuerdo en qué contexto fue", dice, como si alguien de su edad en Pamplona pudiera no acordarse de algo así; como si   para estremecerse por  la muerte a sangre fría  de un oponente politico por denunciar el matonismo de  ETA,  hiciera falta un determinado contexto. "El contexto de los días posteriores al asesinato"  le recuerda la entrevistadora, a ver si refresca la memoria "Pues no lo recuerdo" insiste Asiron, para largarnos luego la piadosa letanía de que todas las violencias son rechazables y que, lo mismo que de Eta, espera del Estado (tanto monta) un proceso de reflexión y de autocrítica y que  no piensa  entrar  en una "dinámica de condenas".
Este es el mensaje que se manda sin complejos a los votantes, para que no tengan duda de qué significa su voto. Este  es el contexto.

lunes, mayo 18, 2015

How old

Teresa Rodriguez.
Ha salido una aplicación llamada “How old” que es capaz de calcular la edad de cualquiera a partir de su foto aunque, según he oído, necesita perfeccionarse mucho, como el traductor de lenguas de Google, por ejemplo,  al que es difícil entender porque no es capaz de pillar los juegos de palabra, los dobles sentidos. Quizás lo que nos diferencia de las máquinas es que ellas  todavía no entienden los chistes.  Esta app, por supuesto, no sirve para nada, como la mayoría de aplicaciones,  pero está teniendo un éxito arrollador.  De momento a María Teresa Campos le reduce la edad  a la mitad. Con los políticos es más dura. A Barcina, viniendo a casa, How old le quita años,  mientras a Roberto  Jiménez se los pone, lo que confirma la idea de que  no es poder sino la oposición lo que desgasta. Creo  que a Manuela Carmena le suma varios, más o menos los que necesitaría para explicarnos ese asunto de los contratos de su marido. Siempre el marido. Creíamos que llegaba una nueva política, pero esta campaña ha servido para desengañarnos. Tan old como siempre, solo que todo más complicado. Basta ver las encuestas que dan aquí un panorama navarrísimo, es decir, muy parecido al resto, sobre todo al modelo andaluz, donde hay que sudar tinta para formar gobierno  y se habla de segundas elecciones. “Cállate bonita”, le han dicho a Teresa Rodríguez, candidata de Podemos en Andalucía, cuando intervenía en el debate de investidura. ¡Anda ya!, ¡No tienes ni pu… idea!, ha tenido que escuchar, según ha denunciado, añadiendo que se ha sentido como una víctima de bullying.   ¡Acostúmbrate a esto, que no ha sido nada! le han dicho.  Mientras intervenía  muchos diputados se reían, lanzaban piropos, o miraban al móvil. Tal vez estaban calculando la edad del rival en how old,  o jugando al  comecocos de Celia Villalobos. Susana Díaz había hecho la jugada perfecta adelantando las elecciones, y ahora no sabe solucionar el sudoku. Ya estamos en el ecuador electoral,  y se echa en falta una aplicación para simular coaliciones a cuatro bandas en el móvil, es lo que viene.
(Publicado DN 18 mayo)

viernes, mayo 15, 2015

La pérdida del humano

 "El texto que aquí se presenta  recoge algunas elaboraciones que he realizado a lo largo de los últimos años en relación  a mi mayor preocupación teórica, pero también practica y existencial o vital",  dice Lierni en el prólogo de este libro que se presentó el viernes pasado en la librería Katakrak,  donde fui invitado a decir alguna cosa.
 "Podríamos decir" sigue diciendo Lierni "de un modo genérico que dicha preocupación es la visión que nuestra época tiene del ser humano, la pregunta por aquello que nos constituye, por lo que nos humaniza y nos diferencia del resto de los seres vivos". 
Estas pretensiones de Lierni no son ya usuales en un libro. ¡Aquello que nos humaniza! ¡La visión de nuestra época! La felicidad  que es posible obtener.... Hoy no se escriben libros así, sería muy osado, muy poco posmoderno. Pero este se atreve con ello, y no se limita a un mero  conocimiento hecho de referencias ilustradas y conceptos, sino un saber de otro orden, pasado por la experiencia y que atiende justamente a aquello de lo que el saber, en realidad,  no quiere saber.
Tecnociencia,  reducción del hombre a pura biología,   homologación 
que nos iguala a la hora de crear protocolos, adoptar   medidas y  tratamientos  que valen para cualquiera, sin atender a lo particular de cada uno; imposición de lo que se decide que es un bien para el otro, por encima de la relación clínica; todo esto  define nuestra época,  junto con el empuje al goce: el mandato de  disfrutar sin límite, bajo la  idea de que todo es posible y que  los objetos tecnológicos pueden colmar nuestra falta, eso que nos hace deseantes. 
Se trata, pues, de ensayar otro saber.   
Por eso no es casual que varios de los capítulos de este libro estén precedidos por fragmentos de textos literarios, porque  es distinto saber sobre un duelo o un enamoramiento, un hecho o una época,  mediante una historia, que mediante una descripción teórica. Lo primero nos transmite la realidad directamente en toda su complejidad. Logra  el efecto de  darnos la clave para entenderlo.  La mentira del arte sirve para acceder a la verdad. Lo que nos aporta el arte, además,  es de un orden que parece ir más allá de la pretensión del artista. Como si el artista tuviera el don de la anticipación, de intuir las cosas, sin buscarlo.  
Esta es también lo que expone  de Freud en sus ensayos sobre Leonardo o sobre la Gradiva, o de Lacan cuando señala que Margarite Duras escribía lo que él enseñaba.
Tenemos el texto de Freud:
"El novelista ha precedido siempre al hombre de ciencia y en particular al psicoanalista. Ambos comparten el mismo saber pero el artista, por su parte, prefiere no saber que sabe, es algo que no le interesa, incluso que le repugna. El artista, en suma, no sabe en realidad  lo que está diciendo".
Sería un adelantarse el del artista que no tendría mérito, pues ni siquiera sabe lo que dice, como el hablante en una sesión analítica.
Atender a esa intuición del artista, prestar atención a lo que nos sugiere y adelanta. De este saber se vale el libro.

martes, mayo 12, 2015

Ramón Andrés

El mejor servicio que puede prestar un premio es darnos a conocer alguien valioso, y es lo que ha pasado con Ramón Andrés, reciente premio Príncipe de Viana, un pamplonés que salió de aquí hace años y se convirtió en  un escritor de verdad, lleno de saberes y de talento, y que ha sido siempre un hombre en segundo plano; alguien que comenzó de cantante de música antigua y luego se retiró del vano mundo a labrar una obra intensa y rigurosa, en la que sigue, ahora en una celda del barrio de Gracia de Barcelona, de tal modo que sin salir de ella ha compuesto un diccionario de música, magia y religión, ha recorrido la historia del suicidio, invocado la  necesidad del silencio y la inquietante desnudez de la mística,  y ha viajado al Delft del siglo XVII, el que vio a Veermer y a Spinoza, ese judío que levantó el edificio de la Ética mientras  pulía lentes, con la excusa  de contarnos la historia de un luthier.  Andrés es un hombre que siempre ha escrito sobre música, lo que no deja de ser una paradoja, pues la música es algo que no precisa de palabras para transmitirnos verdad y belleza; la que nos salva, en cierto modo, de las torpes palabras con las que apenas podemos expresar nada.  Pero a él, es la música la que le ha llevado a entrecruzarse con otras artes, como si todas ellas fueran, como en su origen, una sola. Creíamos que el modelo más preciado de hombre de cultura era el del intelectual comprometido, el artista que toma partido, que se mancha las manos y pone su arte al servicio de las causas justas, pero resulta que hoy hay una función más necesaria, que es sencillamente la de decir no, la de volver la espalda, la de no dejarse arrastrar por los focos, la trivialidad, el dinero  y el brillo mediático y resistir empeñado en  una obra que sirva de verdad a quien se acerque a ella. Si me obligan a predicar, dice Andrés en uno de sus aforismos, solo lo haría en el desierto. Así es Ramón Andrés: un escritor, podemos decir, en su torre, como el gran Montaigne, que no sale en la prensa ni firma manifiestos, y que ahora no tendrá oro remedio que afinar sus palabras para decírselas a un rey. 
(Publicado DN 11mayo)

martes, mayo 05, 2015

Registro

Después de varias idas y venidas, en las que el gobierno había amagado con confiar el Registro Civil al cuerpo de registradores de la propiedad, lo  que conllevaba que dejaría de ser gratuito, puesto que estos profesionales trabajan con arancel, ha decidido ahora dejar las cosas como estaban. Esta manera errática de tomar decisiones sobre cosas importantes es algo que  no suele advertirse, dado que la gente es en general buena y cree que estamos en manos expertas, algo que está por demostrar. El caso es que hasta 1871, en España la cuenta de nacimiento, defunciones y matrimonios, la contabilidad de la población y sus cambios era competencia de los párrocos, en cuyos registros –merece la pena ver esos viejos libros-  se inscribían los hechos básicos de nuestra vida, que así, en cierto modo seguía siendo  cosa de la Iglesia.  El Registro fue una conquista del estado laico y de la legislación civil, que colocaba al individuo por encima de los mandatos de una religión concreta y separaba lo que es de Dios de lo que es del César, una confusión que todavía trae efectos letales en el mundo  musulmán, por ejemplo. Esta sencilla competencia de anotarnos en su lista es una labor  esencial del estado pues, al inscribirnos en su registro,  nos acepta como ciudadanos y nos confiere y garantiza los correspondientes derechos. No en vano esto está a cargo de un juez. No resultaba nada lógico que un estado como el que tenemos, que  se ocupa de todo tipo de cosas peregrinas, lleno de entes variopintos, organismos, observatorios sobre sobre el oso pardo, el cambio climático o la corrección del lenguaje se desentendiera  justamente de lo  que le es más propio. Recuerdo que Sosa Wagner  hizo hace tiempo un intento de cuantificar grosso modo estos organismos vagamente administrativos, cuya detección y estudio tiene la complejidad de la entomología y no logró una cifra aproximada. Unas breves líneas en el registro,  eso es todo lo que quedará de nosotros con el tiempo, así que merece la pena que alguien tome nota para que no quede duda.
(Publicado DN 4 mayo 2015)

martes, abril 28, 2015

Ceniza

Arroyo con Bergamín en la plaza de toros de Ronda.
Manuel Arroyo, editor de Turner, ha escrito un libro que dice que no es de memorias, aunque se le parece bastante,  donde hila algunos  recuerdos del pasado, sobre todo de los años 70, cuando la dictadura declinaba, España vivía en blanco y negro,  y él hacía amistad y negocios con un librero de viejo de la calle Preciados que tenía  tesoros en la trastienda, o se echaba a la carretera con Bergamín, escritor furibundo y republicano,  siguiendo al torero gitano Rafael de Paula, del que llegó a ser apoderado y a quien Bergamín dedicó un libro de título esplendido -era especialista en ponerlos, incluso los prestaba- que es “La música callada del toreo”, una música, por cierto,  que ya no se aprecia mucho. El mismo Ordoñez, cuenta Arroyo, tenía celos de que fuera Paula el que hubiera merecido un libro y no él. Un día, comiendo en Madrid, le comentó al editor la desazón que tenía porque de lo que hace un torero no quede nada. El toreo se hace en el instante, y en el instante muere, dijo Ordoñez. Eso le pasaba a Nijinsky, el gran bailarín, replicó uno. Ya, pero ese no se jugaba la vida. Por tres pases con sentimiento, dijo Ordoñez, haciendo el gesto de levantar la  camisa, es por lo que tengo el cuerpo lleno de cicatrices. El libro de Arroyo es un libro sobre la muerte, y por eso va pisando cenizas, pero no un libro lúgubre. De aquella España que recorría siguiendo  a Paula, parando en hostales perdidos para dormir junto al afilado Bergamín, ya no queda nada, o casi.  Viendo esto días una foto de Rato –podía ser de tantos otros-  me he acordado de algo que cuenta Arroyo. La de Rato es una foto en que apenas se le ve por un  pequeño agujero, entre los cartones que han puesto en la ventana de su despacho para evitar que se le grabe. Es la necesidad de husmear, de verlo todo, de gozar con la caída de alguien en primera fila.  Parecido a lo que recuerda Arroyo de la tarde en que Sánchez Mejías se desangraba en la enfermería de Manzanares y la gente del pueblo se encaramaba a mirar por el ventanuco de  la enfermería. ¿Se ha muerto ya? preguntaban cada rato, intentado ver algo. Llanto por Sánchez Mejías, escribió Federico. 
(Pubicado DN 27 abril)

sábado, abril 25, 2015

El testamento de María

Blanca Portillo.

La desgarradura de esta mujer es por la separación del hijo. Una mujer real, se ha dicho, una madre; no la madre de Cristo, subalterna a la divinidad. Ese Cristo, cuyo nombre no se nombra, a quien reprocha que ande siempre entre inadaptados, impostando la voz, haciéndose el importante, de tal forma que, cuando está con sus amigos es como un jarrón lleno de agua estancada, y cuando se queda a solas con ella, poco a poco el agua se va volviendo clara, como recién salida del pozo. No hay para una madre nunca un hijo que hieda. Y así, la obra, vomitada por los registros inauditos de Blanca Portillo, va presentando a una mujer en Efeso, medio secuestrada, que tiene una verdad terrible que quiere contarnos, en la que no ha cabido casi ni una brizna de esperanza, nada la ha convertido, salvo el sueño que sueña a medias con Marta, en el que el hijo muerto -muerto después de los tormentos que por sabidos no podemos creer- sale del agua y abre los ojos, dulcísimo, trayendo las gozosas imágenes del pasado y de la infancia, y es una sábana  blanca que esta otra Blanca abraza, como en una Pietà, y se esfuma enseguida, entre el sueño y la vigilia y la nada, como un Dios.

viernes, abril 24, 2015

Cuando las cosas hablan



Ayer, día del libro, se presentó en Pamplona éste en el que he colaborado haciendo lo posible porque se escuche a una boina, un retal de San Miguel de Aralar,  una mandíbula con flecha de silex y el traje del bobo de Muskilda, el que va danzando por su cuenta. 

martes, abril 21, 2015

La tentación del fracaso

La historia de Rato vuelve a confirmar que la victoria tiene cien padres, pero la derrota es huérfana, y no hace falta sino  ver como su antiguo partido, que estuvo a punto de hacerlo presidente, lejos de poner una red a su caída, le convierte en  una especie de coartada para intentar convencernos  de que se es implacable con los corruptos. Pero la historia de Rato tiene una cara trágica, de personaje brillante que cae desde lo más alto, no en vano la derrota tiene su aura frente al éxito que es siempre insolente, sospechoso, un poco soez y su historia recuerda a la de aquellos triunfadores a quienes una fuerza interior  lleva a  recelar de su éxito  y a dilapidar su logros, como si no los merecieran y necesitaran castigarse, de una forma que desde fuera parece deliberada. Los que al fracasar triunfan, y al revés. La derrota tiene una dignidad, decían los clásicos, que la victoria no conoce.  Tal vez entre nosotros el ejemplo más notable sea Urralburu, que pudiendo ser un líder indiscutible por los servicios prestados, y convertirse en una especie de Arzalluz, con mando a la sombra,  se las apañó para labrase un fracaso definitivo e irrevocable. Teniéndolo todo, siendo un estratega curtido,  lo arrojó por la borda. El caso de Rato sería un escalón más de esta tentación irresistible al fracaso. Quizás en  mucho tiempo no veamos un ministro de economía tan providencial como él, que además parecía el político perfecto, con un punto aristocrático, desapegado, con la ventaja de que, al ser rico de familia, no necesitaba  enriquecerse con la política. Alguien  capaz, después de no ser elegido sucesor de Aznar, de salir fuera y  de presidir el FMI, un puesto a la altura incluso del exigente  Strauss Kahn. Allí dimitió por sorpresa, como si necesitara  volver a casa,  donde se las apañó para ir despeñándose en un tiempo record.  Ni planificándolo bien es facil llegar a tanto. El gran Julio Ramón Ribeyro tituló justamente su autobiografía  “La tentación del fracaso”, para explicar cómo tras un aparente éxito existe a veces una fuerza tenaz, autodestructiva,  que busca  un fracaso en toda regla. 
(Publicado DN 20 abril)

viernes, abril 17, 2015

Reloj sin manecillas

"La muerte es siempre la misma, pero cada hombre muere a su manera". Es la primera frase de este libro, "Reloj sin manecillas", justamente el reloj de aquel para quien el tiempo, en realidad, ya se ha acabado aunque siga aparentemente vivo. Es la última novela de Mc Cullers, soberbia, de una pieza, con palabras que suenan a verdad, que es lo mejor que se puede decir de  un libro.Tal vez no sea lo mejor que escribió -de hecho fue su ultimo empeño novelesco- y puede que en sus ultimos capitulos no sea capaz de mantener el listón, pero vuelvo a empezar de nuevo este libro y sucumbo enseguida a su poder.  Las malas críticas que obtuvo este Reloj sin manecillas disuadieron de volver a escribir una novela  a esta mujer extraña, enfermiza, siempre dolorida, febril. Hay en estas escritoras del sur, como ella y Flanery O'Connor, que tiene una sensibilidad incluso mas acusada, sibilina, casi mística, una presencia de la causa sureña y de los temas que parecen inevitables: la segregación, la negritud, el mundo rural, la guerra de secesión, el rechazo al gobierno de la Unión,  la religión, la violencia contenida, la locura, la sensación de un mundo en  que todo está en vilo,  al borde de un cataclismo, cercano  al estallido. Detrás de este libro está la Biblia y Shakesperae, y el aliento de un gran río que pasa, la luz dorada, los pies desnudos, los olores desde un porche.  Puede que  Reloj sin manecillas no sea el mejor libro de Carson Mac Cullers, pero sí quizas el que levanta un personaje mas completo: el viejo juez brutal y reaccionario, que a la vez nos suscita compasión, enternecido por su nieto Jester, el hijo de un hijo  que se ha suicidado. Ese viejo juez que,  en el primer capitulo,  toma un wiskhey a media mañana, tras el oficio religioso, en la farmacia de Malone, quien le confiesa que tiene una enfermedad en la sangre, ante lo que el viejo Juez protesta, le dice que es imposible, "porque tu Malone, llevas la mejor sangre del estado". Sangre sabia, es uno de los titulos de O'Connor, sangre que corre por las venas, como las palabras de este libro bombeadas desde el corazón.