jueves, febrero 26, 2015

La tierra baldía

"No hay, en el siglo XX, una obra que concentre con tanta intensidad todas las ideas preconcebidas acerca de lo que se entiende por poesía moderna como La tierra baldía, un poema que ha llegado a encarnar no sólo una imagen devastada de su tiempo, sino también una teoría de la tradición exhausta, a la vez que ha propuesto un paradigma de complejidad, oracular e intimidante, que ha generado una especie de ansiedad interpretativa por donde han transitado todas las escuelas críticas, desde el formalismo y el estructuralismo hasta el psicoanálisis y el feminismo", escribe Andreu Jaime, prologuista y traductor de la nueva y bella edición que saca Lumen del célebre poema de Eliot.
Tradición exhausta. Paradigma. Ansiedad interpretativa.
Las palabras del prólogo, complejo y certero, me vinieron  el  sábado a la cabeza cuando,  a pesar de la temible mañana de nieve,  fui  al seminario, en San sebastián, y releyendo a Lacan (Seminario 10, La Angustia) encontré de pronto una referencia a La tierra Baldía, una cita que le sirve para ilustrar la vieja teoría de la superioridad de la mujer en el plano del goce. Lacan se detiene  en un pasaje del poema, el del pobre muchacho chupatintas, que se marcha tras su pequeña aventura con la secretaria,  allí donde se dice:

 Cuando una bella mujer se abandona a la locura
para acabar encontrándose sola
 surca la habitación alisándose los cabellos
 con una mano automática y cambia el disco. 

lunes, febrero 23, 2015

Teoría del todo

Stephen Hawking es un héroe de nuestro tiempo, un superviviente contra todos los pronósticos de la ciencia y a la vez un científico que pretende explicarlo todo con una teoría escueta y bella, una formula en la pizarra que proporcione respuesta cualquier pregunta, o eso dice la película “Teoría del todo”, que cuenta parte de  su vida y que no va, en realidad, sobre ciencia sino sobre el amor, algo que tampoco cabe de momento en una  fórmula. Que Hawking sea una mente maravillosa habitando un cuerpo  desmoronado en una silla de ruedas,  parece la imagen del triunfo de la mente sobre el cuerpo, la prueba de que aquella no necesitaría en realidad del viejo cuerpo, con sus achaques y apetencias, sus impulsos contradictorios y su decadencia; una manera de decir que lo importante es la mente y no la carne, algo que ha sido común en nuestra cultura, pero al ver la película se ve hasta qué punto  es complejo el juego entre ambos, cuerpo y mente, no en vano  la parálisis de Hawking  viene de un fallo de la neurona motora, que no manda sus órdenes a los músculos, por lo que el cuerpo no puede hacer movimientos voluntarios como andar o hablar, pero sí involuntarios, automáticos, no pensados, podemos decir, con lo que Hawking, en realidad puede moverse siempre que no lo haga voluntariamente, sus órganos funcionan, y por eso es capaz de actividad sexual, por ejemplo, lo que es una extraña ironía, como si el cuerpo solo funcionara si la mente no se inmiscuyera y permaneciese al margen; en realidad puede que el cuerpo gane siempre a la mente, basta un dolor de muelas para comprobarlo, o tal vez la mente se sobreponga al cuerpo, o puede que ambos formen una sola cosa sutilmente entrelazada y dependiente una de otra, que es lo que dice la vieja sabiduría, y seamos  un todo, no dos partes, tanto biología como biografía, y así no  hay en realidad una historia del cuerpo o solo o de la mente, sino siempre la de alguien concreto, en este caso un tipo realmente listo, lleno de humor y que a pesar de sus limitaciones es capaz de decidir  y enredarse como cualquiera en este juego de empeños,  deseos y sorpresas que conducen la vida mientras el cuerpo aguante. 
(Publicado DN 23 febrero)

martes, febrero 17, 2015

Miedo

Lucien Freud. Gran interior.
 Muy de mañana el hombre se despierta y siente miedo. Es el peor momento, cuando nada ha ocurrido. Al otro lado de la ventana no ha amanecido todavía, pero el ya no se vuelve a dormir, escucha al rato a su mujer que va hacia la cocina mientras él se hace el dormido y espera la hora de levantarse, la misma de siempre, pero que ahora ya no tiene razón de ser, y allí agazapado en la cama, mientras la claridad comienza a extenderse, busca en vano dentro de sí algo de coraje, pero lo que siente es un temor creciente hacia nada en concreto, algo que viene de dentro de sí mismo, que le acongoja y que enseguida desciende a temores ciertos, externos: a no poder llenar las horas, a la mirada dura de su mujer, a la muerte que llegará, a la falta de señales de sus hijos, a los sonidos de la calle en que la gente se mueve ya con presteza,  sin importarle el frío de este invierno, la nieve acumulada, algo que a él le atemoriza también, le hace sentirse preso, sin poder moverse a sus anchas,   y siente que no va a poder levantase, que no podrá mirar a la cara a su mujer que trasiega en la cocina, que no sabrá qué hacer con el día, pero como son las ocho siente que no tiene otro remedio, se desprende de las sabanas y se levanta, se cruza con su mujer por el pasillo y emite un quejido que ella no contesta; luego, en la cocina, mientras se prepara el desayuno, escucha en la radio que en París reina el pánico tras el atentado de la yihad al periódico ese de las caricaturas,  y eso le suscita una especie de envidia: preferiría un enemigo externo, identificable, una amenaza clara con la que enfrentarse, a la que dedicar las cautelas, de la que protegerse, que este temor que le viene como a oleadas y no le deja vivir, este pánico que le acomete, esa forma de darse por vencido y no poder con nada, de sentirse en todas partes de más. Ahora, cuando va por la calle, se siente de pronto más pequeño, como si hubiera encogido,  se va apartando de los transeúntes, se hace  a un lado. Sentir su cobardía, comprende,  es lo que le da miedo.
  Lo que hace ahora es inspeccionar los jardines, velar porque todo esté en orden, porque él trabajó durante años de jardinero, así que ahora la vista se le va hacia las plantas, se duele del abandono de la hierba crecida en ciertos sitios,  comprueba  las matas de aligustres, de pasada retira las hojas secas de un arbusto,  arranca las cortezas de los chopos, mueve la cabeza ante esa palmera china que tiene los pies en el hielo y no va a soportarlo, se preocupa por las flores de la mediana que ve mustias por el paso de los coches, toda esa desidia también le duele y le hace recordar lo que él podría hacer, algo que le quema y le desazona, algo que ve injusto, pero ante lo que no puede hacer nada; al menos allí, en ese mundo vegetal, se ve a salvo,  allí no tiene nada que temer; siempre le han gustado las plantas, ahora es lo único que le hace sentirse mejor y por eso dedica una parte  de la mañanas a ese trabajo furtivo, a esa labor que le hace sentir que hace algo pero, a la vez, le da también miedo, como si alguien pudiera llamarle la atención y dejarle sin él, así que al cabo de un rato se escabulle y va  la compra, que es su auténtica labor ese día, como cualquier otro, intenta cumplir su tarea pero enseguida se detiene: tenía que comprar carne picada pero, ¿cuantos gramos le dijo ella? ¿400? ¿600? La duda le hace sentir un escalofrío y vuelve de pronto la desazón de la mañana, la sensación de que hubiera sido mejor no levantase, el no saber qué hacer, hasta que decide que debe preguntar a la carnicera, ella le dirá lo que es común para dos personas pero, tontamente, sin que puede evitarlo,  no se decide a hacerlo, le da miedo, y sin pensarlo deja el mostrador y se acerca a mirar las aceitunas de un puesto cercano,  escucha el regateo de las  mujeres en la pescadería, desde cuyo mostrador le mira una merluza rígida con la boca abierta en la que se ven los dientes afilados. No sabe qué hacer ni adonde ir, despacio se dirige a la salida, dará otra vuelta para ver si han resistido los geranios de la isleta y luego quizás vuelva por el picadillo, si puede; en la puerta un hombre de rodillas pide limosna y le mira con cara de lástima.   
(Publicado en Diván el terrible, 16/2/2015)

Diván el Terrible

lunes, febrero 16, 2015

Carnaval

Todavía hay grandes bolos de nieve helada cuando voy a casa, después de esta semana de intenso frío,  pero el sol ha salido un rato y el tiempo ha templado, un petirrojo busca aquí y allá, torciendo su cabeza, y mientras voy andando me cruzo con chicos disfrazados de pieles roja y de ranas verdes volviendo del colegio, un crío  muy pequeño, que también recuerda al petirrojo,  va del brazo  de su madre vestido como un personaje del carnaval de Lanz, con su gorro de cucurucho, la cara tapada, las cintas y una escoba en la mano, como un Chacho  de los que terminan moliendo  a palos a Miel Otxin, el bandolero.  Es carnaval. Un tiempo de exceso que antes se contraponía a la  cuaresma con sus ayunos y rigores. Sin una no había del otro. Don carnal contra doña cuaresma. El carnaval es un hijo del cristianismo, o mejor del catolicismo, que siempre ha tenido una moral muy particular,  una mezcla de exigencia y permisividad, que entiende que si se ha de hacer sacrificios y penitencias antes hay que pecar a conciencia,  hay que dar un poco de suelta, y esa mezcla de pecado y perdón, de flaqueza y misericordia,  siempre ha regido el calendario y las costumbres, ha organizado el comercio de las almas y la salvación, y algo de eso  hay todavía hoy en ese rasgo colectivo de la doble moral, del predicar y no dar trigo.  Mientras el hombre ha creído que su vida estaba sometida a fuerzas sobrenaturales, el Carnaval ha sido posible, escribió Caro Baroja, uno de los impulsores de la revivencia, como la llama, del carnaval de Lanz en 1964, con su desfile de personajes, zaldiko, ziripot, Miel Otxin, que es para él, el carnaval en sí mismo, juzgado y  quemado y que se termina y evapora como el invierno que declina y el tiempo viejo. Poco de esto tiene ya razón de ser hoy, donde el carnaval con sus máscaras y su disfraz, esa excitante sensación de estar oculto, irreconocible -es decir, impune- se ha traslado por encanto a la noche de fin de año,  como si algo de la vieja necesidad de ser por un rato otro, alguien distinto, no siempre yo,  todavía buscara su momento.
(Publicado DN 16 febrero)

lunes, febrero 09, 2015

Monedero

Después de haber dicho que estaba todo en regla y que no tenía miedo a Montoro, que ya es decir, Monedero, número 2 de Podemos, ha hecho una declaración complementaria para regularizar el dinero que no pagó a Hacienda –más de  100.000 €- reconociendo así, de hecho, que no había pagado los impuestos que le correspondían. Al crear una pantalla societaria para evitar tributar el máximo, entre otras cosas, demuestra que el principio de que quien más tiene, mas paga, está muy bien para defender desde la tribuna, pero a la hora de la verdad es mejor escaquearse.  Desde su partido han dicho que Monedero ha cumplido, pero lo cierto es que lo ha hecho tarde y mal, y ante la amenaza de una inspección inminente. Así no vale. Sin embargo, nada de esto va a afectar a Podemos, un partido al que se le perdona todo, y cuyas irregularidades aparecen, de momento, como peccata minuta frente  la sistemática corrupción que afecta a los grandes  partidos. En realidad, hacen mal sus competidores en cargar las tintas  sobre Podemos solo con este argumento, en centrarse en que en todas partes cuecen habas,  algo que se vuelve enseguida contra ellos, no en vano le llevan mucha ventaja,  mientras evitan la confrontación de las ideas, que sería lo procedente. Lo peor no es la tosca ingeniería fiscal de Monedero, bastante común -se supone que entre lo que llaman la casta- sino que cobrara por colaborar en un  delirio ideológico como el de Venezuela, un país al que se ha logrado arruinar sin remedio, desabastecido e inseguro, gracias a la ayuda, entre otros,  de estos revolucionarios de salón. Ahora que, bien mirado,   plantear una lucha de ideas con quien se dedica de momento a ocultarlas, y prefiere ponerse perfil, no es muy fácil. En Navarra han discutido mucho los tres candidatos de la cosa, pero no recuerdo de qué. Las ideas de Podemos son, hasta ahora,  una retahíla de nobles sentimientos e indignación genuina,  pero apenas se dignan descender  a lo concreto. Es como el sesudo Monedero, enfrascado siempre en hondas disquisiciones y afanes revolucionarios, como para pararse a pensar en las menudencias del dinero y el fisco, esa lata.

(Publicado DN 9 febrero)


lunes, febrero 02, 2015

Pobreza

Sebastiao Salgado
Manos Unidas me manda su boletín y su campaña de este año que titula “luchamos contra la pobreza”, que parece algo que hemos oído muchas veces, una frase hueca, pero que en este caso no es así, pue se trata de  una gente pegada  a la realidad, un grupo de mujeres, sobre todo, que lucha hace años contra el hambre y que hace cosas, muchas cosas,  en un mundo donde a algunos les basta con hablar. A mí me llama la atención  la palabra pobreza, que es equívoca, y me recuerda  a ese mendigo que veía desalojar un hotel de lujo por amenaza de incendio,  a señoras en camisón saliendo a toda prisa salvando sus joyeros.  “Pobre gente”, se dolía el mendigo. Pue eso. Pobre mundo el nuestro acobardado y pendiente de objetos y satisfacciones, con cada vez menos lugar para la palabra, la singularidad y el amor.  Una cosa que tiene la pobreza es que designa cosas distintas, que no es igual en todas partes. Cuando algunas organizaciones que quieren mover nuestra conciencia dicen que aquí ha aumentado la pobreza, lo cual es verdad,  hay que decir que la vara de medir es distinta, y el pobre de aquí es casi un potentado en otros sitios donde no hay de nada, y menos que nada esperanza. Este es el momento de cierta esperanza, cuando el sistema político salta por los aires y se advierte una reacción en la gente, aunque todo sea todavía muy confuso, cuando parece que podemos ir saliendo de la crisis, lo que es bueno también para la colaboración con los que son  pobres  de verdad, sin futuro, sin cobertura alguna y sin red, para apoyar a países, no con dinero sin control que al final es para gobernantes corruptos, sino con proyectos concretos de ONGs comprometidas. El camino debe ser que estos países salgan por sí mismos, y por eso economistas africanos de prestigio como Dambisa Moyo piden no tanto ayuda,  sino que se faciliten iniciativas de empresas, apoyo a proyectos propios, condiciones para la  actividad económica que saque a la gente de la pobreza y termine con la dependencia con los países ricos y sus ayudas. Luchar contra la pobreza es una causa noble, a la medida de lo mejor de nosotros, pobres también de solemnidad,  de otra manera.
(Publicado DN 2/II/2015)

lunes, enero 26, 2015

1980

Han pasado más de tres meses desde que se estrenó en octubre “1980”, un documental de Iñaki Arteta que vuelve a hablar sobre las victimas de Eta, en este caso las de  aquel año especialmente sangriento, y parece que la película no llega a Pamplona. “1980” se mostró en la sección Tiempo de Historia de la Seminci de Valladolid, cosechando muy buenas críticas, y se pudo ver fugazmente en Madrid y Barcelona, y a partir de iniciativas también  en  otros lugares. Pese a que Arteta ha demostrado su solvencia con otras documentales como  “Voces sin libertad”, “Trece entre mil” y el “Infierno vasco”, construyendo una auténtico dique de imágenes y palabras frente al río del olvido, esta película se hizo gracias al crowfunding, es decir, mediante pequeñas aportaciones de particulares, y no lo ha tenido fácil: no ha encontrado una buena distribución comercial, alguna televisión ya se la ha quitado de encima, y no ha logrado a la preselección para los Goya, lo que hubiera sido una novedad.  Tal vez todo esto no sea extraño. En 1980, Eta llevó a  cabo una ofensiva en toda regla para intentar cargarse la incipiente democracia,  cometiendo 95 asesinatos, uno cada tres días. A veces, el telediario se refería a los muertos  de la jornada como si fuera el parte del tiempo.  Aquel 1980 fue un año especialmente bochornoso, porque toda esa muerte desatada no logró el rechazo y la respuesta social que merecía.  Nos acostumbramos a ello. Una sensación de miedo y un no querer saber se instaló en gran parte de la sociedad. ¿Cómo pudimos soportarlo? es la pregunta que se hace la película y que todavía nos incomoda. Por eso, cada testimonio que rescata Arteta tiene un filo que corta. Ignacio Ustarán, por ejemplo,  tenía 13 años cuando su padre, un dirigente de UCD de Álava, fue secuestrado en su domicilio, del que lo sacaron para pegarle un  tiro en un descampado. Su hijo se acuerda de la última mirada de su padre a través de una puerta semiabierta donde lo tenían retenido. Arteta insiste en contarlo, pero lo tiene difícil, porque de eso ya no queremos saber. La puerta entornada se cierra poco a poco, pero el niño todavía sigue mirando a su padre por la rendija.
(Publicado Diario de Navara 26/I/2015)

viernes, enero 23, 2015

Nieve


Comenzó a nevar y se formó una cola de coches que no avanzaban. Detrás de la ventanilla el cielo estaba rosado y los pequeños copos ascendían como si tuvieran reparo en llegar al suelo.  La fila no se movía y tras el vaho del cristal la nieve se había calmado, y el panorama era blanco y luminoso, como una  de esas fotos nocturnas que ven más que nuestro ojo y  que se hacen manteniendo  mucho rato el obturador abierto.
En una de esas fotos vi hace poco cómo las estrellas y las nubes que no vemos de noche son distintas, extrañas, parecen sacadas de El grito de Munch.  Paró un poco y, sin pensarlo, aparqué el coche y salí a pisar la nieve recién caída que sonaba como la puerta de un armario al abrirse. Subí una cuesta y luego tomé un pequeño elevador que salva unas escaleras, y cuando llegué arriba  volvió a nevar con fuerza, como si hubiera llegado a otro país.  En un jardincillo una familia de ecuatorianos se lanzaban bolas de nieve, y un niño muy pequeño se tiró de  bruces con los brazos abiertos sobre la nieve, estuvo allí un rato, muy quieto,  como si estuviera muerto, hasta que se levantó de pronto y se quedó mirando la huella que había dejado sobre la nieve,  y ví que lo miraba con extrañeza y júbilo, como se mira la imagen de uno por primera vez en el espejo, tal como lo explica Lacan.
 “Ese soy yo”, debía estar pensando.
Un señor con sombrero, pasó de pronto  y pisó sin darse cuenta la huella, emborronándola. Luego se alejó deprisa mirando al cielo, hasta que trastabilló en una esquina.

lunes, enero 19, 2015

GPS

En su reciente viaje por EEUU Pedro Sánchez, líder del Psoe, se ha perdido.  Parece que salió a la hora camino de la Universidad de Fairfax, en Virginia, donde iba  a mantener un encuentro con los alumnos, y donde le esperaban también el rector y el embajador de España, pero Sánchez y su séquito debieron confundirse y después de una hora, los que le esperaban dieron el acto por concluido. “Espero que el señor Sánchez dirija un  país mejor que lo que maneja el GPS”, disparó el rector en su twitter, molesto con el esquinazo de Sánchez. Puede que él no tenga culpa alguna, pero estos detalles en política son vitales.  Young Sánchez, que es como le apodan algunos, como aquel boxeador que aspiraba en vano a llegar a lo más alto en una novela de Aldecoa,  parece siempre un hombre razonable, bien peinado, sin coleta, que viste con  pantalón pitillo, camisa lisa sin corbata y americana  entallada, tipo comentarista deportivo. Pensarán que describir su atuendo es una frivolidad, pero eso es que no han leído a Trapiello que hace poco explicó que la contienda política que nos espera el 2015 –locales, catalanas, generales, la gota malaya-  es en parte una cuestión de vestimentas o, como dice él, de indumento. Parece que el líder de Podemos, por ejemplo, ya ha acusado a los socialistas de estar copiándole la camisa, y estos de hacer lo mismo con el programa, y nos remontaríamos a tiempos de las chaquetas de pana para explicar la importancia de la imagen, que se confunde cada vez más con la sustancia de la  política.  Sánchez, en realidad,  ha sido víctima de una metáfora, como otros de un micrófono abierto. ¿Cómo guiar un país si no es capaz de llegar a una cita?  En realidad, dirigir un  país se parece mucho a  la función de un GPS, como bien explicó Savater hace tiempo,  al decir que el papel que él quería en UPyD, era ser GPS y no mapa. Lo importante para usar el GPS es saber dónde se  quiere ir, marcar el objetivo. Luego vendrán los avatares de la carretera, los detalles, pero tener un destino y no dar vueltas alrededor de  Fairfax, es una ventaja. Política de GPS, no solo de mapa, es lo se necesita  en este momento, y no solo de Sánchez.
(Publicado DN 19-I)

miércoles, enero 14, 2015

Recuerdo a Kobayashi

Este es un tipo japonés,  Kobayashi se llama, que toca el violonchelo en una orquesta que acaba de ser disuelta  dejándolo en el paro, por lo que vuelve a su ciudad natal con su mujer para empezar de nuevo, y allí responde  a un anuncio, Despedidas, dice el anuncio, pensando que se trata de otra cosa, pero es un trabajo de amortajador,  allí hay que preparar los cuerpos de los muertos para el entierro y el tránsito al otro mundo, de acuerdo al delicado y solemne ceremonial nipón. Hemos visto películas sobre el Japón, Lost in translation, de la Coppola, que me resultó muy aburrida, y  otra de Coixet, no recuerdo,  pero Despedidas no es la mirada de un occidental sobre Japón, algo que está muy de moda e interesa a los callejeros viajeros,   sino de un japonés sobre Japón y sobre el hecho de morir, ese fastidio. La película, pese al tema,  no tiene nada de morbo y es delicada como el ala de una mariposa (yo también me estoy poniendo oriental), y ver a Kobayhasi preparar un cuerpo es como ver teatro Nô o, como me dijo alguien, ver a un samurai apagar la llama de una vela con un golpe de sable.  En esta película se ve un Japón muy cotidiano, una ciudad de montaña sin ningún brillo, donde la gente va todavía a los baños públicos y la comida  se calienta en hornillos al vapor y se saborean  unas grandes huevas de no se qué pez. El director de estas Despedidas, Yojiro Takita, ganó con ella el oscar a la mejor película extranjera ese año (2008), desplazando a Vals con Bashir, una excelente  película de animación israelí, sobre la guerra del Líbano y los campos de refugiados; una muestra de que  con dibujos animados y talento se pude conmover y hacer buen cine.   El caso es que, según leí entonces, este Tajita, el de Despedidas,  antes había dirigido películas como El culo de Rumiko, Violación sucesiva, etc. Es decir, cine porno. Por eso, algún crítico dijo que Takita había velado sus armas en el bajo vientre del imaginario colectivo. Takita se apartó luego de todo eso  y  lo que ahora muestra  ante el imaginario colectivo es la muerte, como si, una vez comprobado que el sexo ya no es lo que era, ella sea  ya nuestro último y auténtico tabú.

lunes, enero 12, 2015

Sumision

El último número de Charlie Hebdo, el del miércoles fatídico en que sus redactores morían a balazos, traía en  portada a Houellebecq, escritor francés a punto de presentar una novela muy esperada, Sumisión, en la que imagina una Francia gobernada en el 2.022  por  un presidente musulmán, gracias al apoyo de los partidos tradicionales que evitan así ver al Frente Nacional en el poder. El protagonista del libro es un profesor que prefiere someterse a los nuevos aires que reinan en el país, donde los valores republicanos han sido sustituidos por una creciente islamización y hacerse musulmán, lo que además le permite tener tres esposas. Se trata de una fábula de política ficción pero que, si ya antes del atentado en París había levantado una gran polémica, y su autor acusado de avalar las tesis de Le Pen sobre la pérdida de identidad de Francia ante la inmigración musulmana, ahora su  actualidad y  repercusión han crecido de forma inusitada. De hecho, Houellebecq está bajo protección y se ha suspendido los actos de promoción del libro. Ya hace tiempo que este antiguo informático, convertido en escritor de gran éxito, mantiene que el laicismo republicano ha muerto en Francia y que la islamización es un proceso imparable, un signo de una  “vuelta a la religión”,  tras  unos siglos en los que, partir  de la ilustración y la reforma protestante, el individuo ha querido volar por su cuenta. Los personajes y las historias de H hablan de incomunicación, de pérdida de lazos sociales y afectivos, de una  Francia convertida en un país superficial, puramente turístico,  de muerte de cualquier ideal. Una idea de profunda decadencia. Ante esto, las certezas que proporciona al sujeto sediento de una causa la religión del Islam son incomparables. Esta es una idea pesimista y a la vez un aldabonazo. No podemos desistir de vivir en una sociedad que, aún  en medio de problemas y tensiones,  todavía concede al individuo la libertad de pensar y organizar su vida por su cuenta, un paréntesis en la historia. “No le voy a matar por ser mujer”, escuchó una redactora de Charli Hebdo, al terrorista que le encañonaba, “pero le aconsejo leer el Corán”. Ese es el mensaje.
(Publicado DN 12-I-2015)

lunes, enero 05, 2015

Día 1

No había gente el día de año nuevo en que F. me llevó a andar por el camino de Santiago, hacia Puente la Reina, la mañana  luminosa era toda nuestra,  y subiendo el Perdón, sin ver un alma, yo fui pisando los charcos que estaban todavía helados y emitían un leve chasquido bajo los pies,  como si protestaran, parando de vez en cuando para contemplar la ciudad que resplandecía allí abajo, como si alguien le hubiera sacado brillo: los montes cercanos, la silueta de los pirineos al fondo,  recortados sobre el cielo azul, hasta que en una curva, entre unos  bojes, vi  una peregrina coreana con un anorak rojo y la capucha puesta, contemplando el paisaje,  ensimismada,  y  después de saludarla,  seguí hacia arriba, siempre en sombra, hacia lo alto y una vez allí, paré junto a la escultura de los caminantes,  y sentí de pronto que me sobraba la ropa, el sol pegaba ya con fuerza, el aire era más templado, empezaba ya la ladera soleada que desciende hacia el llano; basta con pasar El Perdón, se sabe,  para que el paisaje  cambie, crezca la luz  y la tierra se serene, y ahora el valle  se extendía verde y reluciente bajo el sol rotundo, y entonces recordé la bandera coreana con  la imagen del ying y el yang, esa esfera con dos figuras dentro, que se refieren a los dos lados de la montaña: ying es la ladera en sombra, mientras que yang es la iluminada, son los dos polos, pero como el sol se mueve durante el día, el ying y el yang cambian de lugar,   lo que antes brillaba se oscurece, nada es nunca lo uno o lo otro, todo contiene el ying y el yang, recordé,  ambos se transforman entre sí,  son nuestros  pasos los que nos llevan sin querer del uno al otro:  de lo frio a lo cálido, de lo húmedo a lo seco, del agua al fuego,  de lo  lento a lo rápido,  de la tierra al cielo, de la luna al sol,  de la noche al día, de lo femenino a lo masculino, del hielo de la mañana a la piedras del camino que conduce dócil hacia a los pueblos;  el día, pensé,  no precisaba nada más,  solo  andar gozosamente hacia alguna parte, del yang nuevamente hacia lo ying, sin que al mismo tiempo importara el destino.
(Publicado DN 5-I-2015)

lunes, diciembre 29, 2014

Elefante

El día de nochebuena amaneció frio y con niebla, y cuando salí a dar un paseo todavía no había levantado, el mundo alrededor seguía frio y desdibujado, como si se hubiera convertido en otro lugar, y junto al portal de la ciudadela había dos hombres a cuerpo desafiando el frio y tocando “Noche  de paz” con un violín y un acordeón, con pinta de rumanos,  restos de una orquesta zíngara, gentes que nunca tienen frío ni miedo a desafinar, y después de echarles una moneda seguí adelante, la niebla parecía haberse espesado todavía más,  hasta que de pronto, junto a la Misericordia un bufido me hizo parar y al acercarme despacio entre la bruma, como una aparición, distinguí  un elefante allí quieto, rodeado de una cinta blanca, como si eso bastara para contenerlo, que me miró con cara de lástima un segundo y luego siguió comiendo la hierba seca que había por el suelo. El animal tenía la piel de color grisáceo, con grandes surcos, comprobé, y sobre el lomo y su gran cabeza llevaba briznas amarillentas, como si hubiera llovido paja o él mismo intentara abrigarse en la gélida mañana. Era  de un circo que hay allí, el circo Coliseo, que se anuncia en grandes carteles de colores,  como un espectáculo de otra época, con payasos, tragasables, leones del Senegal y auténticos lobos de Siberia, una diversión que subsiste en esta época sofisticada y cibernética, donde el espectáculo está siempre en una pantalla. Miré alrededor, acordándome de la lejana infancia, cuando los personajes del circo me embelesaron durante mucho tiempo, con sus lentejuelas, sus látigos y sus equilibrios en el alambre, pero allí no se veía nadie salvo el elefante, madrugador, el resto del elenco, pensé, debía seguir en los remolques preparando la cena de navidad,  las fieras en sus jaulas, o todos habían abandonado el campamento al unísono.  Entonces pensé que justo desde ese mismo lugar sale la cabalgata de reyes, con sus caballos y sus dromedarios, y escuché  a lo lejos la música de los rumanos que repetían el villancico y entonces elefante se irguió sobre las patas de atrás y emitió un largo bufido con su trompa, lo que en algunos sitios, recordé, es un signo de buen augurio.
(Diario de Navarra-29/XII)

martes, diciembre 23, 2014

Malala

Pocos días antes de que los talibanes entraran a tiros en una escuela de Peshawar, en Pakistán, y mataran a 140 personas, la mayoría de ellos escolares, dieron el premio nobel en Oslo a Malala, la niña paquistaní que lleva el cráneo de titanio y el oído biónico después de que los talibanes le hubieran metido varios tiros en la cabeza por defender el derecho de las niñas a ir a la escuela. Malala vive ahora en Londres, y a pesar de su juventud tiene una gran presencia en foros importantes, en los que destaca su discurso firme y claro con  un solo mensaje: que los millones de niños, y sobre todo niñas, de todo el mundo puedan educarse. Esto no hace ninguna gracia en muchos sitios, a pesar de que estemos en el siglo XXI, y de hecho hay muchas reticencias sobre si Malala no hace el juego a los países occidentales, o si es una auténtica musulmana. Nada está precisando tanto, por cierto, el Islam como gente como Malala, que nos haga descansar un poco  de tanto  clérigo barbudo e irritado, pero no está claro que su causa sea allí muy popular. Tal vez el atentado de Peshavar, más allá de las pugnas políticas locales, sea un mensaje sobre qué es lo que opinan algunos de la necesidad de abrir más escuelas: prefieren hacer tiro sobre  los alumnos y mandar un aviso a navegantes.  Lo cierto es que ante estas barbaridades hay quien reacciona con cierta prevención, sin la rotundidad que se usa en otros casos. Enseguida hay quien alega que también el cristianismo tuvo sus guerras de religión, como si eso excusara a quien las hace ahora, y sin añadir que  el conjunto de nuestras sociedades fueron evolucionando costosamente hacia modernidad, la tolerancia y el pluralismo religioso, algo que en el Islam no se ha producido. Allí no ha llegado todavía la Ilustración, y la religión no se ha separado de la política ni de la ley civil. Los disparos contra una niña como Malala, toda esta violencia desatada que vemos día a día,  expresan en realidad una enorme fragilidad y miedo ante la cultura y la sociedad abierta que se cuela por todas partes, y pone en peligro un edificio que cada vez exige mayores sacrificios.
(Publicado DN 22-XII)

martes, diciembre 16, 2014

Iguales

El fiscal Horrach ha presentado su  acusación en  el llamado caso Noos, en el que acusa a Urdangarín y otros más -no así a la infanta Cristina que, como la ministra Mato, no sabía de donde venía tanto dispendio en casa-  en un escrito de nada menos 572 folios, lo que supera a los 167 que necesitó el auto de procesamiento del juez Castro, los 227 con los que  justificó  la  imputación a la infanta, o los 160 que necesitó  la Audiencia de Palma para  confirmarlo. Esto  no es normal. Si los procedimientos del resto de los mortales necesitasen tanta tinta, los juzgados quedarían (más) paralizados. Puede que todos seamos iguales ante la ley, pero como se decía en “Rebelión en la granja”, unos son más iguales que otros, porque hay muy poca gente que exija tan amplias precauciones y tanto celo para decidir su caso.  He comprobado que mi Quijote, incluidas las viejas estampas de Doré, tiene 627 páginas y que la Biblia llega casi a las 2.000, pero esto es poca cosa frente a los tomos que ocupa este caso de campanillas, en el que una vez se ha entrado, debe ser difícil hallar la salida. Es inútil pensar que algún ser humano retenga tanta letra. Verlo en la estantería debe dar grima. Es claro que Horrach y Castro  pecan por exceso, escriben demasiado, lo que es algo que el lector nunca perdona, máxime en un mundo  donde prima breve y todo se mueve con un tuit.  Nadie se lee una cosa tan larga.   Por lo demás, el escrito de acusación pide una condena  de 19 años a Urdangarín, algo que, como ha dicho su abogado, parece más propio  de un delito de sangre. Esto ha coincidido, perdónenme la obviedad, con la semana en que Santi Potros, aquel de los atentados de Hipercor y República Dominicana -con 21 y 12 muertos respectivamente-    salía a la calle tras  pasar 24 de los 3.100 años de prisión a los que fue condenado,  al abonársele los 6 años de cárcel que pasó en Francia, y en aplicación de una decisión marco europea sobre acumulación de condenas.  Al parecer, esa decisión  llevaba cinco años durmiendo el sueño de los justos, durante dos gobiernos, a la espera de que alguien hiciera algo o terminara  de   leérsela  entera.
(Publicado DN 15-XII)

lunes, diciembre 08, 2014

Medalla

Los hombres acostumbran a ser de carne y hueso, producto de su época y sus circunstancias y a partir de ahí han de hacer o no hacer algo, vivir una vida intensa, enredada en proyectos, seguramente contradictoria y fallida muchas veces,  o vivir una vida gris y acomodaticia sin arriesgarse; las de Huarte y Urmeneta, a quienes se ha dado una medalla,  son más bien del primer tipo, volcadas siempre en algún empeño,  imparables, con el rasgo de los hombres de acción, barojianos; Urmeneta, por ejemplo, pasó por la guerra y luego por la división azul, una expedición en la que hubo de todo: rojos que querían disimular, buscavidas, idealistas, el propio cineasta Berlanga, recuerdo, o  Ridruejo, un falangista de primera hora que luego cambió, renunció a todo y combatió el régimen. Puede que Urmeneta tuviera ya el corazón nacionalista, y que la coyuntura le llevara por otro lado, pero el tiempo demostró que la cabeza la tenía muy pragmática, y que puso por encima de todo ese talante íntegro y responsable que siempre tuvo,  y en eso se `parece a otro navarro eminente, Manuel Irujo, un nacionalista vasco que terminó siendo ministro de justicia, pero de la república española, y logró poner orden y terminar con los paseos y matanzas indiscriminadas en el Madrid republicano. Salirse del molde, escapar a lo previsible, cambiar, ese es el valor que nos exige a veces la vida, en la que nada está escrito.  También en aquellos años 60 había que tener la mente clara, pues si Huarte y Urmeneta, ente otros,  no se hubieran empeñado en impulsar el plan de industrialización, es decir, el progreso, Navarra hubiera seguido siendo una especie de reducto, una caja de esencias tradicionales, encerrada en sí misma, tal como querían algunos, amoscados ante el temor de que algo pudiera cambiarla. Recordar  la figura de estos dos hombres,  que hicieron lo que pudieron e incluso un poco más, en unos tiempos oscuros, puede que sea oportuno en esta hora, necesitada, tal como ha explicado  el filósofo Gomá, de una nueva ejemplaridad pública, de algún modelo que,  aunque no sea  perfecto, nos saque de tanta queja y tanto desánimo.
(Publicado DN 8-XII)

martes, diciembre 02, 2014

Bach

“Escrito por la señora Bach” es un documental que se ha estrenado hace poco en Inglaterra, que  sostiene que varias obras de Bach en su última etapa, en concreto parte de las “Variaciones Goldberg” y de “El clave bien temperado” -una obra apropiada para escuchar estas tardes de otoño, mientras el viento barre las hojas- se deben a su segunda mujer, Anna Magdalena Bach. Hasta ahora se tenía a Anna como la copista a quien su célebre marido dictó las obras de su último periodo,  pero un tal profesor Martin Jarvis, investigador de una universidad australiana, sostiene que un análisis de la letra denota que su escritura carece de la calma y peso de un mero dictado y que ella sería la autora. La verdad que no parece una prueba muy concluyente, pero no es muy raro que alguien se empeñe durante años en refutar la autoría de un genio, seguramente porque con eso logra, como en este caso,  cierta repercusión en todas partes, y acaso porque debe producir un placer especial poder vengarse de alguien muy brillante, así que hay quien dedica su vida a  demostrar  que Homero no era Homero,  sino una grupo de bardos errantes, que Shakespeare era incapaz de escribir su obra etc. y ahora Jarvis niega a Bach y reivindica a Anna Magdalena, una soprano que fue su segunda mujer, y que además de copiar en un famoso cuaderno las composiciones de su marido, alumbró y cuidó 12 hijos, atendió la casa y, según Jarvis, aún tuvo tiempo para componer las obras cercanas a la perfección que hoy, siglos después, oímos con estupor. Todo esto supone una cierta herida narcisista para el hombre, como si la sumisa Anna, al  despojar a su famoso marido de parte de sus obras, lograra una victoria un poco tardía para todas aquellas mujeres que han quedado en segundo plano, seguramente muchas injustamente olvidadas o usurpadas por sus maridos o amantes que se aprovecharon de su talento; aquellas hermanas Brönte que firmaban sus libros como hombres en la Inglaterra victoriana,  o la delicada   Fanny Mendelsohn, eclipsada por su hermano Félix; mujeres a la sombra durante mucho tiempo, observando al hombre en primer plano con una sonrisa enigmática.
(Publicado DN 1-XII-2014)

martes, noviembre 25, 2014

Larun

Subida a Larun desde Sara. El día es caluroso para noviembre, con bruma y bochorno que desdibuja el paisaje. Los helechos están secos del cálido verano, y un otoño que no ha traído lluvia apenas. Por el camino alguien ha recogido ya las castañas caídas. Un padre con dos hijos pequeños y con boina está parado a media ladera, respirando. Mas arriba  avanza una fila de gente con banderas desplegadas: varias ikurriñas, una de Navarra. Sobre el fondo verde, junto a la arista de roca, la comitiva asciende en fila con las banderas al viento.  Siento un escalofrío. Boinas y enseñas en el monte. Echarse al monte. Desde arriba se ve siempre un mundo falso, miniaturizado,  con sus prados y caseríos bien ordenados, sin gente real, sin conflicto. Un país de mentira. A ras de tierra todo es más feo. Lo sagrado es a lo que uno entrega su vida, lo que le da sentido. Durante un rato el grupo va por delante, luego los pierdo de vista, pero cuando salgo de nuevo al camino más arriba, los veo por debajo, en un pequeño prado, reunidos. Con las piedras que han recogido han escrito en el suelo una consigna: euskal presoak etxera. Desde arriba les saco una foto con el móvil. Pienso en alguien que no supiera nada de esto, un coreano que llegase aquí –si fuera capaz de no perderse por la indicaciones de tráfico- alguien de Saskatchewan, que pensaría al contarle que estos bravos muchachos claman en el monte por que salgan a la calle presos que han matado por una abstracción a gente real. Arriba hay bruma y se ve a lo lejos San Juan de Luz, Hendaya y los feos bloques que se construyeron en la playa de Fuenterrabía. Junto a  la cima hay un monolito con un águila imperial que cuenta que a la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III -una época de cartón piedra que nadie recuerda- le gustaba venir hasta estas alturas  y ver el paisaje, los prados, los rebaños de ovejas, al fondo el mar. 

lunes, noviembre 24, 2014

Tercera vía

Los intentos para lograr un acuerdo entre UPyD y Ciudadanos, con el fin de ir juntos a las elecciones y presentar una oferta común y más atractiva, una “tercera vía” frente a los dos grandes partidos y el ascenso –más bien terremoto- de Podemos,  parece que no han prosperado, más bien han terminado con un sonoro portazo donde ambas partes se acusan de no querer en realidad el acuerdo y de actuar para la galería. Más que un intento real de acercamiento, parece una cuidada escenificación para que ambos puedan decir que la culpa es del otro. Tanto UPyD como Ciudadanos nacieron como respuesta  frente a la vieja política: la  de los dos partidos dominantes convertidos en maquinas de poder y desgastados por las experiencias de gobierno  y la corrupción. Frente a esa vieja política, que es una distinción que Ortega ya hizo hace ahora 100 años, en su famoso discurso del teatro de la Comedia,  llegaba el momento de esta nueva política de la mano de dos formaciones nuevas, limpias de polvo y paja, forjadas en  la resistencia política en el País Vaco y Cataluña,   una  alternativa de regeneración, modernidad y autoestima nacional. Sin embargo esta propuesta no ha cuajado, sino que ese espacio  ha sido ocupado por Podemos, ese “todo a cien” de la política, como lo ha bautizado alguien, que les ha adelantado por la izquierda como una exhalación.  El partido de Iglesias  resulta mucho más atractivo en estos momentos como arma arrojadiza frente a la vieja política, que las sutilezas y la marcha lenta de esta tercera vía,  que no es vista como alternativa suficientemente justiciera.  Hemos venido para cambiar la política, le oí hace tiempo a Irene Lozano, dirigente de UPyD, intelectual eminente, pero ha pasado el tiempo y parece que al final es la política la que termina cambiando al que llega a ella, aunque  sea cargado de buenas intenciones. La despedida de Sosa Wagner, harto de las maneras mostradas por la dirección de  UPyD ante sus discrepancias, fue un aviso.  Que  ahora dos partidos tan parecidos en sus programas y objetivos, sean incapaces de sumar, cuando resultaría tan necesario,  suena mucho a política de la vieja.
(Publicado DN 24-XI)

lunes, noviembre 17, 2014

Asombro


Matías Múgica ha compilado en un libro que publica el Gobierno de Navarra, bajo el título “Con letra aguda y fina”, textos de Julio Cario Baroja sobre Navarra, entresacados de lo mucho que escribió; un libro que quiere ser, desde luego,  un  homenaje al sobrino de don Pío en el centenario de su nacimiento, un recuerdo  de aquel hombre con pajarita y voz de pájaro que fue un sabio anticuado, solterón, testigo de un mundo que desaparecía, tan aplaudido al final de su vida como  incómodo para todo el mundo, pues era una autoridad en todo y también en lo que se refiere a lo vasco, pero sin gozar de las simpatías del nacionalismo, siempre más dispuesto a la leyenda que a la complejidad de los  hechos,   y sin resultar tampoco  amable  a ninguna de las corrientes políticas del país, pues era en realidad un liberal acérrimo, es decir, un hombre que no está dispuesto vender su libertad por nada, al contrario de lo que vemos ahora todos los días, una rareza en una tierra donde ha habido de todo, salvo quizás un liberalismo relevante. En la presentación del libro se ha destacado el asombro de Julio Caro hacia Navarra, una palabra, asombro, que hay que explicar, pues su asombro no es por alguna gesta extraordinaria o una singularidad especial, sino tan solo ante el hecho de que Navarra exista y haya existido tanto tiempo,  hasta el punto que para él,  según dejó escrito, resulta un enigma histórico la pervivencia de  una comunidad -un pequeño estado en tiempos- que  no tenía unidad de lengua, ni de raza, ni de cultura, ni siquiera unidad de paisaje, sino a lo mas una cierta unidad histórica,  algunas instituciones y leyes que han logrado perdurar. Nada más, dice Caro, y nada menos. Por eso, según subrayó Múgica en la presentación, Navarra es una nación contra natura, que es una expresión fuerte pero muy gráfica, que indica que no estamos condenados a la naturaleza, a lo que nos es dado, que no estamos determinados a un destino ya escrito, sino que el logro consiste  en ser capaces de vivir en común siendo diferentes.  Poder ser  ciudadanos de uno en uno, y cada uno a su manera, eso es lo asombroso.
(Publicado DN 17/11)