El académico Francisco Rico, estudioso del Quijote, dijo el mismo día en el que un grupo de expertos, tras largas pesquisas, exhumaciones y análisis, confirmaron que los huesos de Cervantes estaban en el Convento de las Trinitarias de Madrid -aunque no podían distinguirse del resto-, que todo el revuelo y expectación creados le parecía una chorrada y que lo importante era la obra, y no los hueso raídos del autor. Cervantes fue un hombre que vivió siempre en penuria, guerreando, cautivo, cobrando impuestos, arruinándose, yendo a la cárcel y escribió su obra cuando pudo, fruto de una voluntad que se sobrepuso siempre a la suerte. Su Quijote contiene una gracia y una verdad que todavía perduran, disimulando su profundidad en un juego novelesco. “¿Habrá un libro más profundo que esta humilde novela de aire burlesco?”, escribió Ortega. Libro perfecto y a la vez imperfecto, se aprecia mejor con el tiempo y es bueno releerlo abriéndolo al azar, como recomienda el propio Rico. Es la obra de Cervantes lo que vale, sin duda, pero siempre ante su figura, tan mal conocida, hay una suerte de deuda, como si él fuera de entre los españoles ilustres el más auténtico, el que significa y resume más cosas, al que más convendría imitar. Es a estos pobres restos confundidos del convento a los que podemos llevar flores en comitiva, como al soldado desconocido, porque también él lo fue, y si no contamos más que con su huesos, no los menospreciemos, porque también los huesos hablan: ahí están por ejemplo los de Descartes, sobre los que se escribió un gran libro contando sus peripecias, sus idas y venidas desde la fría Suecia donde murió, hasta Francia, donde su rastro vuelve a perderse varias veces. Cervantes, por su parte, sigue allí donde eligió ser amortajado y enterrado para la vida eterna, sin sospechar que la tendría aquí. El tiempo es breve -escribió con un pie en la tumba, en el famoso prólogo al Persiles- las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo eso llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir. Así lo dijo.
(Publicado DN 23 marzo)
miércoles, marzo 25, 2015
miércoles, marzo 18, 2015
LA ERA DE LA KALE BORROKA
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| Libro Relatos de plomo III |
Oigo hablar en la radio de Montaigne y de sus ensayos, de los pensamientos que dedica al amor entre padres e hijos, esa tierna afección que el progenitor tiene por su cría, y el respeto que esta le profesa (él prefería, tal vez con razón, la amistad al amor, como si desconfiara de éste, como si pudiera llevar a extremos peligrosos), y eso me trae de nuevo al asunto de la kale borroka, me recuerda que tengo que decir algo de la larga época –desde los años setenta hasta hace nada- en que los cachorros hacían el trabajo de los mayores, lo complementaban con la llamada violencia de baja intensidad, y me digo si en el fondo no se trata de lo mismo, del viejo relato amañado del nacionalismo sobre el pasado y de sus efectos.
Lo escribió Jon Juaristi, hace años, evocando los versos de Kipling “¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes? ¿Y por qué hemos matado tan estúpidamente? Nuestros padres mintieron: eso es todo”. La kale borroka es el trabajo sucio que se encargó irresponsablemente a los cachorros, engañándoles. Contando una historia que no es verdad. Es parte de la barra libre que se instauró en el País Vasco y Navarra respecto a ciertos actos criminales, justificándolos. Es disculpar lo indisculpable.
¿Cómo no me dijiste, padre, que eso estaba mal?
“Han quemado cajeros, lanzado cocteles molotov contra sedes de instituciones y bancos, pero también al interior de viviendas de concejales no nacionalistas, han hecho arder autobuses, coches… pero ¿cómo son esos jóvenes? ¿Por qué cometen este tipo de delito?” se preguntaba un artículo de ABC en 2003. Es el entorno familiar, concluía, lo que predispone a los menores a cometer acciones terroristas. Unos chicos, muchos de ellos muy jóvenes, de entre 14 y 18 años, que en realidad no tenían que ver con la delincuencia juvenil habitual: no eran chicos sin recursos y oportunidades, con deficiencias afectivas, de barrios marginales o con familias rotas, sino jóvenes normales, chicos bien integrados.
Eran “buenos chicos” convertidos de pronto en otra cosa, como si se manifestara en ellos una repentina enfermedad: de pronto aparecían embozados, llenos de excitación, lanzando insultos, gozando insensatamente, llenos de odio y desprecio. Recuerdo ver subir dos críos con capucha en la villavesa –seria el año 96 o 97- en Marcelo Celayeta, y mandarnos bajar a todos, sin que nadie osara resistirse. El conductor, lívido, quitó las llaves del contacto y todos desfilamos en silencio. De pronto, apenas habíamos andado unos metros, el autobús comenzó a arder, mientras ya se olía en el aire el plástico de los asientos chamuscados, el crepitar de algo que nos hizo correr.
Eso era entonces cosa no rara, el pan de cada día, algo a lo que ya nos habíamos acostumbrado: era el folclore del fin de semana, “el espacio de la fiesta y la subversión”, se teorizó, refiriéndose a una parte vieja que agonizaba, nadie se atrevía a poner ahí un negocio, los vecinos escapaban, los jóvenes airados parecían los dueños del mundo, aunque luego recuerdo haberlos visto -yo iba entonces por los juzgados- detenidos: cabizbajos, temerosos, inofensivos, unos niños traviesos.
Esos festivos muchachos. Las memorias de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, de aquellos años lo explica con asepsia contable: “solo en el 10% de los casos hay una actitud clara y sin ambigüedades por parte de los padres de reprobación de los hechos terroristas y de la violencia callejera en la que participan menores y jóvenes”. Y ello pese a que “el 70% de los caso estas familias constituyen un entorno válido para el desarrollo y evolución de los menores, con un buen grado de integración social y familiar”.
No son las familias, según los expertos de la fiscalía, quienes incitan a estos jóvenes a cometer actos de kale borroka, pero “tampoco les enseñan abiertamente a rechazar el terrorismo”. Unas familias en las que hay una actitud ambigua respecto a ETA y su entorno, de tal manera, como se dice en los informes, “sus acciones no son aplaudidas, pero tampoco objeto de crítica o rechazo”. (Imaginémonos que esto ocurriera con quien maltrata a su mujer o se enriquece con el tráfico de drogas, que el mensaje para un chico de 16 años fuera que eso no está tan mal).
Hay una perversión moral que explica lo que ocurrió. Una ambigüedad en los mensajes que hace que los menores no sean capaces de ver porqué su comportamiento no es correcto y de asumir su responsabilidad. Por eso no es difícil, se dice en las memoria, que cumplidas las medidas que se les aplican y de vuelta al entorno habitual, alguno de ellos decida dar el paso de integrarse en las filas de Eta.
En un mundo donde muchos callan, donde hay temor a hablar y condenar, ahí están los padres para exculpar. Para poner en duda que sus hijos hayan cometido actos terroristas –se trata de travesuras-, para responsabilizar de esas acciones al sistema, a la sociedad o a los abusos policiales. El culpable siempre es el otro.
Era, pues, la ley del padre que no tendió el límite, que confundió las cosas. Todo estaba confuso, lo está en parte todavía. No es lo mismo el vicio que la virtud, matar que poner la nuca, la victima que el verdugo. Pero eso todavía no está claro en muchas partes del país, eso todavía se juega en la pelea por la memoria de lo que ha ocurrido y en el empeño de disolverlo todo en un conflicto y en una paz para todos, sin vencedores ni vencidos, como pretenden tantas mentes piadosas.
Pero estos muchachos creyeron la mentira de los padres, no oyeron otras voces que quizás callaron, acomplejadas. También de la culpa y la frustración y el tiempo que perdieron querrán pasarnos cuenta, por no haber sido claros.
¿Por qué no me dijisteis que esto estaba mal, que no podía hacerse? ¿Por qué me engañasteis?
Hizo bien la ley, ese padre simbólico, entendiendo que aquello no era gamberrismo de fin de semana sino terrorismo, violencia dirigida a atemorizar a la gente, a desestabilizar y lograr así objetivos políticos. Sin embargo tardó mucho tiempo en verse así. Solo en 2007 el Tribunal Supremo, enmendando a la plana a una sentencia de la Audiencia Nacional, consideró a estas acciones como terrorismo y no como alborotos, acaloramientos pasajeros, violencia incontrolada. Fue la ley la que operó por fin y su eficacia, como en otros casos, nos sorprendió. La kale borroka se persiguió y se penó y -tiene gracia recordarlo- comenzó a descender significativamente cuando se acordó que los padres pagaran los destrozos de sus hijos, desde que se les hizo también responsables. La ley, a su manera, daba en la diana. Hacía de padre del padre.
Dar cuenta de ello, decir algo de la era de la kale borroka, de la penetración de un discurso perverso que no trazó la frontera entre el bien y el mal, la civilización y la barbarie. Lo dice el viejo Montaigne, desde hace siglos desde su torre:
“Así como Sócrates decía que el principal oficio de la filosofía era distinguir los bienes de los males, así nosotros, en quienes hasta lo mejor es siempre vicioso, debemos decir lo mismo de la ciencia de distinguir las culpas, sin la cual los virtuosos y los malos permanecen mezclados, sin que se distingan los unos de los otros”.
Ejercitemos, pues, esa ciencia.
(Colaboración en la obra "Relatos de plomo" vol III)
lunes, marzo 16, 2015
Albert
“No queremos en Andalucía a un político que se llame Albert”, ha declarado el delegado del gobierno en esa comunidad, Antonio Sanz. “No me gusta que se la gobierne desde Cataluña”. No sabemos de dónde hay que ser y como llamarse para que le parezca bien a este hombre. ¿Hay que ser Pepe y de Chipiona, o vale con ser de Murcia? Habíamos oído acusar al Cs de ser muy de izquierdas o muy de derechas, depende, o de haber crecido a cualquier precio, pero esto es distinto. Este tipo de veto a los catalanes para acceder al gobierno es ridículo y no hace sino dar pábulo a todo el victimismo con que algunos se presentan, y a la idea de Mas y compañía de que a los catalanes, en el fondo, no se les quiere ni se les respeta y lo mejor que pueden hacer es abandonar España. Es cierto que en campaña se dicen muchas tonterías, y que el aumento de expectativas de Cs, junto con Podemos, crean alarma entre sus competidores -incluida Rosa Diez, que no da crédito a tanta injusticia- pero a Sanz habría que sacarle tarjeta roja. Poner el veto a alguien por su origen, algo que ha dado lugar a tantos abusos y horrores en el pasado, es inaceptable y recuerda, por cierto, a los feos escraches que hemos visto por aquí, en los que se ataca al alcalde por ser uruguayo –al parecer hay que ser de Pamplona de toda la vida para gobernar- y no son sino pura caverna. Lo malo, en el caso de Sanz, además, es que esta descalificación se haga con alguien como Albert Rivera y su partido, que han sido los que con más claridad e inteligencia han mantenido la oferta de un españolismo integrador en Cataluña, explicando las ventajas de vivir en común y la ruina moral y económica de la deriva independentista. Es el PP el que se ha puesto de perfil allí, y les ha dejado el campo libre. La agresividad de parte del PP contra el partido de Rivera que es, posiblemente, el único con el que le sería posible llegar a algún acuerdo tras elecciones, puede que le sirva para ganar algún voto, pero le hará perder el de aquellos que vean en estas bravatas algo revelador.
(Publicado DN 16 marzo)
(Publicado DN 16 marzo)
jueves, marzo 12, 2015
Sueños
El escritor argentino, que también fue publicista y sociólogo, un tipo complejo, Federico Fogwill, dejó al morir un cuaderno donde llevaba apuntando sus sueños muchos años, y que fue publicado hace un tiempo como obra póstuma. Fogwill era un gran fumador y murió pronto, a los 69 años, creo, de un enfisema. En esa novelita suya, espléndida, que es “Los Pichiciegos”, que va de un grupo de soldados adolecentes en la guerra de las Malvinas, carne de cañón, también esos chicos pasan el tiempo fumando en el refugio, apurando puchos, hasta que la pifian. La guerra, el frío, aquellas islas inhóspitas, todo parece un mal sueño. Contar los sueños es muy difícil y en general es algo tedioso. Cuando en una novela se cuenta un sueño dan ganas de saltárselo. Los de Fogwill, que apenas he ojeado, son extraños. No sabría definirlos. Me llama la atención que los recuerde tan bien, pues una de mis frustraciones, como la de tantos, es no lograr recordarlos o conservar solo un vago recuerdo: una atmosfera, un paisaje, un temor, un rostro. Frente a la arrogancia del día, de sus razones, de las palabras que pronuncia y con las que no logra decir casi nada, la noche porta en los sueños una verdad que desconocemos y que a la vez es nuestra. La noche es más oscura y profunda que lo que el día sospecha, decía más o menos Nietzche, subrayando esta profundidad y ese prestigio de la noche, donde la conciencia se desvanece y renuncia a su reinado. Asomarse a la noche es asomarse a un pozo lleno de claves, pero el sueño en general está cifrado, escribe con una gramática distinta que disfraza lo que quiere decirnos, se las ingenia para esconderse al amanecer como un vampiro ante la luz. En el sueño siempre hay presente un deseo, aunque se decline como temor. Yo tengo a veces el sueño placentero en que duermo en lo alto de una montaña, y también sueños ingratos en que me pierdo por calles de ciudades que no conozco, buscando la salida. A veces sueño con un artículo redondo, y lo escribo palabra por palabra, pero en cuanto despierto ya no logro recordar nada.
lunes, marzo 09, 2015
Tomos
Llamé a varios sitios, por si estaban interesados en quedarse toda la colección de jurisprudencia y legislación de Aranzadi desde el año 31, con la elegante encuadernación de la casa, pero en todas partes me dieron largas, me dijeron que no tenían sitio, aludieron a que hoy nadie quiere información en papel cuando todo eso, todas las leyes que se les han ocurrido a los sucesivos legisladores y que se van derogando una a otra, todas las sentencias que han recaído en el Supremo en los más peregrinos asuntos, todas esas largas parrafadas desde los tiempos en que el adulterio era delito, o se aplicaba el garrote vil, todo eso, digo, puede encontrase en la web. El papel, el libro impreso, ya no cuenta, ha perdido su antiguo prestigio. Hoy este tipo de obras, me dijeron, se venden a peso para rellenar estanterías o se saldan en cualquier parte. No es extraño que las librerías vayan menos, y que cierran cuatro por cada una que abre, según se publica estos días. Antes, posar con toga con la colección de Aranzadi detrás, alineados en la estantería, era como posar con un ciervo abatido: una declaración de principios, un aval, una manera de acreditar que uno era de fiar y se había leído aquello gruesos tomos, lo que no era cierto, pero imponía. Hoy sobra todo eso. El BOE se lee en una pantalla y el prolijo derecho no reposa en la estantería sino en un nube a la que se accede desde un pequeño teléfono, sin necesidad de estos viejos tomos de letra pequeña que crían polvo en la estantería y que son la muda confesión de otra época, pero también la prueba fehaciente de que el mundo no cambia, sino que sigue en manos de las mismas pasiones que ellos describen: la vanidad, el dinero, la codicia, los viejo pecados capitales por los que desfila la gente por los juzgados, todo esto junto a virtudes que lo engrandecen, como si estuviéramos hecho de barro y oro, de lo mejor y lo peor, y es justo a un libro, recuerdo ahora, a lo que solía compararse el hombre, porque Dios lo creó de la misma manera que un impresor crea un libro, se decía, y lo lanzó a su suerte.
(Publicado DN 9 de marzo)
(Publicado DN 9 de marzo)
lunes, marzo 02, 2015
Silo
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| Silo. 2006. JM Corral |
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| Pared sur. 2006. Jose Miguel Corral |
jueves, febrero 26, 2015
La tierra baldía
"No hay, en el siglo XX, una obra que concentre con tanta intensidad todas las ideas preconcebidas acerca de lo que se entiende por poesía moderna como La tierra baldía, un poema que ha llegado a encarnar no sólo una imagen devastada de su tiempo, sino también una teoría de la tradición exhausta, a la vez que ha propuesto un paradigma de complejidad, oracular e intimidante, que ha generado una especie de ansiedad interpretativa por donde han transitado todas las escuelas críticas, desde el formalismo y el estructuralismo hasta el psicoanálisis y el feminismo", escribe Andreu Jaime, prologuista y traductor de la nueva y bella edición que saca Lumen del célebre poema de Eliot.
Tradición exhausta. Paradigma. Ansiedad interpretativa.
Las palabras del prólogo, complejo y certero, me vinieron el sábado a la cabeza cuando, a pesar de la temible mañana de nieve, fui al seminario, en San sebastián, y releyendo a Lacan (Seminario 10, La Angustia) encontré de pronto una referencia a La tierra Baldía, una cita que le sirve para ilustrar la vieja teoría de la superioridad de la mujer en el plano del goce. Lacan se detiene en un pasaje del poema, el del pobre muchacho chupatintas, que se marcha tras su pequeña aventura con la secretaria, allí donde se dice:
Tradición exhausta. Paradigma. Ansiedad interpretativa.
Las palabras del prólogo, complejo y certero, me vinieron el sábado a la cabeza cuando, a pesar de la temible mañana de nieve, fui al seminario, en San sebastián, y releyendo a Lacan (Seminario 10, La Angustia) encontré de pronto una referencia a La tierra Baldía, una cita que le sirve para ilustrar la vieja teoría de la superioridad de la mujer en el plano del goce. Lacan se detiene en un pasaje del poema, el del pobre muchacho chupatintas, que se marcha tras su pequeña aventura con la secretaria, allí donde se dice:
Cuando una bella mujer se abandona a la locura
para acabar encontrándose sola
surca la habitación alisándose los cabellos
con una mano automática y cambia el disco.
lunes, febrero 23, 2015
Teoría del todo
Stephen Hawking es un héroe de nuestro tiempo, un superviviente contra todos los pronósticos de la ciencia y a la vez un científico que pretende explicarlo todo con una teoría escueta y bella, una formula en la pizarra que proporcione respuesta cualquier pregunta, o eso dice la película “Teoría del todo”, que cuenta parte de su vida y que no va, en realidad, sobre ciencia sino sobre el amor, algo que tampoco cabe de momento en una fórmula. Que Hawking sea una mente maravillosa habitando un cuerpo desmoronado en una silla de ruedas, parece la imagen del triunfo de la mente sobre el cuerpo, la prueba de que aquella no necesitaría en realidad del viejo cuerpo, con sus achaques y apetencias, sus impulsos contradictorios y su decadencia; una manera de decir que lo importante es la mente y no la carne, algo que ha sido común en nuestra cultura, pero al ver la película se ve hasta qué punto es complejo el juego entre ambos, cuerpo y mente, no en vano la parálisis de Hawking viene de un fallo de la neurona motora, que no manda sus órdenes a los músculos, por lo que el cuerpo no puede hacer movimientos voluntarios como andar o hablar, pero sí involuntarios, automáticos, no pensados, podemos decir, con lo que Hawking, en realidad puede moverse siempre que no lo haga voluntariamente, sus órganos funcionan, y por eso es capaz de actividad sexual, por ejemplo, lo que es una extraña ironía, como si el cuerpo solo funcionara si la mente no se inmiscuyera y permaneciese al margen; en realidad puede que el cuerpo gane siempre a la mente, basta un dolor de muelas para comprobarlo, o tal vez la mente se sobreponga al cuerpo, o puede que ambos formen una sola cosa sutilmente entrelazada y dependiente una de otra, que es lo que dice la vieja sabiduría, y seamos un todo, no dos partes, tanto biología como biografía, y así no hay en realidad una historia del cuerpo o solo o de la mente, sino siempre la de alguien concreto, en este caso un tipo realmente listo, lleno de humor y que a pesar de sus limitaciones es capaz de decidir y enredarse como cualquiera en este juego de empeños, deseos y sorpresas que conducen la vida mientras el cuerpo aguante.
(Publicado DN 23 febrero)
(Publicado DN 23 febrero)
martes, febrero 17, 2015
Miedo
| Lucien Freud. Gran interior. |
Lo que hace ahora es inspeccionar los jardines, velar porque todo esté en orden, porque él trabajó durante años de jardinero, así que ahora la vista se le va hacia las plantas, se duele del abandono de la hierba crecida en ciertos sitios, comprueba las matas de aligustres, de pasada retira las hojas secas de un arbusto, arranca las cortezas de los chopos, mueve la cabeza ante esa palmera china que tiene los pies en el hielo y no va a soportarlo, se preocupa por las flores de la mediana que ve mustias por el paso de los coches, toda esa desidia también le duele y le hace recordar lo que él podría hacer, algo que le quema y le desazona, algo que ve injusto, pero ante lo que no puede hacer nada; al menos allí, en ese mundo vegetal, se ve a salvo, allí no tiene nada que temer; siempre le han gustado las plantas, ahora es lo único que le hace sentirse mejor y por eso dedica una parte de la mañanas a ese trabajo furtivo, a esa labor que le hace sentir que hace algo pero, a la vez, le da también miedo, como si alguien pudiera llamarle la atención y dejarle sin él, así que al cabo de un rato se escabulle y va la compra, que es su auténtica labor ese día, como cualquier otro, intenta cumplir su tarea pero enseguida se detiene: tenía que comprar carne picada pero, ¿cuantos gramos le dijo ella? ¿400? ¿600? La duda le hace sentir un escalofrío y vuelve de pronto la desazón de la mañana, la sensación de que hubiera sido mejor no levantase, el no saber qué hacer, hasta que decide que debe preguntar a la carnicera, ella le dirá lo que es común para dos personas pero, tontamente, sin que puede evitarlo, no se decide a hacerlo, le da miedo, y sin pensarlo deja el mostrador y se acerca a mirar las aceitunas de un puesto cercano, escucha el regateo de las mujeres en la pescadería, desde cuyo mostrador le mira una merluza rígida con la boca abierta en la que se ven los dientes afilados. No sabe qué hacer ni adonde ir, despacio se dirige a la salida, dará otra vuelta para ver si han resistido los geranios de la isleta y luego quizás vuelva por el picadillo, si puede; en la puerta un hombre de rodillas pide limosna y le mira con cara de lástima.
(Publicado en Diván el terrible, 16/2/2015)
Diván el Terrible
lunes, febrero 16, 2015
Carnaval
Todavía hay grandes bolos de nieve helada cuando voy a casa, después de esta semana de intenso frío, pero el sol ha salido un rato y el tiempo ha templado, un petirrojo busca aquí y allá, torciendo su cabeza, y mientras voy andando me cruzo con chicos disfrazados de pieles roja y de ranas verdes volviendo del colegio, un crío muy pequeño, que también recuerda al petirrojo, va del brazo de su madre vestido como un personaje del carnaval de Lanz, con su gorro de cucurucho, la cara tapada, las cintas y una escoba en la mano, como un Chacho de los que terminan moliendo a palos a Miel Otxin, el bandolero. Es carnaval. Un tiempo de exceso que antes se contraponía a la cuaresma con sus ayunos y rigores. Sin una no había del otro. Don carnal contra doña cuaresma. El carnaval es un hijo del cristianismo, o mejor del catolicismo, que siempre ha tenido una moral muy particular, una mezcla de exigencia y permisividad, que entiende que si se ha de hacer sacrificios y penitencias antes hay que pecar a conciencia, hay que dar un poco de suelta, y esa mezcla de pecado y perdón, de flaqueza y misericordia, siempre ha regido el calendario y las costumbres, ha organizado el comercio de las almas y la salvación, y algo de eso hay todavía hoy en ese rasgo colectivo de la doble moral, del predicar y no dar trigo. Mientras el hombre ha creído que su vida estaba sometida a fuerzas sobrenaturales, el Carnaval ha sido posible, escribió Caro Baroja, uno de los impulsores de la revivencia, como la llama, del carnaval de Lanz en 1964, con su desfile de personajes, zaldiko, ziripot, Miel Otxin, que es para él, el carnaval en sí mismo, juzgado y quemado y que se termina y evapora como el invierno que declina y el tiempo viejo. Poco de esto tiene ya razón de ser hoy, donde el carnaval con sus máscaras y su disfraz, esa excitante sensación de estar oculto, irreconocible -es decir, impune- se ha traslado por encanto a la noche de fin de año, como si algo de la vieja necesidad de ser por un rato otro, alguien distinto, no siempre yo, todavía buscara su momento.
(Publicado DN 16 febrero)
(Publicado DN 16 febrero)
lunes, febrero 09, 2015
Monedero
Después de haber dicho que estaba todo en regla y que no tenía miedo a Montoro, que ya es decir, Monedero, número 2 de Podemos, ha hecho una declaración complementaria para regularizar el dinero que no pagó a Hacienda –más de 100.000 €- reconociendo así, de hecho, que no había pagado los impuestos que le correspondían. Al crear una pantalla societaria para evitar tributar el máximo, entre otras cosas, demuestra que el principio de que quien más tiene, mas paga, está muy bien para defender desde la tribuna, pero a la hora de la verdad es mejor escaquearse. Desde su partido han dicho que Monedero ha cumplido, pero lo cierto es que lo ha hecho tarde y mal, y ante la amenaza de una inspección inminente. Así no vale. Sin embargo, nada de esto va a afectar a Podemos, un partido al que se le perdona todo, y cuyas irregularidades aparecen, de momento, como peccata minuta frente la sistemática corrupción que afecta a los grandes partidos. En realidad, hacen mal sus competidores en cargar las tintas sobre Podemos solo con este argumento, en centrarse en que en todas partes cuecen habas, algo que se vuelve enseguida contra ellos, no en vano le llevan mucha ventaja, mientras evitan la confrontación de las ideas, que sería lo procedente. Lo peor no es la tosca ingeniería fiscal de Monedero, bastante común -se supone que entre lo que llaman la casta- sino que cobrara por colaborar en un delirio ideológico como el de Venezuela, un país al que se ha logrado arruinar sin remedio, desabastecido e inseguro, gracias a la ayuda, entre otros, de estos revolucionarios de salón. Ahora que, bien mirado, plantear una lucha de ideas con quien se dedica de momento a ocultarlas, y prefiere ponerse perfil, no es muy fácil. En Navarra han discutido mucho los tres candidatos de la cosa, pero no recuerdo de qué. Las ideas de Podemos son, hasta ahora, una retahíla de nobles sentimientos e indignación genuina, pero apenas se dignan descender a lo concreto. Es como el sesudo Monedero, enfrascado siempre en hondas disquisiciones y afanes revolucionarios, como para pararse a pensar en las menudencias del dinero y el fisco, esa lata. (Publicado DN 9 febrero)
lunes, febrero 02, 2015
Pobreza
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| Sebastiao Salgado |
(Publicado DN 2/II/2015)
lunes, enero 26, 2015
1980
Han pasado más de tres meses desde que se estrenó en octubre “1980”, un documental de Iñaki Arteta que vuelve a hablar sobre las victimas de Eta, en este caso las de aquel año especialmente sangriento, y parece que la película no llega a Pamplona. “1980” se mostró en la sección Tiempo de Historia de la Seminci de Valladolid, cosechando muy buenas críticas, y se pudo ver fugazmente en Madrid y Barcelona, y a partir de iniciativas también en otros lugares. Pese a que Arteta ha demostrado su solvencia con otras documentales como “Voces sin libertad”, “Trece entre mil” y el “Infierno vasco”, construyendo una auténtico dique de imágenes y palabras frente al río del olvido, esta película se hizo gracias al crowfunding, es decir, mediante pequeñas aportaciones de particulares, y no lo ha tenido fácil: no ha encontrado una buena distribución comercial, alguna televisión ya se la ha quitado de encima, y no ha logrado a la preselección para los Goya, lo que hubiera sido una novedad. Tal vez todo esto no sea extraño. En 1980, Eta llevó a cabo una ofensiva en toda regla para intentar cargarse la incipiente democracia, cometiendo 95 asesinatos, uno cada tres días. A veces, el telediario se refería a los muertos de la jornada como si fuera el parte del tiempo. Aquel 1980 fue un año especialmente bochornoso, porque toda esa muerte desatada no logró el rechazo y la respuesta social que merecía. Nos acostumbramos a ello. Una sensación de miedo y un no querer saber se instaló en gran parte de la sociedad. ¿Cómo pudimos soportarlo? es la pregunta que se hace la película y que todavía nos incomoda. Por eso, cada testimonio que rescata Arteta tiene un filo que corta. Ignacio Ustarán, por ejemplo, tenía 13 años cuando su padre, un dirigente de UCD de Álava, fue secuestrado en su domicilio, del que lo sacaron para pegarle un tiro en un descampado. Su hijo se acuerda de la última mirada de su padre a través de una puerta semiabierta donde lo tenían retenido. Arteta insiste en contarlo, pero lo tiene difícil, porque de eso ya no queremos saber. La puerta entornada se cierra poco a poco, pero el niño todavía sigue mirando a su padre por la rendija.
(Publicado Diario de Navara 26/I/2015)
(Publicado Diario de Navara 26/I/2015)
viernes, enero 23, 2015
Nieve
En una de esas fotos vi hace poco cómo las estrellas y las nubes que no vemos de noche son distintas, extrañas, parecen sacadas de El grito de Munch. Paró un poco y, sin pensarlo, aparqué el coche y salí a pisar la nieve recién caída que sonaba como la puerta de un armario al abrirse. Subí una cuesta y luego tomé un pequeño elevador que salva unas escaleras, y cuando llegué arriba volvió a nevar con fuerza, como si hubiera llegado a otro país. En un jardincillo una familia de ecuatorianos se lanzaban bolas de nieve, y un niño muy pequeño se tiró de bruces con los brazos abiertos sobre la nieve, estuvo allí un rato, muy quieto, como si estuviera muerto, hasta que se levantó de pronto y se quedó mirando la huella que había dejado sobre la nieve, y ví que lo miraba con extrañeza y júbilo, como se mira la imagen de uno por primera vez en el espejo, tal como lo explica Lacan.
“Ese soy yo”, debía estar pensando.
Un señor con sombrero, pasó de pronto y pisó sin darse cuenta la huella, emborronándola. Luego se alejó deprisa mirando al cielo, hasta que trastabilló en una esquina.
lunes, enero 19, 2015
GPS
En su reciente viaje por EEUU Pedro Sánchez, líder del Psoe, se ha perdido. Parece que salió a la hora camino de la Universidad de Fairfax, en Virginia, donde iba a mantener un encuentro con los alumnos, y donde le esperaban también el rector y el embajador de España, pero Sánchez y su séquito debieron confundirse y después de una hora, los que le esperaban dieron el acto por concluido. “Espero que el señor Sánchez dirija un país mejor que lo que maneja el GPS”, disparó el rector en su twitter, molesto con el esquinazo de Sánchez. Puede que él no tenga culpa alguna, pero estos detalles en política son vitales. Young Sánchez, que es como le apodan algunos, como aquel boxeador que aspiraba en vano a llegar a lo más alto en una novela de Aldecoa, parece siempre un hombre razonable, bien peinado, sin coleta, que viste con pantalón pitillo, camisa lisa sin corbata y americana entallada, tipo comentarista deportivo. Pensarán que describir su atuendo es una frivolidad, pero eso es que no han leído a Trapiello que hace poco explicó que la contienda política que nos espera el 2015 –locales, catalanas, generales, la gota malaya- es en parte una cuestión de vestimentas o, como dice él, de indumento. Parece que el líder de Podemos, por ejemplo, ya ha acusado a los socialistas de estar copiándole la camisa, y estos de hacer lo mismo con el programa, y nos remontaríamos a tiempos de las chaquetas de pana para explicar la importancia de la imagen, que se confunde cada vez más con la sustancia de la política. Sánchez, en realidad, ha sido víctima de una metáfora, como otros de un micrófono abierto. ¿Cómo guiar un país si no es capaz de llegar a una cita? En realidad, dirigir un país se parece mucho a la función de un GPS, como bien explicó Savater hace tiempo, al decir que el papel que él quería en UPyD, era ser GPS y no mapa. Lo importante para usar el GPS es saber dónde se quiere ir, marcar el objetivo. Luego vendrán los avatares de la carretera, los detalles, pero tener un destino y no dar vueltas alrededor de Fairfax, es una ventaja. Política de GPS, no solo de mapa, es lo se necesita en este momento, y no solo de Sánchez.
(Publicado DN 19-I)
(Publicado DN 19-I)
miércoles, enero 14, 2015
Recuerdo a Kobayashi
Este es un tipo japonés, Kobayashi se llama, que toca el violonchelo en una orquesta que acaba de ser disuelta dejándolo en el paro, por lo que vuelve a su ciudad natal con su mujer para empezar de nuevo, y allí responde a un anuncio, Despedidas, dice el anuncio, pensando que se trata de otra cosa, pero es un trabajo de amortajador, allí hay que preparar los cuerpos de los muertos para el entierro y el tránsito al otro mundo, de acuerdo al delicado y solemne ceremonial nipón. Hemos visto películas sobre el Japón, Lost in translation, de la Coppola, que me resultó muy aburrida, y otra de Coixet, no recuerdo, pero Despedidas no es la mirada de un occidental sobre Japón, algo que está muy de moda e interesa a los callejeros viajeros, sino de un japonés sobre Japón y sobre el hecho de morir, ese fastidio. La película, pese al tema, no tiene nada de morbo y es delicada como el ala de una mariposa (yo también me estoy poniendo oriental), y ver a Kobayhasi preparar un cuerpo es como ver teatro Nô o, como me dijo alguien, ver a un samurai apagar la llama de una vela con un golpe de sable. En esta película se ve un Japón muy cotidiano, una ciudad de montaña sin ningún brillo, donde la gente va todavía a los baños públicos y la comida se calienta en hornillos al vapor y se saborean unas grandes huevas de no se qué pez. El director de estas Despedidas, Yojiro Takita, ganó con ella el oscar a la mejor película extranjera ese año (2008), desplazando a Vals con Bashir, una excelente película de animación israelí, sobre la guerra del Líbano y los campos de refugiados; una muestra de que con dibujos animados y talento se pude conmover y hacer buen cine. El caso es que, según leí entonces, este Tajita, el de Despedidas, antes había dirigido películas como El culo de Rumiko, Violación sucesiva, etc. Es decir, cine porno. Por eso, algún crítico dijo que Takita había velado sus armas en el bajo vientre del imaginario colectivo. Takita se apartó luego de todo eso y lo que ahora muestra ante el imaginario colectivo es la muerte, como si, una vez comprobado que el sexo ya no es lo que era, ella sea ya nuestro último y auténtico tabú.lunes, enero 12, 2015
Sumision
El último número de Charlie Hebdo, el del miércoles fatídico en que sus redactores morían a balazos, traía en portada a Houellebecq, escritor francés a punto de presentar una novela muy esperada, Sumisión, en la que imagina una Francia gobernada en el 2.022 por un presidente musulmán, gracias al apoyo de los partidos tradicionales que evitan así ver al Frente Nacional en el poder. El protagonista del libro es un profesor que prefiere someterse a los nuevos aires que reinan en el país, donde los valores republicanos han sido sustituidos por una creciente islamización y hacerse musulmán, lo que además le permite tener tres esposas. Se trata de una fábula de política ficción pero que, si ya antes del atentado en París había levantado una gran polémica, y su autor acusado de avalar las tesis de Le Pen sobre la pérdida de identidad de Francia ante la inmigración musulmana, ahora su actualidad y repercusión han crecido de forma inusitada. De hecho, Houellebecq está bajo protección y se ha suspendido los actos de promoción del libro. Ya hace tiempo que este antiguo informático, convertido en escritor de gran éxito, mantiene que el laicismo republicano ha muerto en Francia y que la islamización es un proceso imparable, un signo de una “vuelta a la religión”, tras unos siglos en los que, partir de la ilustración y la reforma protestante, el individuo ha querido volar por su cuenta. Los personajes y las historias de H hablan de incomunicación, de pérdida de lazos sociales y afectivos, de una Francia convertida en un país superficial, puramente turístico, de muerte de cualquier ideal. Una idea de profunda decadencia. Ante esto, las certezas que proporciona al sujeto sediento de una causa la religión del Islam son incomparables. Esta es una idea pesimista y a la vez un aldabonazo. No podemos desistir de vivir en una sociedad que, aún en medio de problemas y tensiones, todavía concede al individuo la libertad de pensar y organizar su vida por su cuenta, un paréntesis en la historia. “No le voy a matar por ser mujer”, escuchó una redactora de Charli Hebdo, al terrorista que le encañonaba, “pero le aconsejo leer el Corán”. Ese es el mensaje.
(Publicado DN 12-I-2015)
(Publicado DN 12-I-2015)
lunes, enero 05, 2015
Día 1
No había gente el día de año nuevo en que F. me llevó a andar por el camino de Santiago, hacia Puente la Reina, la mañana luminosa era toda nuestra, y subiendo el Perdón, sin ver un alma, yo fui pisando los charcos que estaban todavía helados y emitían un leve chasquido bajo los pies, como si protestaran, parando de vez en cuando para contemplar la ciudad que resplandecía allí abajo, como si alguien le hubiera sacado brillo: los montes cercanos, la silueta de los pirineos al fondo, recortados sobre el cielo azul, hasta que en una curva, entre unos bojes, vi una peregrina coreana con un anorak rojo y la capucha puesta, contemplando el paisaje, ensimismada, y después de saludarla, seguí hacia arriba, siempre en sombra, hacia lo alto y una vez allí, paré junto a la escultura de los caminantes, y sentí de pronto que me sobraba la ropa, el sol pegaba ya con fuerza, el aire era más templado, empezaba ya la ladera soleada que desciende hacia el llano; basta con pasar El Perdón, se sabe, para que el paisaje cambie, crezca la luz y la tierra se serene, y ahora el valle se extendía verde y reluciente bajo el sol rotundo, y entonces recordé la bandera coreana con la imagen del ying y el yang, esa esfera con dos figuras dentro, que se refieren a los dos lados de la montaña: ying es la ladera en sombra, mientras que yang es la iluminada, son los dos polos, pero como el sol se mueve durante el día, el ying y el yang cambian de lugar, lo que antes brillaba se oscurece, nada es nunca lo uno o lo otro, todo contiene el ying y el yang, recordé, ambos se transforman entre sí, son nuestros pasos los que nos llevan sin querer del uno al otro: de lo frio a lo cálido, de lo húmedo a lo seco, del agua al fuego, de lo lento a lo rápido, de la tierra al cielo, de la luna al sol, de la noche al día, de lo femenino a lo masculino, del hielo de la mañana a la piedras del camino que conduce dócil hacia a los pueblos; el día, pensé, no precisaba nada más, solo andar gozosamente hacia alguna parte, del yang nuevamente hacia lo ying, sin que al mismo tiempo importara el destino.(Publicado DN 5-I-2015)
lunes, diciembre 29, 2014
Elefante
El día de nochebuena amaneció frio y con niebla, y cuando salí a dar un paseo todavía no había levantado, el mundo alrededor seguía frio y desdibujado, como si se hubiera convertido en otro lugar, y junto al portal de la ciudadela había dos hombres a cuerpo desafiando el frio y tocando “Noche de paz” con un violín y un acordeón, con pinta de rumanos, restos de una orquesta zíngara, gentes que nunca tienen frío ni miedo a desafinar, y después de echarles una moneda seguí adelante, la niebla parecía haberse espesado todavía más, hasta que de pronto, junto a la Misericordia un bufido me hizo parar y al acercarme despacio entre la bruma, como una aparición, distinguí un elefante allí quieto, rodeado de una cinta blanca, como si eso bastara para contenerlo, que me miró con cara de lástima un segundo y luego siguió comiendo la hierba seca que había por el suelo. El animal tenía la piel de color grisáceo, con grandes surcos, comprobé, y sobre el lomo y su gran cabeza llevaba briznas amarillentas, como si hubiera llovido paja o él mismo intentara abrigarse en la gélida mañana. Era de un circo que hay allí, el circo Coliseo, que se anuncia en grandes carteles de colores, como un espectáculo de otra época, con payasos, tragasables, leones del Senegal y auténticos lobos de Siberia, una diversión que subsiste en esta época sofisticada y cibernética, donde el espectáculo está siempre en una pantalla. Miré alrededor, acordándome de la lejana infancia, cuando los personajes del circo me embelesaron durante mucho tiempo, con sus lentejuelas, sus látigos y sus equilibrios en el alambre, pero allí no se veía nadie salvo el elefante, madrugador, el resto del elenco, pensé, debía seguir en los remolques preparando la cena de navidad, las fieras en sus jaulas, o todos habían abandonado el campamento al unísono. Entonces pensé que justo desde ese mismo lugar sale la cabalgata de reyes, con sus caballos y sus dromedarios, y escuché a lo lejos la música de los rumanos que repetían el villancico y entonces elefante se irguió sobre las patas de atrás y emitió un largo bufido con su trompa, lo que en algunos sitios, recordé, es un signo de buen augurio.
(Diario de Navarra-29/XII)
(Diario de Navarra-29/XII)
martes, diciembre 23, 2014
Malala
Pocos días antes de que los talibanes entraran a tiros en una escuela de Peshawar, en Pakistán, y mataran a 140 personas, la mayoría de ellos escolares, dieron el premio nobel en Oslo a Malala, la niña paquistaní que lleva el cráneo de titanio y el oído biónico después de que los talibanes le hubieran metido varios tiros en la cabeza por defender el derecho de las niñas a ir a la escuela. Malala vive ahora en Londres, y a pesar de su juventud tiene una gran presencia en foros importantes, en los que destaca su discurso firme y claro con un solo mensaje: que los millones de niños, y sobre todo niñas, de todo el mundo puedan educarse. Esto no hace ninguna gracia en muchos sitios, a pesar de que estemos en el siglo XXI, y de hecho hay muchas reticencias sobre si Malala no hace el juego a los países occidentales, o si es una auténtica musulmana. Nada está precisando tanto, por cierto, el Islam como gente como Malala, que nos haga descansar un poco de tanto clérigo barbudo e irritado, pero no está claro que su causa sea allí muy popular. Tal vez el atentado de Peshavar, más allá de las pugnas políticas locales, sea un mensaje sobre qué es lo que opinan algunos de la necesidad de abrir más escuelas: prefieren hacer tiro sobre los alumnos y mandar un aviso a navegantes. Lo cierto es que ante estas barbaridades hay quien reacciona con cierta prevención, sin la rotundidad que se usa en otros casos. Enseguida hay quien alega que también el cristianismo tuvo sus guerras de religión, como si eso excusara a quien las hace ahora, y sin añadir que el conjunto de nuestras sociedades fueron evolucionando costosamente hacia modernidad, la tolerancia y el pluralismo religioso, algo que en el Islam no se ha producido. Allí no ha llegado todavía la Ilustración, y la religión no se ha separado de la política ni de la ley civil. Los disparos contra una niña como Malala, toda esta violencia desatada que vemos día a día, expresan en realidad una enorme fragilidad y miedo ante la cultura y la sociedad abierta que se cuela por todas partes, y pone en peligro un edificio que cada vez exige mayores sacrificios. (Publicado DN 22-XII)
martes, diciembre 16, 2014
Iguales
El fiscal Horrach ha presentado su acusación en el llamado caso Noos, en el que acusa a Urdangarín y otros más -no así a la infanta Cristina que, como la ministra Mato, no sabía de donde venía tanto dispendio en casa- en un escrito de nada menos 572 folios, lo que supera a los 167 que necesitó el auto de procesamiento del juez Castro, los 227 con los que justificó la imputación a la infanta, o los 160 que necesitó la Audiencia de Palma para confirmarlo. Esto no es normal. Si los procedimientos del resto de los mortales necesitasen tanta tinta, los juzgados quedarían (más) paralizados. Puede que todos seamos iguales ante la ley, pero como se decía en “Rebelión en la granja”, unos son más iguales que otros, porque hay muy poca gente que exija tan amplias precauciones y tanto celo para decidir su caso. He comprobado que mi Quijote, incluidas las viejas estampas de Doré, tiene 627 páginas y que la Biblia llega casi a las 2.000, pero esto es poca cosa frente a los tomos que ocupa este caso de campanillas, en el que una vez se ha entrado, debe ser difícil hallar la salida. Es inútil pensar que algún ser humano retenga tanta letra. Verlo en la estantería debe dar grima. Es claro que Horrach y Castro pecan por exceso, escriben demasiado, lo que es algo que el lector nunca perdona, máxime en un mundo donde prima breve y todo se mueve con un tuit. Nadie se lee una cosa tan larga. Por lo demás, el escrito de acusación pide una condena de 19 años a Urdangarín, algo que, como ha dicho su abogado, parece más propio de un delito de sangre. Esto ha coincidido, perdónenme la obviedad, con la semana en que Santi Potros, aquel de los atentados de Hipercor y República Dominicana -con 21 y 12 muertos respectivamente- salía a la calle tras pasar 24 de los 3.100 años de prisión a los que fue condenado, al abonársele los 6 años de cárcel que pasó en Francia, y en aplicación de una decisión marco europea sobre acumulación de condenas. Al parecer, esa decisión llevaba cinco años durmiendo el sueño de los justos, durante dos gobiernos, a la espera de que alguien hiciera algo o terminara de leérsela entera.
(Publicado DN 15-XII)
(Publicado DN 15-XII)
lunes, diciembre 08, 2014
Medalla
Los hombres acostumbran a ser de carne y hueso, producto de su época y sus circunstancias y a partir de ahí han de hacer o no hacer algo, vivir una vida intensa, enredada en proyectos, seguramente contradictoria y fallida muchas veces, o vivir una vida gris y acomodaticia sin arriesgarse; las de Huarte y Urmeneta, a quienes se ha dado una medalla, son más bien del primer tipo, volcadas siempre en algún empeño, imparables, con el rasgo de los hombres de acción, barojianos; Urmeneta, por ejemplo, pasó por la guerra y luego por la división azul, una expedición en la que hubo de todo: rojos que querían disimular, buscavidas, idealistas, el propio cineasta Berlanga, recuerdo, o Ridruejo, un falangista de primera hora que luego cambió, renunció a todo y combatió el régimen. Puede que Urmeneta tuviera ya el corazón nacionalista, y que la coyuntura le llevara por otro lado, pero el tiempo demostró que la cabeza la tenía muy pragmática, y que puso por encima de todo ese talante íntegro y responsable que siempre tuvo, y en eso se `parece a otro navarro eminente, Manuel Irujo, un nacionalista vasco que terminó siendo ministro de justicia, pero de la república española, y logró poner orden y terminar con los paseos y matanzas indiscriminadas en el Madrid republicano. Salirse del molde, escapar a lo previsible, cambiar, ese es el valor que nos exige a veces la vida, en la que nada está escrito. También en aquellos años 60 había que tener la mente clara, pues si Huarte y Urmeneta, ente otros, no se hubieran empeñado en impulsar el plan de industrialización, es decir, el progreso, Navarra hubiera seguido siendo una especie de reducto, una caja de esencias tradicionales, encerrada en sí misma, tal como querían algunos, amoscados ante el temor de que algo pudiera cambiarla. Recordar la figura de estos dos hombres, que hicieron lo que pudieron e incluso un poco más, en unos tiempos oscuros, puede que sea oportuno en esta hora, necesitada, tal como ha explicado el filósofo Gomá, de una nueva ejemplaridad pública, de algún modelo que, aunque no sea perfecto, nos saque de tanta queja y tanto desánimo.
(Publicado DN 8-XII)
(Publicado DN 8-XII)
martes, diciembre 02, 2014
Bach
“Escrito por la señora Bach” es un documental que se ha estrenado hace poco en Inglaterra, que sostiene que varias obras de Bach en su última etapa, en concreto parte de las “Variaciones Goldberg” y de “El clave bien temperado” -una obra apropiada para escuchar estas tardes de otoño, mientras el viento barre las hojas- se deben a su segunda mujer, Anna Magdalena Bach. Hasta ahora se tenía a Anna como la copista a quien su célebre marido dictó las obras de su último periodo, pero un tal profesor Martin Jarvis, investigador de una universidad australiana, sostiene que un análisis de la letra denota que su escritura carece de la calma y peso de un mero dictado y que ella sería la autora. La verdad que no parece una prueba muy concluyente, pero no es muy raro que alguien se empeñe durante años en refutar la autoría de un genio, seguramente porque con eso logra, como en este caso, cierta repercusión en todas partes, y acaso porque debe producir un placer especial poder vengarse de alguien muy brillante, así que hay quien dedica su vida a demostrar que Homero no era Homero, sino una grupo de bardos errantes, que Shakespeare era incapaz de escribir su obra etc. y ahora Jarvis niega a Bach y reivindica a Anna Magdalena, una soprano que fue su segunda mujer, y que además de copiar en un famoso cuaderno las composiciones de su marido, alumbró y cuidó 12 hijos, atendió la casa y, según Jarvis, aún tuvo tiempo para componer las obras cercanas a la perfección que hoy, siglos después, oímos con estupor. Todo esto supone una cierta herida narcisista para el hombre, como si la sumisa Anna, al despojar a su famoso marido de parte de sus obras, lograra una victoria un poco tardía para todas aquellas mujeres que han quedado en segundo plano, seguramente muchas injustamente olvidadas o usurpadas por sus maridos o amantes que se aprovecharon de su talento; aquellas hermanas Brönte que firmaban sus libros como hombres en la Inglaterra victoriana, o la delicada Fanny Mendelsohn, eclipsada por su hermano Félix; mujeres a la sombra durante mucho tiempo, observando al hombre en primer plano con una sonrisa enigmática.
(Publicado DN 1-XII-2014)
(Publicado DN 1-XII-2014)
martes, noviembre 25, 2014
Larun
Subida a Larun desde Sara. El día es caluroso para noviembre, con bruma y bochorno que desdibuja el paisaje. Los helechos están secos del cálido verano, y un otoño que no ha traído lluvia apenas. Por el camino alguien ha recogido ya las castañas caídas. Un padre con dos hijos pequeños y con boina está parado a media ladera, respirando. Mas arriba avanza una fila de gente con banderas desplegadas: varias ikurriñas, una de Navarra. Sobre el fondo verde, junto a la arista de roca, la comitiva asciende en fila con las banderas al viento. Siento un escalofrío. Boinas y enseñas en el monte. Echarse al monte. Desde arriba se ve siempre un mundo falso, miniaturizado, con sus prados y caseríos bien ordenados, sin gente real, sin conflicto. Un país de mentira. A ras de tierra todo es más feo. Lo sagrado es a lo que uno entrega su vida, lo que le da sentido. Durante un rato el grupo va por delante, luego los pierdo de vista, pero cuando salgo de nuevo al camino más arriba, los veo por debajo, en un pequeño prado, reunidos. Con las piedras que han recogido han escrito en el suelo una consigna: euskal presoak etxera. Desde arriba les saco una foto con el móvil. Pienso en alguien que no supiera nada de esto, un coreano que llegase aquí –si fuera capaz de no perderse por la indicaciones de tráfico- alguien de Saskatchewan, que pensaría al contarle que estos bravos muchachos claman en el monte por que salgan a la calle presos que han matado por una abstracción a gente real. Arriba hay bruma y se ve a lo lejos San Juan de Luz, Hendaya y los feos bloques que se construyeron en la playa de Fuenterrabía. Junto a la cima hay un monolito con un águila imperial que cuenta que a la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III -una época de cartón piedra que nadie recuerda- le gustaba venir hasta estas alturas y ver el paisaje, los prados, los rebaños de ovejas, al fondo el mar.
lunes, noviembre 24, 2014
Tercera vía
Los intentos para lograr un acuerdo entre UPyD y Ciudadanos, con el fin de ir juntos a las elecciones y presentar una oferta común y más atractiva, una “tercera vía” frente a los dos grandes partidos y el ascenso –más bien terremoto- de Podemos, parece que no han prosperado, más bien han terminado con un sonoro portazo donde ambas partes se acusan de no querer en realidad el acuerdo y de actuar para la galería. Más que un intento real de acercamiento, parece una cuidada escenificación para que ambos puedan decir que la culpa es del otro. Tanto UPyD como Ciudadanos nacieron como respuesta frente a la vieja política: la de los dos partidos dominantes convertidos en maquinas de poder y desgastados por las experiencias de gobierno y la corrupción. Frente a esa vieja política, que es una distinción que Ortega ya hizo hace ahora 100 años, en su famoso discurso del teatro de la Comedia, llegaba el momento de esta nueva política de la mano de dos formaciones nuevas, limpias de polvo y paja, forjadas en la resistencia política en el País Vaco y Cataluña, una alternativa de regeneración, modernidad y autoestima nacional. Sin embargo esta propuesta no ha cuajado, sino que ese espacio ha sido ocupado por Podemos, ese “todo a cien” de la política, como lo ha bautizado alguien, que les ha adelantado por la izquierda como una exhalación. El partido de Iglesias resulta mucho más atractivo en estos momentos como arma arrojadiza frente a la vieja política, que las sutilezas y la marcha lenta de esta tercera vía, que no es vista como alternativa suficientemente justiciera. Hemos venido para cambiar la política, le oí hace tiempo a Irene Lozano, dirigente de UPyD, intelectual eminente, pero ha pasado el tiempo y parece que al final es la política la que termina cambiando al que llega a ella, aunque sea cargado de buenas intenciones. La despedida de Sosa Wagner, harto de las maneras mostradas por la dirección de UPyD ante sus discrepancias, fue un aviso. Que ahora dos partidos tan parecidos en sus programas y objetivos, sean incapaces de sumar, cuando resultaría tan necesario, suena mucho a política de la vieja.
(Publicado DN 24-XI)
(Publicado DN 24-XI)
lunes, noviembre 17, 2014
Asombro
Matías Múgica ha compilado en un libro que publica el Gobierno de Navarra, bajo el título “Con letra aguda y fina”, textos de Julio Cario Baroja sobre Navarra, entresacados de lo mucho que escribió; un libro que quiere ser, desde luego, un homenaje al sobrino de don Pío en el centenario de su nacimiento, un recuerdo de aquel hombre con pajarita y voz de pájaro que fue un sabio anticuado, solterón, testigo de un mundo que desaparecía, tan aplaudido al final de su vida como incómodo para todo el mundo, pues era una autoridad en todo y también en lo que se refiere a lo vasco, pero sin gozar de las simpatías del nacionalismo, siempre más dispuesto a la leyenda que a la complejidad de los hechos, y sin resultar tampoco amable a ninguna de las corrientes políticas del país, pues era en realidad un liberal acérrimo, es decir, un hombre que no está dispuesto vender su libertad por nada, al contrario de lo que vemos ahora todos los días, una rareza en una tierra donde ha habido de todo, salvo quizás un liberalismo relevante. En la presentación del libro se ha destacado el asombro de Julio Caro hacia Navarra, una palabra, asombro, que hay que explicar, pues su asombro no es por alguna gesta extraordinaria o una singularidad especial, sino tan solo ante el hecho de que Navarra exista y haya existido tanto tiempo, hasta el punto que para él, según dejó escrito, resulta un enigma histórico la pervivencia de una comunidad -un pequeño estado en tiempos- que no tenía unidad de lengua, ni de raza, ni de cultura, ni siquiera unidad de paisaje, sino a lo mas una cierta unidad histórica, algunas instituciones y leyes que han logrado perdurar. Nada más, dice Caro, y nada menos. Por eso, según subrayó Múgica en la presentación, Navarra es una nación contra natura, que es una expresión fuerte pero muy gráfica, que indica que no estamos condenados a la naturaleza, a lo que nos es dado, que no estamos determinados a un destino ya escrito, sino que el logro consiste en ser capaces de vivir en común siendo diferentes. Poder ser ciudadanos de uno en uno, y cada uno a su manera, eso es lo asombroso.
(Publicado DN 17/11)
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